Opinión

Aló Mister Trump o los problemas de la tibieza en la conversación con Rajoy

  • El presidente estadounidense ubica España en el mapa, así le interesa
  • En público, Rajoy no ha emitido critica alguna que pudiera indisponerle
Mariano Rajoy. Imagen: Efe

Donald Trump sabe dónde está España. Ese nivel de conocimiento le pone muy por encima de la media de los electores de la América profunda que le votaron y gracias a los cuales ocupa La Casa Blanca. Según las encuestas un alto porcentaje de los ciudadanos de los Estados del interior, "sobrerepresentados" políticamente gracias al obsoleto sistema electoral norteamericano, creen que España es un país enclavado al sur de México. Trump no, el nos tiene mas o menos situados porque anduvo por aquí hace años dando doctrina sobre iniciativas empresariales, que es de lo que sabe de verdad. Supongo que sabrá también que la nuestra es una democracia con una monarquía parlamentaria, que tenemos un Rey y que por tanto España es un Reino. Digo supongo porque allí hay políticos de alto rango como Jeb Bush, quien fue gobernador de Florida y que le apañó las elecciones presidenciales a su hermano George Bush con aquel recuento que apestaba a puchero, que dijo que Aznar era el presidente de la República Española. Osea que algo de lío si se hacen con lo nuestro.

Vamos a dar por hecho no obstante que el flamante presidente USA no solo está al tanto de que el nuestro es un país europeo sino que el jefe del Estado es Felipe VI y que Mariano Rajoy, con el que habló el martes, no es el Jefe del Estado sino el presidente del gobierno. Cabe imaginar también que el tono de la conversación fue en todo momento cordial como refleja el comunicado de Moncloa. Si en público Rajoy no ha emitido critica alguna que pudiera indisponer contra él al nuevo mandatario de los Estados Unidos, a pesar de las notables fechorías que ha perpetrado en el poco tiempo que lleva en el despacho oval, mucho nos tememos que más que cordial el tono de nuestro presidente haya sido untuoso. Puedo entender en parte la prudencia de Don Mariano porque no está en su naturaleza abroncar a nadie y menos al presidente del país mas poderoso de la tierra con el que hay muchos intereses económicos y estratégicos. Entiendo lo de la diplomacia, la real polítik y todo eso, el servilismo no puedo compartirlo ni lo comprendo y ni siquiera me parece una buena estrategia diplomática.

Los arrogantes y los autoritarios, características ambas que Trump reúne, suelen ser los mas crueles con los pelotas a los que casi siempre emplean como un pañuelo de usar y tirar. Quizá la prueba anticipada de esa deriva es el tiempo que le ha dedicado a la conversación telefónica que mantuvieron. Estaba previsto que durara 20 minutos y se quedó en 15. Si tenemos en cuenta que toda la charla se llevó a cabo con la mediación de traductores el tiempo neto de diálogo no pasa de los ocho minutos. Puede sin embargo que esos ocho minutos hubieran sido algunos mas si además de ofrecerse como mediador ante los países latinoamericanos, el norte de Africa, Oriente Medio y cualquier lugar del planeta donde se nos requiera, en un ejercicio de buenísimo un tanto pretencioso, le hubiera expresado además, educada y respetuosamente, nuestro desacuerdo con medidas que afectan al orden internacional y a los principios como lo es el veto indiscriminado a la entrada de ciudadanos de varios países musulmanes. Son medidas contra las que hay que alinearse sin ambages y que han cuestionado los jueces de su propio país. En ese ámbito la tibieza puede resultar temeraria.

Estaba justificado que nuestro presidente sacara pecho con la recuperación de España, lo del crecimiento más alto de Europa y su condición de tierra de oportunidades. Es loable incluso que defendiera el avance de la Unión Europea a pesar del Brexit, que tanto le gusta al bueno de Donald, y que él probablemente lo escucharía como el que oye llover.

A tenor de lo que Casa Blanca ha destacado en su nota oficial sobre la charla queda claro que lo único que le importó a Trump de esos ocho minutos fue la parte en que le manifiesta a Rajoy que España y todos los aliados de la OTAN tienen que compartir el gasto en defensa. El mismo mensaje que le largó a Merkel, a Hollande y a Gentilone en conversaciones anteriores y que anticipa el recado con el que irá en Mayo el presidente de los Estados Unidos a la cumbre de la OTAN. España será de las que mas sufran en esa cita si hay tormenta como se vislumbra por el presupuesto.

El nuestro es el país de la Alianza que tradicionalmente menos gasta en defensa con una inversión estimada del 0,9% del PIB. Esa austeridad se ha visto acentuada por la crisis en los últimos años hasta alcanzar niveles de subsistencia en algunas unidades operativas del ejercito. Cada español gasta 273 dólares en partidas militares mientras que la media euro se sitúa en los 450 y la de los norteamericanos se dispara por encima de los 1.900. La baza de España es su posición estratégica que Estados Unidos obtiene como moneda de cambio. De ahí que Rajoy le recordara con acierto a Trump la importancia de las bases de utilización conjunta de Rota y Morón. Dudo que ahora los ubique en Cádiz y Sevilla pero pronto aprenderá dónde anclan sus barcos.

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