Música

Miguel Poveda se tatúa alas "de libertad" y entrega su alma a los poetas

Madrid, 17 mar (EFE).- A sus 42 años, Miguel Poveda se ha tatuado por primera vez. Ha elegido dos alas "de libertad" y el nombre de Ángel, "su" Ángel "y todos los ángeles", porque está en un momento de su vida tan "libertario", auténtico y centrado como su nuevo disco, un viaje emocionante por la piel y el alma de la poesía.

"Poemas y sonetos para la libertad", que sale hoy a la venta, son quince composiciones de Lope de Vega, Quevedo y Góngora, de Miguel Hernández y Rafael de León, de Borges y Neruda, de Jorge Antonio Muñoz Rojas, Jaime Gil de Biedma y Luis García Montero, de Luis Eduardo Aute, Joaquín Sabina y Pedro Guerra, con producción de Joan Albert Amargos.

Poveda (Barcelona, 1973) es el primer flamenco ganador de todos los grandes premios de la Unión, incluida la Lámpara Minera, que llena el coso de la Maestranza de Sevilla, cada una de sus 7.000 localidades, y luego el de las Ventas y a finales del año pasado el Auditorio Nacional.

No es la primera vez que se mete en veredas de rimas, porque en 2000 hizo un disco dedicado a poetas catalanes y otro con Enric Palomar, pero este abarca un universo al que ha sido posible llegar gracias a Pedro Guerra, autor de la música, y Luis García Montero, que ha hecho cantable lo que solo era "leíble y declamable".

"En todos mis espectáculos -dice en una entrevista con EFE- ha habido poesía, pero cada vez ha tenido más presencia. Ahora la reivindico de forma más contundente, porque estamos en tiempos que se necesita".

Pero, matiza, este disco, en el que tiene duetos con Miguel Ríos, Ana Belén y Sabina, no es "ni político, ni reivindicativo ni de posiciones", aunque, precisa, es una denuncia "contra la violencia de cualquier tipo".

"Defiendo mi libertad a cantar lo que me gusta cantar, a cantar al amor desde el lado que yo quiera, a cantarle a un hombre, a un pájaro o a un perro. A cantar a poetas indistintamente de sus creencias políticas. Canto a Lorca, porque encuentro belleza en su poesía, y a mí me da igual si es de derechas o de izquierdas", sostiene.

España vive un momento, dice, de "gran desconfianza" y por eso pronostica que en las próximas elecciones "habrá un cambio".

"Se nota que la gente necesita renovación, que las aguas se han estancado y están medio podridas y hay que limpiarlas. Me gustaría que el cambio fuera real y radical", apunta.

Cuando empezó a trabajar en el nuevo disco, para el que Pedro Guerra le proponía sonetos y poemas, se asombró de lo que algunos versos decían.

"Desmayarse, atreverse, estar furioso...", dice Lope de Vega y así se siente él, confiesa el artista, que pone todo su desgarro en "Hielo abrasador".

"El amor es atemporal, y esta es una oportunidad de ponerse en el romanticismo, pero sin ser cursi o ñoño. Es la parte más intensa, dura y desgarrada, porque el azúcar, a cucharadas, engorda", se ríe de nuevo.

Lo que más le preocupa ahora es la intolerancia y "la deshumanización" que propician las redes sociales: "Tengo cuentas en todas, pero, cuando estoy con gente, estoy con ella. No puedo con esa falta de comunicación real", se queja.

Ha llegado "a una edad" en la que se ve legitimado para quitarse "piedras" de la mochila, léase toda clase de miedos.

"Soy un ser humano normal, entonces... ¿por qué voy a estar escondiéndome, tapándome?. No es que solo haga lo que me apetece, es que procuro no hacer lo que no me apetece y tampoco aguantar a tontos", remata a carcajadas.

Él no se ve distinto, pero admite que "a lo mejor" los demás perciben que ha tomado conciencia "de que la vida iba en serio".

También es verdad, se ríe de nuevo, que se le han acabado "los trasnoches", las fiestas "hasta muy temprano", porque ahora está volcado en su profesión y su trabajo, convencido de que "hacer vida sana, es muy sano" y que tiene muchos efectos beneficiosos "para todo y para todos".

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