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Cuando lo ecológico no salva el mundo: la amenaza de los biocombustibles

S. T.
3/06/2008 - 11:24

En uno de sus artículos, uno de los economistas españoles más relevantes, catedrático de la universidad de Columbia, Xavier Sala i Martín, se hacía eco de una epidemia de enfermedades de transmisión sexual ocurrida en China que, al parecer, tuvo su origen en, nada más y nada menos, la comercialización de ¡gomas para el cabello fabricadas a partir de condones reciclados! Este caso, que parece más propio de un mal guión cinematográfico que de una historia real, es sólo una anécdota más que viene a engrosar la larguísima lista de situaciones disparatadas promovidas al calor de la conciencia verde.

Así, por ejemplo, en Irlanda, la legislación medioambiental, que es una de las más severas de Europa en materia de reciclaje, provocó un auténtico caos ciudadano. Cualquiera podía enfrentarse a multas de hasta 10 años de carcel por llenar en exceso el cubo de casa. Una severidad legal que dio pie a la proliferación de vertederos ilegales y, lo que es aún peor, provocó que los ciudadanos tratasen de ahorrarse un dinerillo, y algunos problemas, llenando de basura las calles, el campo y las playas.

En los últimos años, el movimiento ecologista se ha manifestado como un poderoso actor político capaz de influir decisivamente en los grandes retos que plantea el desarrollo globalizado. Y, claro está, las consecuencias de este poder no se pueden reducir sólo a un puñado de anécdotas puntuales (como las anteriormente expuestas).

Son muy numerosas las ocasiones en las que decisiones promovidas por el movimiento ecologista han desembocado en desastres economicos y, sobre todo, humanitarios.

Desastre humanitario

Un ejemplo: la proliferación de los biocombustibles, como el etanol o el diésel, a partir de la fermentación de cultivos como el maíz, la remolacha o el trigo. Algo que, no lo olvidemos, es la base de la alimentación para dos tercios de la población mundial, según explica Jorge Alcalde, autor de Las mentiras del cambio climático. Pero, fueron precisamente los teóricos más alarmistas sobre el cambio climático los que favorecieron una descontrolada carrera hacia la utilización de estos biocombustibles.

Recientemente, un experto de la ONU, Jean Ziegler, calificó el uso creciente de cultivos para producir biocombustibles como un crimen contra la humanidad. Ziegler señaló que utilizar alimentos -quemar maíz, soja y azúcar- para fabricar combustible, reúne todos los ingredientes para convertirse en un desastre, y llamó a vetar durante cinco años hasta que la tecnología permitiera otras alternativas.

Otros organismos como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) señalan el quid de la cuestión: el rápido crecimiento de la industria mundial de los biocombustibles mantiene los precios de las materias primas agrícolas a niveles altos, debido a que impulsan la demanda de granos, oleaginosas y azúcar.

Según la OCDE, a medio plazo se podrían elevar los precios de los alimentos en los mercados internacionales, a niveles mayores del promedio de los últimos 10 años, lo que significa una subida entre 20 por ciento y 50 por ciento en la próxima década.

Impacto de los biocombustibles

De este modo, los biocombustibles van a tener sin duda, según los expertos, un gran impacto sobre el sector agrícola en las próximas décadas. Una voz autorizada, la del economista holandés Hendrik Vaneeckhaute, denunció que el aumento espectacular de la demanda de biocombustibles provocado por las autoridades europeas y norteamericanas, está causando deforestación, incendios forestales, aumento del uso de pesticidas, fungicidas, herbicidas y abonos químicos, concentración de tierras y desplazamiento forzoso de poblaciones en el Tercer Mundo.

Tal puede ser la amenaza sobre estas latitudes que incluso desde la Comisión Europea ya se ha alertado de que Europa debe actuar para impedir que un crecimiento en la producción de biocombustibles fomente la destrucción de bosques tropicales, ya que esas naciones deberán dedicar el 18 por ciento de sus terrenos para obtener el 10 por ciento del combustible en 2020 sobre la base de materias vegetales.

Extinción de especies

Pero uno de los precedentes más devastadores de hasta qué punto estos argumentos pueden dar lugar a decisiones nefastas fue la prohibición en 1972 de los DDT, un compuesto químico usado para insecticidas que hasta entonces se había revelado como imprescindible en la erradicación de la malaria en todo el mundo desarrollado y que en ese momento empezaba a serlo para el Tercer Mundo.

Organizaciones ecologistas y sobre todo un libro, convertido en best seller, La primavera silenciosa, atribuía a esta sustancia la progresiva desaparición de numerosas especies de aves, lo que desencadenó la decisión de la Agencia de Protección Medioambiental de EEUU de prohibirla.

Los defensores del DDT, entre los que se incluyen científicos y también ecologistas ofrecen, pasadas cuatro décadas, otro tipo de argumentos. Por ejemplo, en el año 1948, antes del uso de este compuesto, en Sri Lanka se registraban anualmente 2,8 millones de casos de malaria. En 1963 hubo 17. Pero es que sólo cinco años más tarde, cuando empezaba a prohibirse este compuesto, la cifra se había elevado ya a 2,5 millones y podrían llegar a ser 50 millones de muertes las que se habría cobrado esta sustancia.

Y es que, como señala Alcalde, "el alarmismo generado por muchas organizaciones ecológicas desencadena decisiones políticas erróneas", o en otras palabras, el remedio puede ser peor que la enfer- medad.

Uno de los líderes del movimiento ecologista y profesor de Stanford, Stephen Schneider, en una entrevista para la revista Discover declaró: "Nosotros no sólo somos científicos, también somos seres humanos. Como tales, queremos un planeta mejor y para conseguirlo debemos lograr el respaldo de la mayoría. Naturalmente, eso requiere una gran cobertura mediática y, para ello, debemos ofrecer escenarios escalofriantes, debemos hacer declaraciones dra- máticas y no debemos mencionar las dudas que podamos tener sobre la validez de nuestras teorías".

Los más críticos con la nueva "religión verde" recuerdan que, a menudo, las buenas intenciones aducidas por los ecologistas no deberían eximirles de sus responsabilidades. Las consecuencias de adoptar decisiones sin una base científica y escaso análisis pueden ir, como hemos visto, de lo cómico a lo dra- mático.


Comentarios 1

#1
04-06-2008 / 17:29
Santiago Viso
Puntuación 2

La Amenaza de los Lobbys Petrolero y Nuclear

Los paises en vias de desarrollo se han hundido en la miseria por la caida de los precios agricolas. La remolacha azucarera europea, por ejemplo, aruino a millones de agricultores en sudamerica en los 70 -cultivadores de caña de azucar-. La mayor demanda, al princio obviamente genera un aumento de los precios (a los biocombustibles se debe el 7% de la subida actual de precios), pero rápidamente se expandirá la oferta, generando cuantiosas rentas agricolas en los paises mas necesitados, en los que ahora SI es rentable el cultivar.

A finales del 2007, se producia 1MB EP (Un millon de barriles equivalente a petroleo) de biocombustibles. Gracias a eso se palia en parte el aumento de la demanda, se diversifica la produccion y se producen miles de rentas agricolas distribuidas, no como ahora con el petroleo que la renta energetica va a parar a cuatro manos.

Los analisis en los que se habla de ineficiencia, no merecen ni este comentario. Es ineficiente, claro, por eso se produce y cada vez mas. La energia de los boicombustibles es solar. Una hectarea de maiz supone una inversion miles de veces menor que una hectarea de paneles solares, pero claro, la puede poner cualquiera, no solo los paises desarrollados o las grandes compañias, ¿es por eso que 'no molan' los biocombustibles?

Se ve demasiado claro el plumero. Los que atacan los biocombustibles -reparto masivo de la renta energetica- son los mismos que defienden el petroleo o la energia nuclear. Ambas no renovables y que no significan en absoluto la no dependencia energetica (en España no hay minas de Uranio, les recuerdo).

Petroleo para ¿25 - 40? años, Uranio (al ritmo actual) para 80.

Curioso también que tanto la Energia nuclear como la petrolera hacen que la renta energetica vaya a parar a muy pocas manos, justo al reves que los biocombustibles. Entiendo que el origen de esta corriente 'anti bio combustibles' no tiene nada que ver con los enormes presupuestos de los lobbys nuclear ni petrolifero.

Lo de la extinción de las especies etc, no tiene pase. Ahora son ecologistas! Obviamente, en todo proceso de cámbio hay abusos y se dan situaciones indeseables que hay que evitar o corregir.

Por supuesto que los Biocombustibles no son la panacea, son un camino mas en la diversificación del suministro energetico y permiten más tiempo para mejores cambios.

Pocas veces un dicho es tan apropiado: NO SE PUEDE PONER PUERTAS AL CAMPO.

Un saludo