Opinión

Una mujer con un sombrero lleno de cerezas

La periodista y escritora italiana Oriana Fallaci.

Siempre vuelvo a leer a Oriana Fallaci, no de ahora, desde muy joven; yo tenía veinte años, y la conocí en La Habana. Leí Un hombre, un libro extraordinario sobre su amigo Alekos Panagoulis y la dictadura griega, luego Carta a un niño que nunca nació, novela publicada en 1975 cuando hervía en su punto la polémica europea del aborto, y también Entrevista con la historia, la entrevista con Yasser Arafat vale un millón. No me gustaba Arafat, era amigo de Castro y mentía; tampoco me gustaba Sharon.

He vuelto a leer los artículos de Oriana Fallaci y estoy más que nunca de acuerdo con ellos; incluso ahora la admiro más. Esencialmente porque estoy harta de lo políticamente correcto en nombre ¿de qué? Nos mienten en nombre de un equilibrio que no veo por ninguna parte.

Si debo medir las noticias globales por lo que leo sobre Cuba, en gran parte nos juegan una mala pasada adrede.

Sólo una mujer, vital -como diría un amigo-, profundamente inteligente, que vivió lo que ella vivió (Oriana hace referencia a su vida en los tres artículos) podía escribir con tanta libertad, ira, amor, pasión, conciencia; en resumen, con tanta verdad; sin estarse cuidando de la medalla que no te darán, o de los premios que te quitarán, o de las puertas que te cerrarán, o de la pateadura que te espera al doblar una esquina por los esbirros pagados por el dictador, o la virulencia de los oportunistas.

Sólo una mujer valiente, con el coraje de salirse de todo, pudo pararse bonito y llamar la atención sobre unas cuantas cosas que podrían -si hacemos caso de ellas- salvar este mundo.

A mí también me resultó revulsivo escuchar: "¡Los americanos se lo merecen, por arrogantes!" A partir de ahí pareciera que no hay nada que discutir; no admito de ninguna manera ese antiamericanismo de a porfía, que de alguna manera le hace el juego al terrorismo, al genocidio. Con los totalitarismos no puede existir base de entendimiento.

Yo que no tengo por qué ser de izquierdas ni de derechas porque viví 35 años en una dictadura que lo confundió todo, diciendo que actuaba en nombre de la izquierda y hacía lo que nos decían que hacía la derecha: fusilamientos, desapariciones, cárceles. Y resultó que todo era eso y su contrario; o sea, supe después que la izquierda -y no sólo el comunismo- también había desaparecido gente de ellos mismos, que tienen sus víctimas. Después de eso no pertenezco a nada, a ningún partido, aunque me considero una vital luchadora por la paz y la justicia, pero también para lograr la paz y la justicia hay que enfrentarse a los dictadores.

Todo estaba claro en el discurso de Oriana Fallaci. No estamos hablando de lo correcto. Lo correcto es lo que abunda, e incluso sobra.

Oriana Fallaci dejó una novela inédita, antes de morir dejó autorización para que fuese publicada. Acaba de serlo por La Esfera de Los Libros. Un sombrero lleno de cerezas resulta un título conmovedor para una mujer que pasó su vida entre políticos, guerras, y peligros de todo tipo; la novela es una saga familiar, la suya: una historia de la lucha por la vida en medio del fascismo, y de la resistencia, más tarde, en un mundo de totalitarismos, no sólo políticos, también religiosos. Espero que sea la mejor novela del invierno.

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