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África como destino cubano

Zoé Valdés
9:21 - 4/10/2011

Recientemente algunos cubanos se han declarado muy felices al obtener la nacionalidad de la República Democrática del Congo (http://www.cubanet.org/noticias/cubanos-muy-felices-por-recibir-ciudadania-congolesa/). De alguna manera tiene su lógica, primero, los cubanos también somos de origen africano, segundo, los esclavos en los que ha convertido el castrismo a los cubanos sólo podrían encontrar felicidad en la tierra de aquellos ancestros, que fueron secuestrados, esclavizados, y enviados a Cuba, durante la colonización española. No lo harían de manera vengativa, de ninguna manera, eso sí que no tendría coherencia de ningún tipo, pero sí en tono de reconocimiento, de identificación.

"Afuera no se ha perdido nada"

Resulta curioso que tantísimos años más tarde, el cubano, que vivió épocas de gran prosperidad en la Cuba Republicana, se sienta mejor y más feliz siendo congolés en África, que en la Cuba ?revolucionaria? que se hizo bajo los Castro supuestamente para el bien de todos, que también y fatalmente es su lugar de nacimiento. Y más extraño parecería, si somos sinceros y recordamos que antes del año 1959 los cubanos siempre fueron los seres más sedentarios del planeta, a quienes no gustaba viajar, y mucho menos salir de su isla ni para buscar centellas. ?Afuera no se me ha perdido nada? expresaban airosos, y hasta altaneros.

En los últimos 52 años la mayor aspiración de los cubanos ha sido huir del castrismo, no del país. Fugarse lo más lejos posible de ese horror y error llamado Revolución Cubana ha constituido el sueño máximo. De este modo encontramos cubanos exiliados en los lugares más insólitos de la tierra: De taxista (con camellos) en el Sahara, de bailarina de vientre en El Cairo, de gastrónoma en Bangladesh, de maestro de cocina en Groenlandia, de médico y vendedor de tabacos en Haití, de animador de turismo en Santo Domingo, de ebanista en Tel Aviv, de salsero en El Líbano, y así sucesivamente? Los cubanos han inundado el planeta, huyendo del peor sistema social del mundo: el castrista.

Se sienten felices con ser congoleses, angolanos, bolivianos, guatemaltecos, argentinos, franceses, norteamericanos, paquistaníes, de todo, cualquier cosa, menos con ser cubanos. Sin embargo, hasta hace algunas décadas: cinco y más, los cubanos se sentían muy orgullosos de ser su nacionalidad. Tenían un país, una cultura, y vivían cómodamente dentro de sus valores. Luchaban por desarrollarse y contribuir al desarrollo de su isla. En el pasado hallaban el ejemplo de sus héroes, combatientes en la Guerra de Independencia, en el presente construían un país con enormes posibilidades sociales y económicas, e imaginaban el futuro con una alegría incomparable.

África salvaje, pero democrátrica

Pero llegó el Comandante y mandó a parar, llegó un hijito de latifundista extranjero, estudiado y leído con los jesuitas, aunque sin terminar su carrera de abogado se colocó la máscara del defensor de los pobres, se exiló por poco tiempo en México, hizo dinero con su exilio (se lo entregó la burguesía cubana, tan odiada por él), y eso que era un botellero de Batista, de ese modo abandonó a su esposa e hijo; regresó en un barco, vestido de guerrillero, amedrentó a los campesinos, secuestró a su hijo, separándolo de su madre para toda la vida (ahora al final ha permitido que esa señora regrese a Cuba a ver al hijo que le crió la Revolución), y se puso a arengar en contra de los norteamericanos, en contra del pueblo trabajador, arremetió en contra de la burguesía, expulsó a los religiosos, desmanteló la economía, hizo y deshizo, asesinó a inocentes, ejecutándolos como si fueran animales, robó y mató al pueblo, y el pueblo lo aplaudió. Se hizo el amo de una rebautizada finca, llamada Cuba, y por su culpa, los cubanos, los mismos que lo aplaudieron, han tenido que huir, en sucesivas generaciones de apaleados, torturados, amargados, y desmoralizados esclavos.

Aun así todavía la izquierda mundial invita a sus representantes a que den conferencias en nombre de la América Latina, sus escritores animan tinglados donde se defiende el derecho del castrismo a representar a un pueblo que ya no puede más vivir en la ignominia, y que prefieren irse a la África salvaje, pero democrática, que antes de vivir en la castro-comunista Cuba del capitalismo todavía más salvaje, puramente miserable y lo peor: Fea, vulgar, mentirosa, enana e inculta.


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