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Retorno accidentado y el poder de llamarse Castro

Agustín Velasco
19/09/2009 - 11:43

Cibeles empieza su programa con un recital de jóvenes valores agrupados bajo el nombre de El Ego de Cibeles. Que la pasarela madrileña trate de refrescarse con nuevas ideas y perspectiva rompedoras es muy loable, lo que es triste es que los jóvenes diseñadores no posean nuevas ideas y visiones vanguardistas que poner en práctica.

Quizás sea por el sistema de enseñanza de moda en España o quizás sea producto de faltas de referencias inmediatas entre sus colegas 'adultos', pero lo cierto es que en las colecciones de Ego han primado la corrección, la buena ejecución técnica y la ponibilidad, olvidando el concepto y el riesgo, a excepción de la joven gallega Amai Rodriguez.

Cierto minimalismo nihilista recorre las colecciones de El Ego que no dejan de ser revisiones ingeniosas de conceptos ya vistos otras temporadas. Pero no se entienda como una crítica, porque todos estos jóvenes pueden estar perfectamente a la altura de los diseñadores del programa oficial de Cibeles con sólo tener más recursos productivos a su disposición, lo que les resta por aprender es perder el miedo a sus propias ideas y romper con el concepto de mesura que caracteriza a la moda española.

Quiénes marcaron la diferencia

Bohento se decidió una concepción visual asimétrica que caía en la simplicidad; Ricardo Andres jugó con las falsas superposiciones en una colección donde el blanco fue el protagonista protagonistas y los colores se desteñían para reforzar el efecto visual; Valdnad (Ana Pérez Valdés) presentó una sucesión de prendas bastante básicas a la que se le aplican detalles para darle el toque diferencia; Sara Coleman dejó muy buen sabor de con una colección donde hace una inteligente aplicación del fleco; y Alberto Tous demostró que su concepción de la moda es genuinamente Cibelina con una propuesta que navega en el clasicismo y que bien podría consagrarlo como un Larrainzar 2.0.

La influencia de los 'hermanos mayores', los diseñadores españoles de referencia para esta promoción, se hizo evidente en dos casos. El de Carlos Doblas era indiscutible porque él es un producto Davidelfin, salido de su taller y marca las distancias con su mentor en los tejidos retro que utiliza. Pero su concepto geométrico y minimalista nos lleva irremisiblemente a Delfín. Nora Urkia por su parte presentó 'Selva de Asfalto', una colección con estampados safari muy interesante, pero que tanto en colores como formas recordaba indeciblemente a la colección Porcelana de El Delgado Buil.

Lo mejor de Cibeles

Entre lo mejor de esta edición se encontró el minimalismo de tintes futuristas con despliegue de flecos y pliegues de Andreallosa y el hombre de Marta Montoto, inspirado en la lucha libre mexicana con referencias al mundo del cómic de superhéroes en su etapa más pop de finales de los 60 y principios de los 70. Mientras que Amai Rodriguez, con esta segunda colección, vuelve romper esquemas con una colección que parece un gran collage de tintes grotescos pero hipnótica. La colección de Amai posee un concepto diáfano, que es lo menos que se le puede pedir a un diseñador emergente, en el que mezcla inquietantes referencias a una infancia perversa donde conviven rasgos circenses con mensajes religiosos que nos remite a Latinoamérica en su estética.

Ya dentro del programa propiamente dicho de Cibeles la comercialidad se impuso. Primero la firma de baño y lencera TCN de Totón Comella realizó una personal interpretación del sur más folclórico de lunares y volanteo muy a la catalana y con tintes de pin-up ochentera. Y Adolfo Dominguez, uno de los regresos más esperado a la pasarela, fue ciertamente el momento más turbador de la jornada. Una colección larguísima, hasta la extenuación, donde el diseñador sacó toda la artillería de su muestrario no dio cuartelillo al espectáculo. Prendas excelentemente ejecutadas y ponibles en el más puro estilo neutro de Dominguez.

Tensión sobre la pasarela

La tensión se produjo cuando Adolfo Dominguez no quiso demorar su desfile por el revuelo causado cuando los fotógrafos se lanzaron por su estrella del front row, una espléndida Gwyneth Paltrow, y cogiendo a las modelos del brazo empezó a lanzarlas a la pasarela para dar comienzo al desfile, sin música, ante el estupor de todo el mundo. Así hasta 5 minutos es que su hija salió a la pasarela, pidió con gestos disculpas y dio paso a la música. Este es uno de esos recuerdos inolvidables de Cibeles sin duda.

Roberto Verino, el otro gran regreso, sí comprendió la importancia del espectáculo sobre la pasarela. Una colección soberbia donde el exotismo africano se resaltaba con un estilismo impactante a base de mascaras de strass. El conservadurismo en la línea masculina se compensó con creses con la laboriosidad de las prendas para ellas.

Para cerrar la noche, José Castro erizó el vello con 'Aurora' una propuesta que lo saca de su oscuridad típica para lanzarlo a los brazos del color. Al ritmo de Michael Jackson, Castro presentó una propuesta llena de lujo ochentero donde unos hombros exacerbados competían por atraer las miradas con los volúmenes en las caderas de las modelos. Drapeados, brillos, y todos los resortes de los ochentas se pusieron al servicio de este gran modisto para crear 'la colección' que justificará la celebración de esta edición de Cibeles. Hoy por hoy, a juicio de este humilde crítico de moda, Castro sería el único aspirante a disputarle la plaza a Galliano al frente de Dior. Lamentablemente España está muy muy lejos de París como para que esa opción exista.


Comentarios 1

#1
19-09-2009 / 23:23
victor blanco
Puntuación 0

anda , que menuda tonteria has soltao en las tres ultimas frases , boniko ...