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Aleu novela el cambio de presos de la II Guerra Mundial en Barcelona en 1943

Barcelona, 11 nov (EFE).- Tras ejercer como médico en EEUU, donde fue forense del actor Montgomery Clift, y una larga carrera como perfumista, Fernando Aleu ha debutado en la novela a sus 88 años con "El intercambio", que evoca el intercambio de prisioneros en Barcelona de aliados y nazis en 1943.

"Siempre me ha gustado juguetear con la pluma, con el papel y ahora con los ordenadores, y además he sido un apasionado de la lectura", ha dicho en una entrevista con Efe Aleu, que además de años con el tiempo ha acumulado "memorias y vivencias".

Después de hacer sus pinitos como columnista ocasional en prensa, decidió escribir una novela a partir de un episodio que vivió cuando sólo tenía 14 años en su Barcelona natal, espoleado además por una de sus nietas, que lo animó a escribir una historia que siempre había quedado marcada en su mente.

"El 26 de octubre de 1943 iba andando con unos amigos hasta el Club Natación Barcelona, para entrenarnos, pero la Guardia Civil nos impidió el paso, parecía que algo pasaba en el puerto. Algo importante va a ocurrir aquí mañana, dijo el agente; y al día siguiente subimos a Montjuïc para ver qué ocurría y vimos entonces el intercambio de prisioneros".

Otra vivencia acabó de inspirar la trama de la novela, la visita al hotel Ritz en los años 40 de la mano de su director, Ramón Tarragó, que era un familiar lejano de la madre de Aleu, en un momento en el que los alemanes que acudieron a Barcelona para el intercambio ocupaban casi todo el hotel.

No puede evitar Aleu cierta extrañeza por que la literatura apenas se haya ocupado de aquel acontecimiento tan importante, al que "los periódicos barceloneses llegaron a dedicar hasta cuatro páginas".

Cree Aleu que su novela es "una modesta contribución literaria al papel de España en la Segunda Guerra Mundial, de la que "ha estado ausente en la literatura, pero también en el cine y la televisión".

Barcelona, recuerda el autor, era una de las dos puertas de huida de los judíos desde Centroeuropa, sobre todo para los que querían ir a Buenos Aires, Brasil o Centroamérica, mientras Lisboa era la escala para ir a Estados Unidos.

"Fue un puerto de escape de personas y también de obras de arte robadas a los judíos en Praga, Amsterdam y Viena; y en Barcelona la Gestapo contaba con 300 agentes, entre ellos el responsable de todo lo que entraba y salía de todos los puertos de España".

Aunque el novelista norteamericano de origen judío Leon Uris fue un referente literario en cuanto al tratamiento de los judíos en la Alemania de los años 40, lo que más estimuló a Aleu en la escritura de "El intercambio" (Roca Editorial) fueron sus viajes por Centroeuropa, las memorias del publicista Lluís Bassat o las películas de Spielberg.

Con la disciplina del médico y la creatividad del perfumista, cada día hablaba con gente que conocía el período y luego escribía en el ordenador en su casa de Colorado.

Envió un primer manuscrito de la novela a Planeta, que lo rechazó, aunque, añade el autor, le sugirieron muchos cambios y consejos que aprovechó para mejorar la historia. "Que te suspendan de algo acaba estimulándote", señala.

Aleu, que salió de la "España gris" en 1953 para acabar sus estudios de medicina, abandonó la profesión para dedicarse a los perfumes, en alianza con la familia Puig.

"Como en una novela, una cosa lleva a otra, y me quedé allí después de casarme, tener hijos, divorciarme, volverme a casar con otra mujer que también era de allí", comenta Aleu, agradecido de cómo le ha tratado EEUU, "incluso ahora que el sueño americano empieza a erosionarse, y a pesar del presidente (Donald Trump) que estamos sufriendo, un país con unas estructuras robustas que resisten a ineptos".

Confiesa que le encantaría escribir una segunda novela, pero "si veo que las neuronas se cansan o no se meten en sinapsis con agilidad, entonces voy al cine o veo la tele, porque para escribir tienes que tener los circuitos ágiles y acceso a un vocabulario apropiado".

Historias inspiradoras no le faltarán, como cuando siendo presidente de la Fragance Foundation de Nueva York tenía que entregar un premio a Elizabeth Taylor y al acercarse a ella tropezó y dio con su cabeza entre sus pechos.

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