Música

Sylvia Schwartz sostiene que para "Hansel y Gretel" más que ensayar, nos hemos entrenado

Madrid, 27 ene (EFE).- Pasó varios días observando en un parque cómo se movían los niños, pero nada la habría preparado para los saltos y carreras que tiene que dar cada noche, mientras canta, en "Hansel y Gretel". Por eso, la soprano Sylvia Schwartz sostiene que más que "ensayar" para este montaje del Real ha "entrenado".

Schwartz (Londres, 1983) es "una suertuda", asegura en una entrevista con Efe, desde el mismo momento que nació, hija del intelectual y economista Pedro Schwartz y la música Ana Bravo, porque la vida la ha tratado con "mucha generosidad" y es feliz y eso se le nota en cada función.

"Estoy muy satisfecha con la acogida de esta ópera por parte del público y lo que me pone más contenta es ver que cada día hay más gente porque se está corriendo la voz y gusta mucho", subraya la artista, residente en Roma junto a su marido, Paul von Kittliz, y su bebé de 18 meses, aunque, "en realidad" es una "nómada por el mundo".

Para debutar el papel de Gretel en esta producción del Festival de Glyndebourne, basada en el cuento de los hermanos Grimm, Schwartz ha estado seis semanas ensayando, y gracias a eso, revela, "resiste" el palizón que supone cantar mientras hace los movimientos "exactos" que tienen los niños e imita su "desarticulación" de brazos, piernas y caderas.

"Ha sido un trabajo técnico como actores muy intenso y esa ha sido la parte más interesante, la más exigente, tanto que, incluso, hemos tenido que hacer una dieta que incluyera más proteína para hacer más músculo y antes de salir hacemos calentamiento físico", detalla.

Antes de cada función tanto Schwartz, que ya había cantado en el Real, en "Il postino" y "Las bodas de Fígaro", como su compañera Alice Coote -Hansel- y el tenor José Manuel Zapata -la bruja- hacen estiramientos para evitar las lesiones porque no paran un segundo de moverse en escena.

Ella había hecho hasta ahora "un poco de teatro" y "Sonrisas y lágrimas", en producción de Emilio Sagi, en París, pero nada la había preparado para este "maratón escénico", la "experiencia más dura" de su carrera.

Sin embargo, la experiencia le está gustando tanto que le "encantaría" hacer más montajes como el que dirige en el Real Laurent Pelly en la parte artística e incluir "Hansel y Gretel" en su repertorio.

"Mi voz ha madurado mucho y he podido incluir papeles nuevos y ahora me van la Donna Anna en vez de la Zerlina que he hecho siempre en 'Don Giovanni', o la zorrita de 'La zorrita astuta'", explica.

Sus padres, que viven en Madrid, van a verla al teatro cada noche y saber que están allí le llena de alegría, como cuando llevan a su hijo, que ya la ha visto "varias veces".

"Ya está muy acostumbrado y está muy formalito aunque la primera vez cuando escuchó el 'cucú', una de las pocas palabras que sabe, el empezó a decirlo él también', se ríe.

Asegura que está "teniendo mucha suerte" con todo y en todo lo que hace aunque le gustaría pasar más tiempo con su familia y sus amigos, entre los que se cuenta Sting, al que conoció en 2008 cuando interpretaron "Welcome to the voice".

La soprano, que ya ha trabajado dirigida por Daniel Barenboim o Zubin Mehta, quiere inculcar a su hijo la misma pasión por la música que ella aprendió de su madre, una melómana que toca la guitarra "fantásticamente", presume.

Cuando termine en Madrid le esperan un recital en Londres y clases magistrales, vuelta a la capital para un concierto en el Auditorio Nacional y luego otro en Berlín con Renee Jacobs..., pero se las ha "ingeniado" para tener una semana libre en febrero "¡y otra en mayo!", se ríe de nuevo.

Por Concha Barrigós.

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