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Soria, primera víctima del frente interno para el recambio de Rajoy

  • Movimientos internos dentro de las cúpulas del Gobierno y del partido
Rajoy y Soria. Imagen: EFE

La cabeza de Soria "ha sido la primera en caer, pero vendrán más, porque la batalla por la sucesión de Rajoy ha comenzado y los candidatos mueven ficha para dar el jaque mate tras dejar sin defensa a su oponente". Con este símil de un tablero de ajedrez comentaba un destacado dirigente popular los movimientos que dentro de las cúpulas del Gobierno y del partido se han abierto para disputarse el sillón del presidente.

Un frente interno que ha acentuado la división cada vez menos disimulada entre los miembros del Consejo de Ministros y cuya primera víctima ha sido el extitular de Industria que, muchos de los que son y están en el PP, interpretan como un golpe en la línea de flotación de Rajoy y del rajoyismo. Aznar y Santamaría dividen al PP en una guerra soterrada por la sucesión

Un guerra anticipada porque, como decía ayer Núñez Feijóo, "es obligación de los políticos anticiparse" aunque, como en este caso, la batalla final se posponga hasta después del 26 de junio. Porque si en una cosa están de acuerdo los dos bandos en litigio es en que Rajoy debe liderar las candidaturas del PP en el caso, cada vez mas probable, de que se repitan los comicios. Liderar para ganar con un mayor margen que en diciembre, como vaticinan las encuestas. Pero después son muy pocos, griegos y troyanos, los que apuestan por la continuidad de Rajoy al frente del partido y, aún, menos del Gobierno.

Especialmente claro lo tiene el bando de los que apuestan por una renovación profunda del PP, con la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría y los fontaneros de Moncloa a la cabeza, que comparten tesis con Cristina Cifuentes, los cuatro vicesecretarios generales del partido -Casado, Maíllo, Levy y Maroto- y con ministros que cómo Cristóbal Montoro, Fátima Báñez o Rafael Catalá están hartos del goteo incesante de casos de corrupción y de la pasividad de Rajoy para tomar decisiones contundentes.

Ellos no soportan que la corrupción y la tolerancia con los presuntos implicados esté empañando la labor de una legislatura y ellos fueron los que forzaron a Rajoy a pedir la renuncia de Soria, a pesar de que el presidente se resistía a prescindir de su amigo y uno de sus más leales colaboradores.

Y ellos son conscientes también de que la aparición de Soria en los papeles de Panamá imposibilita definitivamente cualquier intento de Gobierno de coalición con el PSOE y Ciudadanos. Pero, además, la cabeza de Rajoy es el precio que ha puesto Albert Rivera para apoyar un Ejecutivo con los populares y están dispuestos a pagarlo. Incluso, me dicen, el propio presidente en funciones estaría dispuesto a dar un paso a un lado en ese caso, pero siempre después de nuevas elecciones y de consolidar su victoria con mayor número de escaños.

Con este grupo de "rebeldes" se alinea también el presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, que ayer reaparecía en Madrid arropado precisamente por todos los citados, menos Montoro, y que lanzó un aviso a navegantes: "No puedo venir a la política nacional porque ya estoy en la política nacional". Eso antes de respaldar los durísimos anatemas del ministro de Hacienda el viernes en Moncloa y sentenciar que "un ministro del Gobierno no puede tener ningún tipo de cuenta en ningún tipo de paraíso".

Y es que Soria era el delfín del presidente y el hombre por el que apostaban desde el bando opositor en la batalla sucesoria como recambio de Rajoy o para sustituir a Cospedal en la secretaría general en caso de que el jefe decidiera continuar. Un bando en el que figuran, además, García-Margallo, Ana Pastor, Fernández-Díaz y el comisario europeo Arias-Cañete, cuyo nombre aparece también, curiosamente, en los papeles del bufete Mossack Fonseca.

Son los integrantes del conocido como G-5, los hombres más próximos al presidente, y que veían en José Manuel Soria la gran esperanza blanca para frenar el asalto al poder de una nueva generación con la que ni sintonizan ni comparten proyectos de futuro.

Así las cosas, no es de extrañar que, tras el jaque al delfín, Margallo clamara por Rajoy como "el mejor candidato porque es el único que garantiza la unidad del partido". A buen entendedor...

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Comentarios 1

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¿¿??
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En Contra

¿Ahora a los defraudadores de impuestos se les llama víctimas?.

¿O sea, Rato y Conde son otras víctimas, no?.

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