Música

Nacho Vegas: El compromiso en tiempos de postureo

Barcelona, 21 jun (EFE).- Dieciocho personas sobre el escenario y una pantalla reproduciendo la vieja guitarra de Woody Guthrie, con su lema "This machine kills fascits" (Esta máquina mata fascistas) impreso. Y un artista dejándose el alma en comunicar que hay un mañana, y que pasa por lo local, por juntarnos todos. Nacho Vegas.

En tiempos de postureo, de estulticia, de poner buena cara y clavar el puñal, de aparentar, Vegas supone una regeneración para el rock en castellano, aromatizado cada vez más, en su caso, con gotas de folk, de un folclore que bebe de la tradición latinoamericana tanto como de la asturiana.

Y eso que anoche, en la sala Razzmatazz, ante una cómoda más de media entrada, que permitió que se notara el aire acondicionado y que el espacio no fuera el habitual horno estival, su versión de "Maldigo del alto cielo" de Violeta Parra sonó a krautrock más que a cumbia, puro signo de los tiempos.

Vestido con un traje oscuro, con camisa blanca, y degustando un vino blanco en una copa, entre trago y trago Vegas se esforzó en la interpretación, cantando mejor que nunca, aunque la vocalización y el volumen de su voz flojeó cuando se dirigió al respetable, al que dio las gracias por asistir "pese a que está jugando Irán".

Pertrechado por los cinco integrantes de La Trama Asturiana -Manu Molina, batería; Abraham Boba, teclados, piano y acordeón; César Verdú, bajo; Luis Rodríguez, guitarra rítmica; y Joseba Irazoki, guitarra solista y banjo-, Nacho Vegas tocó el ukelele y la acústica, pero se dedicó sobre todo a cantar.

Le ayudaron también los doce integrantes del Coro Antifascista Al Altu La Lleva, con un protagonismo especial en piezas como "Ideología" o, ya en el segundo bis, "El hombre que casi conoció a Michi Panero", para conseguir que la presentación en Barcelona, en un sitio donde "había visto muchos conciertos desde guaje", de "Violética" fuera un éxito sin paliativos.

En una hora y 50 minutos, con la introducción grabada -y la salida también- de "Actos inexplicables", Vegas interpretó siete de las nuevas canciones, un álbum doble que estaba previsto que fueran dos -"El don de la ternura" y "La necesidad de amparo"-, pero que al final se convirtió en "Violética".

La pantalla trasera reforzó las nuevas canciones con imágenes en blanco y negro o en color de milicianos de la Guerra Civil -"El corazón helado"-, de un árbol sin hojas -"Ser árbol- o de la portada de "Violética" en "Crímenes cantados", donde pidió el cierre de los CIE y recordó que en el de la Zona Franca de Barcelona murió el joven guineano Idrissa Diallo.

Y Vegas incidió en el mensaje al interpretar "Aida", sobre la militante comunista Aida Lafuente, muerta en octubre de 1934, en plena revolución asturiana, lo mismo que sucedió con "Desborde".

"La plaza de la Soledá", de "Cajas de música difíciles de parar", dibujó las primeras sonrisas del público, que cantó "¿Quién me habrá robado el sol, que hoy no siento su calor y las ropas que cubrían mi piel han tornado desnudez?".

"Ciudad vampira", su adaptación del "Devil town" de Daniel Johnston, abrió el apetito para "Canción de palacio # 7", otro de los momentos álgidos, y el recital cogió altura y subió y subió, sin bajar ya en ningún momento, mientras caían "Nuevos planes, idénticas estrategias", cantada como los ángeles, o "Morir y matar", en acepción épica y con Abraham Boba sublime.

En "Cómo hacer crac" se rompió la norma de que las pantallas solo reforzaban las nuevas canciones, y apareció la guitarra de Woody Guthrie, mientras Nacho Vegas informaba "de que han desarticulado a la cúpula de la CEOE, y de que solo habrá un nuevo principio, una vez consumado el fin", y dedicaba el himno "a Valtonyc, a Pablo Hasél, a La Insurgencia" y pedía la "libertad de los presos políticos", entre los aplausos del público.

El éxtasis llegó con la última pieza, "La gran broma final", y en el primer bis se elevó aún más la temperatura con "Dry Martini SA" y, sobre todo, con "Que te vaya bien, Miss Carrusel", con Irazoki al banjo y Boba al acordeón, y, ya en el segundo bis, con "El hombre que casi conoció a Michi Panero", con megáfono incorporado.

Las pocas parejas presentes aplaudieron a rabiar, al igual que hicieron las muchas mujeres que había en la sala, y las muchas canas del lugar. Había perdido Irán, pero no importaba tras una inyección de bioética en forma de canciones que hoy se repetirá en Valencia y mañana en Madrid.

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