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Financiación: lo esencial y lo accesorio

Antonio Papell
12/07/2009 - 18:30

La comparecencia de Salgado ante los medios este mediodía para presentar el nuevo modelo de Financiación Autonómica, poco antes de que fuera remitida a las comunidades la concreción de la propuesta genérica, ha permitido visualizar plásticamente que en este asunto hay dos planos diferentes que en teoría deben convergir el próximo miércoles en la reunión del Consejo de Política Fiscal y Financiera:

A saber: teórico, de reparto equitativo de los recursos disponibles mediante cuatro fondos diferentes y a través de una negociación multilateral, y el práctico, que habrá de conjugar las reclamaciones pendientes, algunas muy llamativas, con el sistema general.

Sobre lo primero -el modelo elegido- cabe emitir una opinión; sobre lo segundo, es decir, sobre el ajuste final del reparto, es imposible hacerlo sin conocer primero el forcejeo que ha desembocado en la propuesta final, que -en una primera impresión- parece no levantar objeciones insalvables.

Hay dos elementos importantes en el modelo propuesto: el primero, que el grueso de los recursos, el 80%- se destinará a garantizar la igualdad en la prestación de los grandes servicios públicos (Educación, Sanidad y Servicios Sociales); el segundo, que el principal criterio de reparto será la población ajustada (esto es, corregida mediante varios parámetros: territorio, dispersión, insularidad, población mayor de 65 años, población en edad escolar, distribución de la población sanitaria protegida), que se revisará anualmente. Ambos argumentos parecen asegurar la equidad y la sostenibilidad del modelo, que asimismo contará a medio plazo con una financiación razonable: además del mayor porcentaje de participación en los principales tributos, el Estado aportará unos 11.000 millones de euros más, casi el 2% del PIB, a ese segundo escalón regional del sistema de organización del Estado.

La dificultad de algunos fondos

Obviamente, el fondo de garantía de los servicios públicos fundamentales tiene una distribución lineal y nada conflictiva. Pero la combinación de los otros tres fondos ?el de Suficiencia Global, el de Competitividad y el de Cooperación- influirá en la posición relativa de las CCAA en el ranking total y permitirá efectuar las comparaciones relativas que, a la postre, darán la medida del agrado o del desagrado con que se reciba el modelo. Pero el sistema, que se basa en criterios sólidos, resulta como tal difícilmente objetable, puesto que a)-persigue la igualdad en la prestación de los grandes servicios públicos; b).-tiende a la convergencia y c).-no castiga a las comunidades más dinámicas.

El polémico Estatuto catalán, que acabó incluyendo algunos mandatos seguramente impropios sobre la financiación (y que fue imitado por otras cartas autonómicas como la valenciana o la balear), ha dificultado sobremanera el logro del nuevo modelo, que atiende la reclamación genérica de fondo de Cataluña  -en el sentido innegable de que ha padecido una financiación insuficiente hasta ahora- sin ceder al desiderátum imposible de la bilateralidad, que no podría encajarse en el edificio constitucional. Así las cosas, el incremento de financiación aportado a las autonomías permitirá, de un lado, que todas las CCAA reciban más recursos que antes y, de otro lado, que los hipotéticos agravios comparativos no imposibiliten la armonía del conjunto.

Lo más deseable

Lo más deseable ahora es que este modelo, que nace con la oposición formal del PP (una oposición más sistémica que ideológica), se vaya depurando a medida que se compruebe su operatividad, de manera que la LOFCA que se revisará anualmente vaya incluyendo los matices que se consideren precisos para ir perfeccionando el sistema, de forma que se cumplan los dos objetivos preferentes de los modelos cuasi federales: la igualdad de partida en las condiciones de los ciudadanos y esa saludable competencia entre entes federados que estimule el desarrollo global.

La crisis económica ha dificultado la laboriosa confección de esta propuesta, que se plasmará gradualmente a lo largo de cuatro años y que quizá requiera incluso algún aplazamiento más. No tendría ahora demasiado sentido plantear desde la principal fuerza opositora un rechazo frontal a un modelo que sin duda es perfectible pero que en sus líneas maestras responde a los criterios de financiación que han manejado ya en el pasado los dos grandes partidos. El fin de la polémica sobre financiación debería, en suma, facilitar el acúmulo de energías en la empresa de superación de la crisis, que requiere el esfuerzo de todos los actores.


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