Buscar

Rufus Wainwright se basta y se sobra para llenar las Noches del Botánico

EFE
6/07/2018 - 4:33

Madrid, 5 jul (EFE).-A Rufus Wainwright le basta su voz, el piano y su sentido del humor para llenar el escenario y meterse al público en el bolsillo, como ha ocurrido hoy en las Noches del Botánico, donde el neoyorquino ha pegado un buen repaso a su discografía y ha adelantado varias canciones de lo que será su próximo álbum "pop".

Aunque a estas alturas nadie se lleva a engaño: el "pop" de Wainwright, no tiene (casi) nada de fácil, como puede esperarse de un músico cuyas influencias van de Wagner a Judy Garland pasando por Gershwin, y que cuando se aburre del éxito compone óperas.

Pasadas las diez de la noche, Wainwright ha aparecido sobre el escenario vestido con un traje dorado de pantalón y chaleco, con deportivas, y se ha sentado al piano, único adorno sobre un escenario con fondo negro, y que durante el show ha alternado con la guitarra acústica.

El concierto ha arrancado a lo "music hall" con "Beauty Mark" y el cantante ya ha advertido que sería la única canción que tocaría de su primer álbum, ya que en noviembre se embarcará en una gira con motivo del 20 aniversario de su publicación, en la que alternará canciones de ese disco con las de "Poses" (2001), sus trabajos más barrocos.

La voz de Wainwright, potente y melodiosa, ha lucido especialmente en canciones como "Vibrate", a ritmo de habanera, de su tercer disco, "Want One", con el que inauguró una etapa más intimista, junto a "Want Two", del que tocó "Memphis Skyline", un tema, ha recordado hoy, dedicado a Jeff Buckley.

Menos contundentes han sonado las canciones que ha interpretado acompañado por la guitarra, como "Out of the game", un himno que ha entonado después de felicitar a todo el mundo por las fiestas del Orgullo Gay, o "Jericho".

Entre canción y canción, ha demostrado, eso sí, sus dotes de 'showman', contando anécdotas y haciendo reír al público.

Ha recordado, por ejemplo, que cuando hace años fue a Roma a dar un concierto, la prensa lo apodó "el escandaloso" por su canción "Gay Messiah", algo así como un ajuste de cuentas con la ausencia de referentes homosexuales en la Biblia.

"Al parecer hubo una protesta en el aeropuerto cuando llegué, tan grande que ni me enteré, unas cinco personas. Por suerte la prensa sí se enteró y pudieron montar un gran escándalo", relató.

La primera de sus canciones nuevas ha sido "A peaceful afternoon", que ha dedicado a su marido Jörn Weisbrot, alemán. "Una de las normas de nuestra convivencia es que en cada disco tengo que incluir una canción para él", ha señalado.

"El problema es que mi hija Viva se ha enterado y también reclama la suya así que esto se ha convertido en una especie de factoría de composición de canciones", ha bromeado. Y poco después ha llegado el turno de "Montauk", dedicada a la hija que tiene con Lorca Cohen.

"Early morning madness", con un ritmo muy machacón acorde al tema que la inspira, la resaca, y "Only the people" y "Alone time", una canción que él mismo ha descrito como "muy difícil de cantar", han completado la lista de novedades.

También ha habido momento para un delirante himno "antiTrump", en el que ha recurrido sin complejos a una base pregrabada y a un modelo que se ha paseado por el escenario disfrazado de Melania Trump, con una camiseta en cuya espalda podía leerse "Yes, we do care".

Y un par de homenajes al abuelo de su hija, Leonard Cohen: "So long Marianne" y, ya en los bises, la aplaudidísima "Hallelujah".

Rufus demuestra así que, pese a sus aires de "prima dona", es un profesional -no en vano viene de familia de músicos- que no tiene reparo en dar al público lo que espera de él.

La despedida ha llegado con "Poses", aunque en realidad ha sido un recordatorio de que la próxima primavera, ha anunciado, volverá a España a celebrar el 20 aniversario de su debut.