Medio ambiente

Un estudio europeo demuestra la alta toxicidad en juguetes de plástico reciclado vendidos en España

  • Seis muestras de juguetes y artículos para niños fueron recogidas en España
  • Un vacío legal permite la presencia de tóxicos en el plástico reciclado
  • Estas sustancias provocan problemas en el desarrollo de los niños
Imagen: Dreamstime.

Los juguetes y otros artículos de consumo realizados con plástico reciclado esconden una alta proporción de tóxicos capaces de interferir hormonalmente y, por tanto, condicionar el desarrollo de los menores. Así lo ha demostrado un estudio a nivel europeo en el que ha participado Ecologistas en Acción, que ha publicado los resultados obtenidos señalando las muestras específicamente españolas.

La organización apunta que la presencia de estas partículas perjudiciales para la salud se permiten en un alto porcentaje en el plástico reciclado, mientras sufren límites sanitarios estrictos en los plásticos de fabricación nueva. Ecologistas en Acción reprocha así al Gobierno este vacío legal, que tachan de "incongruente", e instan a una regulación que tenga en cuenta estos datos científicos. En el análisis de las muestras recogidas en nuestro país, procedentes de tres juguetes y tres accesorios para el pelo, la investigación concluye que las seis contenían polibromo difenil éteres (PBDE) en concentraciones que variaban de 171 a 948 partes por millón (ppm). Cinco contenían hexabromo ciclododecano (HBCD). En el caso de la primera sustancia, la legislación europea sólo permite su presencia en 10 partes por millón en los plásticos nuevos, frente a las 1.000 partes por millón que toleran en su versión reciclada. Las muestras de España respetarían estos límites, pero los números no engañan: multiplican por 100 la cantidad de tóxicos permitidos en los materiales de nueva fabricación. 

Los tóxicos se describen como dos tipos de sustancias ignífugas o retardantes de llama: por un lado los de polibromo difenil éteres (PBDE), utilizados hace años en cubiertas y aislamiento de cables de electrónica y el (HBCD), común en espumas de poliestireno y plásticos para electrónica y automóviles. Estas sustancias figuran entre las 28 más peligrosos del planeta de la lista del Convenio de Estocolmo por su persistencia en el ambiente y además son disruptores endocrinos que afectan a la tiroides y al desarrollo neurológico infantil y con déficits de atención infantil.

El estudio 'Agujero tóxico: reciclaje de desechos peligrosos en nuevos productos' ha analizado 109 juguetes, accesorios para el pelo como diademas y utensilios de cocina comprados en varios países europeos y los resultados exponen que el 98 por ciento de las muestras contenían polibromo diffenil éteres (PBDE) y el 80 por ciento contenían hexabromo ciclododecano.

La investigación expone que los retardantes de llama presentes en la basura electrónica vuelven a los productos de consumo fabricados con plástico reciclado, incluidos los retardantes de llama prohibidos por la Convención de Estocolmo por su elevada persistencia y toxicidad.

La investigadora de la organización Arnika, Jitka Strakova, que ha liderado el estudio a nivel internacional, asegura que la única forma de proteger la salud de las personas frente a los tóxicos de la basura electrónica en "cerrar este vacío legal y sacar las sustancias del ciclo de reciclaje de plástico".

Para la investigación fueron recogidas 430 muestras entre abril y julio de 2018 en Austria, Bélgica, República Checa, Dinamarca, Francia, Alemania, Países Bajos, Polonia, Portugal, España y Suecia, Albania, Armenia, Bielorrusia, Bosnia y Herzegovina, Macedonia, Montenegro, Rusia y Serbia.

El informe danés que apuntó a la liberación de tóxicos

Esta investigación apoya los resultados obtenidos por el estudio publicado en Dinamarca 'Sustancias químicas problemáticas en el plástico. Encuesta de sustancias químicas en los productos' y realizado por la Agencia de Protección Medioambiental, dependiente del Gobierno. El informe oficial advertía sobre algunas sustancias de alta toxicidad que no desaparecen del plástico y, al no fundirse completamente con él, tienden a migrar contaminando el ambiente y afectando a las personas al ser inhaladas por aire -a través del polvo doméstico- o ingeridas, según los artículos en los que estén presentes.

Los retardantes de llama, compuesto en el que se detiene especialmente el estudio internacional, no llegan a unirse químicamente al plástico, y su potencial de ser liberado con el uso o al ser reciclado en otro producto es relevante, según apunta el informe danés.

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