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¿Un país sin clases medias?

Antonio Papell
4/05/2011 - 19:12
Aguirre, de gran intuición ideológica, ha intentado evitar que el debate se centre en temas económicos.

Empiezan a aparecer análisis sobre el efecto de la recesión económica sobre la clase media que antes de la crisis formaba el gran núcleo central de este país. Una gran clase media que, en palabras de Alain Touraine, daba más importancia a su propia integración que a encontrarse más o menos arriba en la escala social. Y que, en nuestro caso, adoptaba una estructura de diamante, propia de las sociedades industriales maduras.Como era de esperar, no sólo los sociólogos se han interesado por este asunto: también los políticos.

Los hechos están a la vista: la compra de automóviles por particulares ha caído a niveles de hace más de una década... salvo el estrato de los coches de más alta gama, cuya venta se ha incrementado por encima del ciento por ciento. Lo mismo ocurre con los inmuebles: sólo hay mercado para los más caros y lujosos. Cientos de miles de ex trabajadores han perdido su vivienda por no poder pagar la hipoteca y las redes de solidaridad familiar se están desarticulando una vez que hay ya casi 1,4 millones de familias con todos sus miembros en paro.

Con toda evidencia, los grupos que causaron la crisis, los gestores del sistema financiero, los especuladores que crearon la burbuja inmobiliaria, no están pagando por sus excesos, ni están dispuestos a realizar el menor gesto de solidaridad ni mucho menos a cambiar sus principios según los cuales la racionalidad económica debe determinar la política en cada momento.

Situación duradera

No estamos, además, en una coyuntura pasajera: la actual situación, con un paro cercano al 20%, será duradera y causará estragos cada vez más intensos. Una parte importante de la clase media -quizá los dos tercios- se proletizará, en tanto el sector restante -un tercio más o menos- se asirá con uñas y dientes a la clase alta. En otras palabras, se desmoronará la estructura de diamante y se producirá una fuerte polarización entre una clase alta escasa y un proletariado suficientemente extenso para asegurar la hegemonía de la izquierda.

Porque, como detectan diversos especialistas, la clase social todavía es determinante para el voto en nuestro país: los dos grupos que nunca han cambiado de orientación electoral han sido los obreros cualificados (afectos al PSOE) y las clases altas y medias altas (inclinadas al PP).

La campaña de Aguirre

Una análisis de José Luis Álvarez, profesor de ESADE, recién aparecido en la prensa catalana subrayaba recientemente cómo Esperanza Aguirre, liberal del Partido Popular y presidenta de la comunidad autónoma de Madrid, ha encarado el proceso electoral del 22 de mayo, teniendo en cuenta lo anterior.

De entrada, Aguirre, de gran intuición ideológica, ha intentado evitar que el debate se centre en temas económicos y sociales: el terrorismo, Cataluña o la inmigración son buenos reclamos para eludir mencionar las crecientes desigualdades y atraer a la clase media, "electoralmente promiscua" según Álvarez. Pero, además, Aguirre ha tenido la inteligencia de proponer el establecimiento de recorridos de bachillerato diferenciados -con institutos para superdotados-, con el fin de vincular el mérito y el esfuerzo personales a la diferencia social.

No son las circunstancias socioeconómicas las que marginan sino el desinterés de las personas. Como reconoce el autor del análisis, "es un caso fascinante de ofensiva ideológica que, mal contrarrestada, puede seguir alejando al PSOE de las clases medias".

Este fenómeno de despoblación del núcleo central de la sociedad -el eclipse de las clases medias- se dará también en otros países periféricos de Europa, también con graves problemas de desintegración, pero no en la Europa desarrollada.

Y es presumible que los severos ajustes que están teniendo lugar terminen generando un deterioro todavía mayor de los estados de bienestar, con mayor desregulación laboral, copago sanitario, etc. Ello será munición para la izquierda, que tomará con facilidad el poder en estos países (aunque en España, habrá de pagar primero los errores cometidos en la gestión de la crisis). Y ello será así, naturalmente, sólo hasta que se reconstruya la clase media, en cuyo caso regresarán los gobiernos conservadores. Éste es, en cierto sentido, el ciclo de la vida en nuestras maduras sociedades.


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