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Javiera Rubilar y su viaje de 13.431 kms en busca del ejercicio perfecto

Madrid, 14 may (EFE).- Para la gimnasta Javiera Rubilar, 13.431 es algo más que un bonito número capicúa. La cifra refleja, exactamente, los kilómetros que separan su Vilcún de origen, en Chile, de la ciudad búlgara de Ruse. Allí ha viajado ya dos veces para ponerse en manos de una de las mejores entrenadoras del mundo y perseguir con ella un reto imposible: el ejercicio perfecto.

Bulgaria. La meca de la gimnasia rítmica. En Ruse, a orillas del Danubio, imparte sus clases Silvia Dicheva-Miteva, campeona mundial y europea en los años 80 y madre de Silvia Miteva, multimedallista internacional y octava en los Juegos Olímpicos de Londres.

"Mi entrenadora hizo un contacto con la mamá de Silvia Miteva. Ahí se coordinaron y me fui a entrenar con ella, un mes el año pasado, otro mes este año. Y yo creo que al otro año voy de nuevo", señaló a Efe Rubilar, que ha participado este mes de mayo en las Copas del Mundo de Guadalajara (España) y Portimao (Portugal).

Ese objetivo, "participar por primera vez en una Copa del Mundo", es un paso que ya ha dado la deportista y que considera una consecuencia directa de sus concentraciones en Bulgaria, donde consiguió "mejorar las rutinas" y someter a esos juguetes rebeldes llamados aro, cinta, balón y clavas, que se empeñan en caer al suelo y estropear los ejercicios de las gimnastas.

"De a poquito vamos avanzando", dijo con firmeza. "En Bulgaria mejoré en las rutinas. Antes no era muy segura con mi esquema y fallaba mucho. Y este año me he afinado un poquito más", aseguró Javiera, de 18 años y que no dudó en recorrer sin compañía esos 13.431 kilómetros en busca de una mejora en su rendimiento.

"Sí, fue un poco duro. Vivía en una residencia en el mismo recinto en el que estaba el gimnasio, estaba solita y ahí me movía solo del gimnasio al entrenamiento", recordó sobre su estancia en Ruse, una ciudad al norte de Bulgaria, la quinta más poblada del país y cuna del premio Nobel de literatura Elias Canetti y del excampeón mundial de ajedrez Veselin Topalov.

"Todo era diferente, la comida, la forma de vida, la forma en que se preparan para competir. Entrenaba ocho horas diarias, de lunes a sábado. En mi país también lo hago, las mismas ocho horas, pero allí era distinto. Ellas", dijo sobre las búlgaras, "tienen un gimnasio para ellas solas, pueden seguir entrenando hasta la hora que quieran. En cambio, en Chile tenemos que estar siete en punto a la hora en el gimnasio y después, chao".

Vivir en Bulgaria no solo mejoró su técnica gimnástica. También le proporcionó madurez como persona.

"Esa experiencia te hace ver dos mundos diferentes. Aprendí de los dos y a saber que hay que compatibilizar bien las cosas", apuntó.

El coste de esos viajes y entrenamientos de Javiera corrió a cargo de unos proyectos de ayuda al deporte profesional impulsados en su región, La Araucanía.

"De ahí sacamos la plata", dijo la gimnasta, que vive en Vilcún. Sus entrenamientos los reparte entre este pueblo y la ciudad cercana de Temuco.

"Mi entrenadora, Pamela Salazar, tiene un club en Vilcun y dos en Temuco, uno en un colegio, que es más formativo, y otro de alto rendimiento", explicó.

Rubilar tuvo una actuación destacada en los Juegos Bolivarianos del pasado noviembre en Santa Marta (Colombia), en los que ganó tres medallas de bronce en aro, balón y clavas.

Es la única gimnasta rítmica chilena clasificada para los Juegos Suramericanos de junio en Cochabamba (Bolivia). "Ahí iré a por medallas porque me sirven para el medallero de Chile". Y después tendrá que acudir al prepanamericano de Lima, en septiembre, para asegurar su plaza en los Juegos continentales del año próximo.

Considera que el nivel de la gimnasia rítmica en Chile es bueno y que ella no es la única que despunta. "Hay más niñas, como Montserrat Urrutia. Y también un buen conjunto. Yo debía mejorar algo porque aún tengo algunos fallos con el implemento y ciertas imprecisiones. Pero estoy contenta con mi evolución. En Guadalajara el primer día no competí muy bien, pero al final me fui tranquila".

Se marchó de la ciudad española con un puesto 39 en la clasificación (mejoró hasta el 32 en Portimao) y con la satisfacción de haber visto competir de cerca a las rusas, las gimnastas que mandan en la rítmica mundial.

"Yo me veo bien, pero, claro, si una se compara con las rusas no se ve tanto. Ellas son otro mundo. Compartir tapete con ellas es muy lindo. Están en un nivel demasiado alto", comentó tras merodear por la zona de calentamiento del Pabellón Multiusos de Guadalajara para ver desde bambalinas un ejercicio de Aleksandra Soldatova.

La presencia de un gimnasta aún en activo, Tomás González, al frente de la Federación Chilena se percibe, dijo, en que "él ya sabe lo que es la competencia, está más informado y conoce lo que hay que hacer para llegar".

"Nos ha dado este año recursos para salir, o sea que va bien", apuntó.

Javiera Rubilar tiene previsto hacer este año el preuniversitario para comenzar el próximo curso a estudiar Pedagogía en Educación Física y Kinesiología. Su intención es seguir con la gimnasia al menos otro año, que serán más si sigue estando satisfecha con sus resultados.

Y si para lograrlo tiene que regresar a Bulgaria, lo hará sin dudarlo. Los 13.431 kilómetros de viaje serán un premio que pagará con gusto si la recompensa es añadir unas décimas más a las notas de sus ejercicios.

Natalia Arriaga

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