Opinión

Terrorismo en Europa: Alemania despierta de su letargo

  • "A los refugiados no se les debe mezclar con la situación de amenaza"
La canciller alemana, Angela Merkel, en el centro Gatz. Imagen: Reuters

Súbitamente, en apenas siete días, la primera potencia del continente europeo se ha dado cuenta de que es enormemente vulnerable ante ataques terroristas. Y de que su población, expuesta a riesgos hasta ahora aletargados, sufre el pánico sin que las autoridades puedan frenar  esa sensación que provocan un puñado de hechos violentos o de carácter terrorista.

El debate sobre los refugiados no debe mezclarse con la situación de amenaza ante las acciones del Estado Islámico, pero a los alemanes nadie les convence ahora de eso. El refugiado afgano que atacó a los viajeros en el tren, motivado por las soflamas de los yihadistas, es para la población un síntoma del gran error de la política inicial de Merkel ante la avalancha de solicitantes de asilo del pasado año. El crecimiento de las opciones políticas xenófobas se verá alimentado por esto.  

Hablemos de inmigración. Los alemanes, ahora, con sucesos de este tipo, se dan cuenta del problema real que teníamos en los países del sur desde hace décadas con la llegada incontrolada de inmigrantes a los que hay que dar una atención adecuada una vez entran en las fronteras nacionales. Hasta ahora, las autoridades alemanas y comunitarias preferían mirar para otro lado y negar a España, Italia y Grecia las ayudas económicas y políticas necesarias para hacer del problema lo que era, un asunto de todos los europeos.

El atacante de Munich era un loco obsesionado por las matanzas y la violencia retransmitida en directo, y por eso actuó en la tarde del viernes propagando su acción a través de las redes sociales. Un inadaptado que había sufrido agresiones y vejaciones en el colegio desde años atrás. La integración de la población inmigrante de segunda generación otra vez queda cuestionada, como ya ocurrió en los barrios marginales de las principales ciudades francesas hace diez años.

Alemania, igual que Francia o Bélgica, o antes de ellos España y el Reino Unido, tienen que mostrar su firmeza ante los ataques terroristas, y no su debilidad. Nuestros vecinos del otro lado de los Pirineos han estado siete meses en alerta con su estado de emergencia, pero inmóviles ante la necesidad de poner en marcha las medidas anunciadas después de la masacre de Bataclán y los demás restaurantes parisinos en noviembre. Nada se sabe de la intención anunciada en caliente de retirar el pasaporte a los sospechosos de terrorismo con doble nacionalidad. Y pasear a golpe de clic por las páginas de Internet que captan extremistas como el del camión de Niza sigue siendo sencillo y sin acarrear consecuencias policiales.

El registro de pasajeros PNR, Passenger Name Record, no ha entrado aún en vigor  para que los distintos países intercambien datos de viajeros. La burocracia paneuropea es tan lenta que los atentados se suceden mientras los papeles duermen durante meses y meses en los despachos de Bruselas. La realidad va mucho más deprisa que los gobernantes.

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