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Fraga, del autoritarismo a la concordia

Antonio Papell
16/01/2012 - 10:00
Manuel Fraga muere a los 89 años de edad.

No se elige cuando se nace, y Fraga, nacido en 1922, llegó a la edad de la razón en la inmediata posguerra civil, tiempos difíciles para cualquiera. En su caso, aquel personaje excepcionalmente dotado, opositor impenitente en los primeros años cuarenta, letrado de las Cortes, diplomático, catedrático, con evidente vocación política, se dio de bruces con el franquismo, tan inclusivo como excluyente, y no supo resistirse a introducirse en él.

Sin embargo, no sería justo desdeñar el hecho incuestionable de que trabajó para reformar aquella burocracia intransigente y exasperante: con la ley de Prensa y con su propio ideario, así como con sus movimientos aperturistas y de contactos con la oposición en los últimos años del franquismo, Fraga contribuyó a abrir camino a la Transición, en la que participó muy activamente y en la dirección adecuada: frente a sectores mayoritarios del posfranquismo, Fraga entendió que no había otro camino para España que el de la democracia parlamentaria, y de hecho fue un infatigable ponente constitucional que aportó con brillantez buena parte del excelente equipaje técnico de nuestra Carta Magna.

Dispuesto a lograr su objetivo

La obra más importante de Fraga fue, sin embargo, la construcción de una derecha civilizada y democrática en un país en que la derecha reaccionaria y totalitaria dominó el paisaje y el Estado durante casi medio siglo después de una cruenta guerra civil. La peripecia es conocida, y describe el tesón de un político de indudable categoría personal en lucha contra su propia biografía y dispuesto a resistir para lograr el objetivo.

Mientras la heterogénea UCD asumía con éxito la representación social del mayoritario centro-derecha en los setenta y tomaba el protagonismo de la Transición, Fraga fundó primero Alianza Popular, que recogió parte de los restos del naufragio ucedista, y después el Partido Popular, que acabó convirtiéndose en el otro término del binomio dialéctico derecha-izquierda de nuestro sistema político actual. Consciente de que su tiempo había pasado, entregó su organización a las siguientes generaciones, y fue Aznar en 1996 quien consiguió el anhelo de llegar al poder, coronando en cierto modo la obra inacabada del fundador.

Fraga, personaje volcánico pero accesible, obstinado pero tierno, de carácter autoritario pero demócrata por razón y convicción, entusiasmado con el sistema político británico del que fue estudioso y publicista ?también fue unos años embajador de España en Londres en la fase terminal del franquismo- , ha sido sin duda el personaje esencial de la derecha española durante medio siglo, y sin él no se entendería la historia del fecundo período que nos ha traído hasta aquí. Fue también sin duda un hombre de paz con una potencia gravitacional tan grande que aglutinó a su alrededor a todas las fuerzas conservadoras y consiguió de este modo evitar que en este país llegara a nacer una extrema derecha. Se nos ha ido con casi noventa años después de una vida plena, intensa, en la que ha aportado un saldo sin duda positivo a este país.


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