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Villatoro: "En 'Massa Foc' hablo del siglo XV para hablar de siempre"

Barcelona, 14 ene (EFE).- Con un ojo siempre puesto en el presente por su condición de periodista, Vicenç Villatoro es, sin embargo, alguien de mirada amplia que como escritor ha viajado al pasado en varias ocasiones para intentar "iluminar" el presente. En su nuevo libro, "Massa foc", confronta a Savonarola con Maquiavelo.

En una entrevista con Efe, explica que en este ensayo, con el que ganó el Carles Rahola, confronta el pensamiento de Savonarola con el de Maquiavelo, dos personajes de la Florencia de los Médici, en el siglo XV, en una conversación imaginaria que nunca se produjo, para que el lector descubra el "integrismo sagrado" del religioso frente a los valores "cívicos y patrióticos" de la vieja República clásica que defiende el teórico político.

Villatoro remarca que desde el principio del texto, que, en un primer momento pensó como una obra teatral, "el lector intuye que hablamos del siglo XV para hablar de siempre, y este siempre incluye el ahora, pero no es un libro en clave y donde pone Savonarola hay que leer Savonarola y donde pone Maquiavelo hay que quedarse con que es Maquiavelo quien habla".

Sin embargo, no obvia que "sus actitudes, las maneras que tienen de ver el mundo, lo que reflejan no es solo del siglo XV, sino que sirve para hablar de cuestiones de ahora y sus diálogos, retocados, podrían ser diálogos a partir de los titulares de hoy".

Defiende el ensayista que lo que ha querido es "hablar de los hilos transversales de la historia, de debates que me parece que son permanentes".

En este punto, detalla que a lo largo de la obra aparecen cuestiones como el dinero, la religión y, especialmente, la "imprevisibilidad de la historia".

"Cuando miramos el mundo de ahora -arguye- no solo España o Cataluña, decimos que los años treinta del siglo pasado no se pueden volver a repetir, porque ahora vivimos mejor que entonces, pero en los años treinta tampoco pensaban que llegarían a los cuarenta como lo hicieron".

Para Villatoro, "este hecho significa que nunca puedes fiarte de nada, nada es seguro, ni que la historia mejora, ni que la historia empeora. Ahora bien, si crees en algo, lo mejor es estar alerta porque no es obvio que eso en lo que crees sea para siempre".

Rememora que como periodista cubrió la caída del régimen comunista de Checoslovaquia y "entonces nadie pensaba todavía que veríamos la reunificación de Alemania o la caída de otros regímenes del Este de Europa y, mira...en cuatro días pasó".

Savonarola y Maquiavelo, prosigue, "me hablaban de eso, de la imprevisibilidad de la historia, de que no podemos estar nunca confiados ni seguros de nada. Si queremos una cosa debemos trabajarla, porque el viento de la historia no sabemos hacia dónde sopla, porque nunca lo hace en la misma dirección".

Vicenç Villatora precisa que el siglo XV fue un momento "muy interesante, espectacular, en la que el mundo se hizo más grande de lo que era, apareció la imprenta y Savonarola no puede entenderse sin tener en cuenta eso".

El monje, sin la imprenta, "sería como san Vicente Ferrer, habría hecho unos sermones formidables, con mucha gente en las iglesias, pero su capacidad para llegar a otros muchos fue gracias a la imprenta, de la misma manera que Donald Trump no existiría hoy como lo hace sin las redes sociales".

A lo largo de la obra, el lector irá asistiendo a unos diálogos en los que Savonarola, verbigracia, apuntará que "las palabras sirven para encarnar la verdad" y Maquiavelo le responderá que también "pueden servir para ocultarla, para inventarla", resaltando que "quien tiene las palabras tiene el poder".

Vicenç Villatoro no esconde que en el proceso de escritura intentaba empatizar con los dos personajes, pero "el que quiere encender la hoguera de las vanidades -Savonarola- y para ello quema libros me cuesta mucho, y no lo conseguí".

A pesar de ello, "intenté entenderlo más como reacción que como acción al gobierno de los Médici, que aunque mecenas de grandes pensadores o pintores también hicieron cosas terribles en términos de corrupción o de crueldad".

Maquiavelo, en su opinión, "tiene la ventaja de que como nunca mandó, y mandar siempre estropea las ideas, se acaba viendo solo como un funcionario de la República que no queda manchado, aunque medio lo manche el baño de realismo cínico que es 'El Príncipe".

Villatoro tiene la sensación, a pesar de ello, de que "Maquiavelo tampoco está ofreciendo un modelo de cómo tiene que ser el mundo, sino que dice: el mundo va así y si quiere ser príncipe debe hacer las cosas de una determinada manera, consejos que son perfectamente útiles en la actualidad".

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