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Fito Páez monta un piano bar en Madrid

EFE
30/01/2019 - 1:05

Madrid, 29 ene (EFE).- Lejos del rigor de un concierto al uso, Fito Páez se ha reencontrado hoy con el público español tras una larga ausencia de 9 años en un formato más cercano al de un piano bar que, como en su canción, bien hubiese podido bautizar Liverpool, rodeado de cómplices nocturnos e indulgentes con cualquier salida de tono.

"Puede ser que suene muy desafinado, es que me desafina el corazón", rezan unos versos que no ha dejado de cantar esta noche, quizás a modo de disculpa, y que bien podrían resumir los primeros impases de su velada dentro de Inverfest 2019, con la voz rota y desubicada ("¡Qué seca es esta ciudad!", protestaba con humor).

Eso no ha impedido, sin embargo, que los rizos más célebres del rock argentino, con el permiso de Charly García y Andrés Calamaro, se marcharan de Madrid sin colmar las ganas de su parroquia con un "quilombo" de cerca de dos horas, cebado por casi 30 grandes éxitos.

"Tenemos un conciertazo largo, como decía Dylan: 'Ahorren energía, que la van a necesitar'", pronosticaba Páez (Rosario, 1963) ante el baño de aplausos inicial, enfundado en un traje azul de terciopelo y gafas de sol que fomentaban ese aire trasnochado de velada musicoetílica interminable.

Agua es lo único que en realidad se ha permitido beber la estrella, protagonista único del concierto con el permiso de esos rizos suyos con vida propia, un piano al que ha prendido fuego entre espasmos, un bombo imaginario que su pie derecho no dejaba de espolear y la colaboración puntual de Leiva para cantar "La rueda mágica" y de Leonor Watling en "Pétalo de sal".

Desde el graderío circular del Teatro Circo Price, completo por unas 1.800 personas imbuidas quizás de ese clima cercano de local que admite peticiones, le insistían "¡Rodolfo!". Pero "Rodolfo" no ha sonado en una cita en la que Páez volvió a mostrarse escurridizo, a fin de sorprender cada vez con un repertorio diferente.

"Dedicado a monsieur Madrid". Así ha arrancado el de esta noche, con esas palabras dirigidas a Joaquín Sabina como prolegómeno al tema que ambos tejieron hace años en una jornada caribeña "de alcohol y risas", "Llueve sobre mojado".

A la fuerza de clásicos como "11 y 6" o "Dos días en la vida" ("la primera canción feminista", ha dicho de ella), le han tomado el relevo la intimidad de "She's mine", con el que Páez ha vuelto a "caer en Madrid", ya sin las gafas de sol.

A poco ha sonado el formato de popurrí bajo el que se han sucedido "Cable a tierra", "Tema de Piluso" y, sobre todo, "El amor después del amor", reducido a su estribillo: "Nadie puede y nadie debe vivir sin amor".

A su ídolo, Bob Dylan, lo ha reivindicado sin embargo en inglés y en español con "Ring them bells". "¿Aquí también se dio esa horda de boludos que decían que Dylan canta mal?", se ha preguntado en uno de los numerosos arrebatos de espontaneidad del concierto, que se ha desbocado en ovación con "Al lado del camino".

"Escucho voces de otros continentes", ha dicho ante los muchos acentos latinoamericanos que se escuchaban entre los asistentes, a los que ha dedicado "Detrás del muro de los lamentos", con ese ritmo 6/8 tan presente en los "quilombos" de toda la región.

No han faltado las imprescindibles "Tumbas de la gloria", "Un vestido y un amor" o "Mariposa tecknicolor", ya con todo el mundo en pie para aplaudirle, incluso cuando ha sufrido un pequeño traspiés sobre las tablas.

Al centro de la platea se ha ido entonces para entonar a pulmón y de manera emocionante "Yo vengo a ofrecer mi corazón", que llegó a ser versionada por Mercedes Sosa o Ana Belén, pero que hoy ha brindado a su amigo Pablo Milanés.

Páez ha concluido su actuación con "Dar es dar" y "Dale alegría a mi corazón", pero aún habrá dos oportunidades más de disfrutar su directo en España: este jueves, con todo el aforo completo, como parte del Festival Guitar BCN en L' Auditori de Barcelona, y el 9 de febrero en el Auditorio Alfredo Kraus de Las Palmas de Gran Canaria.