Libros

Xavi Ayén invita a los lectores a una vuelta al mundo en 80 autores

Barcelona, 4 ene (EFE).- El periodista barcelonés Xavi Ayén, biógrafo del boom latinoamericano, invita en su último libro a los lectores a una vuelta al mundo en 80 autores, una suerte de "canon personal", ha confesado, a partir de las entrevistas que ha realizado en las últimas décadas.

Vargas Llosa, García Márquez, Cercas, Matute, Marías, Auster, Eco, Mahfuz, Knausgärd, Saramago, Szymborska, Grass, Fuentes, Kertész, Pamuk, Houellebecq, Jonasson, Rushdie, Handke, Oé, Philip Roth, Nooteboom, Marsé, Nothomb, Jonathan Littell o Zadie Smith son algunos de los nombres de esa nómina de escritores que conviven en el libro con otros personajes ajenos al mundo de las letras.

Daniel Barenboim, el científico John Nash, el psicólogo Daniel Goleman y el ajedrecista Garry Kasparov son algunos de esos "puentes" que Ayén tiende a otras disciplinas, pero, como el propio autor asegura, "el resultado es un canon personal, que resulta del trabajo periodístico, y no son los ochenta autores mejores".

En una entrevista con Efe, el periodista confiesa que primó un criterio selectivo de "diversidad geográfica y lingüística, que da cabida a un escritor indonesio, un australiano, varios de países latinoamericanos, y por la misma razón de Nueva York sólo aparece Philip Roth y quedaron fuera Don DeLillo o Jonathan Franzen".

"La vuelta al mundo en 80 autores" (Librosdevanguardia), con el límite marcado por el célebre título de Jules Verne, obligó al periodista a ser muy selectivo: "Ha sido doloroso -asegura- y fuera de la lista no sólo han quedado DeLillo y Franzen, sino que en España se ha caído Martínez de Pisón, que podría estar con tanta razón como los otros".

Junto a autores de las lenguas mayoritarias como el inglés, el castellano, el árabe, el turco, y también el catalán, aparecen autores de lenguas minoritarias como el noruego (Karl Ove Knausgärd), el islandés (Arnaldur Indridason), el indonesio (Amanta Toer), el finlandés (Arto Paasilinna) o el asturiano (Xoan Bello).

De su experiencia con los autores, Ayén concluye que "los anglosajones son los más profesionalizados, tienen asumida la promoción, las entrevistas, y el trato con la prensa es para ellos el último paso de su novela; y esto cada vez se produce más aquí, pero no hemos llegado a ese nivel, porque el mercado en inglés es mucho más amplio".

Y añade: "Los escritores franceses tienen tendencia a opinar de temas extraliterarios, porque conciben al literato como alguien comprometido con la sociedad, con los grandes temas del mundo, mientras que los ingleses son más escépticos con ese papel del escritor, aunque haya excepciones".

A pesar de que los escritores son "muy diversos", tienen como común denominador, observa Ayén, "la dedicación y la cantidad de horas que dedican al proceso creativo" y, de hecho, añade, "es totalmente verdad en algunos casos el mito de que un autor se tire toda una semana con un párrafo".

Es el caso de Naipaul, con quien compartió varios días en su casa de la campiña británica: "Estuve con su mujer, una periodista paquistaní, que estaba harta de que se levantara a las 3 de la mañana sólo porque se le había ocurrido una palabra, una expresión. Se levantaba, se ponía la bata, escribía y volvía a la cama".

De la relación de entrevistados, la más "excéntrica" fue Catherine Millet, que "mostró sus pechos al fotógrafo en un aula del Instituto Francés", aunque poco después corrige y otorga el dudoso honor de excéntrico a Fernando Arrabal, con quien "la entrevista duró 30 segundos, después de una pregunta que consideró inoportuna y de lanzar 'Usted esta pregunta no se la habría hecho a Cervantes'".

Una de las mejores entrevistas que Ayén recuerda es la de Michel Houellebecq, con quien conversó en el parador de León, seguramente por lo que el entrevistador sufrió después de "silencios pensativos de cinco minutos para acabar diciendo 'tal vez tenga usted razón'".

Preguntado por el autor al que le gustaría entrevistar, el biógrafo del boom latinoamericano responde con rapidez: Bob Dylan, el reciente premio Nobel de Literatura, "aunque entrevistar a un escritor muerto sería más fácil", reconoce.

De todos los autores del libro, la única entrevista con escritor muerto fue la que hizo sobre Stieg Larsson, que reconstruyó a partir de "entrevistas a todo su entorno y a la gente que lo trató".

Tormentas de nieve en Islandia, un recorrido esquivando ciervos por Suecia con el padre de Larsson al volante, vivir la resaca de Frédéric Beigbeder tumbado en un banco de Gaudí del paseo de Gracia o compartir con Matute un desayuno de whisky en un bar de barrio regentado por chinos son algunas de las anécdotas vividas por Ayén en tanto que entrevistador.

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