Moda

Ojo Crítico: Las chicas son guerreras

Uno de los diseños de Andrés Sardá.

Javier Larrainzar no sorprendió a nadie. Su propuesta para la primavera de 2009 está dirigida a una mujer difícil de definir: el estilo general es muy del gusto de las clientas a partir de los 45 años, una mujer madura y conservadora que busca la elegancia sin sacrificio, de silueta fluida, que queda bien pero que no aporta nada nuevo.

Aunque el largo de las faldas, por encima de la rodilla, puede ser muy arriesgado para ese target. Lo más seguro sea que cuando la colección se ponga a la venta esos largos se pronuncien un poco para quedar a la altura de sus clientas. A Larrainzar le gusta el clasicismo, y la sastrería de toda la vida y más ortodoxa, y eso, evidentemente es óbice para levantar pasiones en la pasarela, más cuando se presenta un tercer día del calendario después de haberse visto trabajos como los de Ana Locking o Juanjo Oliva. Sí, las comparaciones son odiosas, pero inevitables.

Y llegó el momento de la moda íntima y de baño, porque por muy bien montado que esté el desfile de Andrés Sardá y lo muy espectacular que resulte, en definitiva es lo que es: moda íntima y de baño. Sardá siempre le saca punta aun tema que podría parecer árido en principio sobre la pasarela a través de sus cuidados estilismos temáticos.

En esta ocasión rezaba la nota de prensa: "Un mundo irreal nos envuelve en su ambiente mágico. Este verano las mujeres sarda son ninfas. Unas ninfas sofisticadas, actuales, que reinventan las fuerzas de la naturaleza bajo su nueva interpretación. Fuego, bosque, agua y viento son los elementos con los que plasmamos esta visión".

En definitiva, que nos llevó a un bosque encantado, casi de cuento infantil, en que no faltaron floridas Caperucitas, salvajes reinas de la selva, mujeres-leopardos, sirenitas, avecillas del bosque y duendecillos varios del agua y el fuego. Todo con un tono muy setentero intensificado por la aparición de estampados en Paisley. ¿Lo más amenazante y terrorífico de este bosque encantado? La vuelta del triquini.

Alma Aguilar, fiel a su estilo

Decir que un diseñador ha encontrado su estilo y se mantiene fiel a él suele ser un eufemismo para no llamarlo aburrido y repetitivo. Así que antes de decir que la diseñadora Alma Aguilar ha presentado una colección con su sello personal e inconfundible, hemos de aclaras que ese sello implica un alto grado de sorpresa cada temporada que la hace una creadora apasionante pero consciente de cuáles son las armas que mejor maneja.

Alma ha conseguido una fórmula mágica que le permite fundir en un crisol el lujo con lo práctico, la funcionalidad en el día a día con una sensación de llevar siempre puesto algo especial, y sobre todo, ha conseguido desarrollar un romanticismo muy personal e inconfundible: puntillas, volantitos pequeños, vainicas, canesús, jaretas...

Feminidad y cierta sensualidad perversa disfrazada de inocencia. En Barco a Venus, nombre de la colección, adapta el tema navy a su singular universo creativo, pero sobre toda tendencia identificable prevalece el sello Alma Aguilar.

Una 'nueva mujer'

Sorpresiva nos resultó esa 'nueva mujer' que presentó en pasarela Carmen March. La diseñadora se apea de los formalismos para cernirse a un look más asfáltico y, si me lo permiten, más neoyorquino. Sí, esa es la mejor definición, 'neoyorquino', donde la sofisticación está pensada para una mujer activa, que trabaja, que necesita vestir cómoda y poseer un armario versátil.

Si tuviéramos que ponerle título a esta propuesta podríamos llamarla 'estudio y disección de la camisa masculina, su génesis, y sus aplicaciones', ya que March ha utilizado el corte camisero como principio generador de su colección, de principio a fin, incluyendo la aplicación del tartán y el cuadro de leñador (tan de moda esta temporada invernal) a los tejidos veraniegos.

Prendas de gran limpieza visual que consiguen a la perfección dotar a la mujer de ese 'effortless chic' premeditado por la creadora mallorquina, a lo que se une la utilización de tejidos de camisería masculina, en algodón y lino 100% orgánicos que contribuye a ese look minimal de los mejores años 80.

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