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Claudia Casanova: el Medievo no fue una época oscura, fue cuando nació la poesía

Jose Oliva

Barcelona, 15 may (EFE).- Como ya hiciera en sus anteriores novelas, la escritora y editora Claudia Casanova reivindica en "La perla negra" personajes femeninos fuertes en la Edad Media, una época, ha dicho, que "no fue una época oscura y reprimida por la superstición, sino que también surgió la poesía".

"La perla negra" (Ediciones B) es la historia de Isabeau de Fuòc, trovadora y ladrona, y de su venganza contra la familia de los Montlaurèl, responsables de la muerte de su madre, ambientada en la Narbona del siglo XII, "una suerte de Montecristo medieval", admite en una entrevista la autora.

Casanova confiesa su interés por la poesía del siglo XII, cuando surge "un mundo de trovadores que van de corte en corte, y de manera especial las trobairitz, unas mujeres poetisas que en el sur de Francia componían y cantaban sus propias creaciones, una luminosa excepción, es cierto, para un tiempo que si bien no era tan oscuro como algunas versiones nos han hecho creer, sí dificultaba el acceso de las mujeres al poder, a la educación y, en definitiva, a la libertad".

El siglo XII, asegura Casanova, le apasiona desde que leyó "El Renacimiento del siglo XII", de Charles Homer Haskings, y su conclusión: "Sin ese siglo, no habríamos tenido Renacimiento. Aristóteles se habría perdido sin los traductores de Toledo".

Sin embargo, "el siglo XII es el desafortunado de la historia, no tuvo suerte ese siglo, que quedó como una época oscura y reprimida por la superstición, pero en esos cien años surgió la poesía con Chrétien de Troyes, los caballeros de la mesa redonda, el ideal de la mujer cortés en el que los trovadores componen canciones de amor a distancia".

Casanova empezó a escribir "La perla negra" hace unos años después de sufrir "una gran decepción" que le generó "un momento de ira blanca", que tras su racionalización dio lugar a "un proceso de escritura en relación a una venganza, y fue así como nació la protagonista, Isabeau, que cuando era niña vio a su madre quemada por bruja".

Alejandro Dumas, Stevenson, Kipling, Walter Scott son las primeras lecturas de Casanova, las aventuras clásicas que crearon "un poso filtrado" en la autora que pretende reivindicar una época en la que se valoraba la honestidad, la amistad sincera, el respeto, la lealtad hacia los que se portan bien con nosotros, el respeto al adversario y el amor, y más teniendo en cuenta los tiempos que vivimos, en los que estamos de vuelta de todo".

Casanova escribe personajes femeninos, seguramente porque se siente más cómoda, y por una razón añadida: "la Edad Media tiene la fama de que las mujeres no sobresalían, no había mujeres destacadas y, sin embargo, nos encontramos con personajes como Leonor de Aquitania que se casa con un rey, Luis VII de Francia y se divorcia para casarse con Enrique Plantegenet, que es su adversario".

Hay otras mujeres poderosas, continúa, Ermengarda de Narbona, que fue "una de las dueñas de una de las ciudades más ricas en el sur de Francia", y había también mujeres de negocios, "pero las crónicas están escritas por hombres y clérigos".

Para la documentación de la obra, la autora, que es también editora de Principal de los Libros, ha tardado un año y medio, y la escritura se resolvió en seis meses.

En relación a sus novelas anteriores, "La dama y el león" y "La tierra de Dios", Casanova se encuentra "más segura y cómoda" y no ha tenido dificultad para encontrar el tono y dibujar los personajes y la trama que sufrió en su ópera prima.

Admite Casanova que le gustaría escribir otros géneros pero la novela histórica es un espacio en el que se lo pasa muy bien" y, de hecho, ya trabaja en la que será su cuarta novela histórica, cuya acción comienza en Constantinopla, adonde llegan algunos supervivientes de la cofradía de los ladrones.

Le apetece probar otras cosas, "otras historias más de línea contemporánea, pero siempre con una historia detrás", porque en el fondo no le gusta hablar de sí misma.

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