Política

A fondo| Alfredo y Mr Hyde o las dos caras del PSOE

Rubalcaba en un acto de partido. Imagen: Archivo

Yo no sé quien asesora a Rubalcaba, y ni siquiera me consta si se deja asesorar, pero sea como fuere, lo que traslucen a la opinión pública y la publicada de las decisiones, veleidades y vaivenes en esta larga travesía del PSOE, es que el problema del socialismo español no es sólo de liderazgo, que también, sino y fundamentalmente, de indentidad, de principios y programa.

Además de un equipo de dirección que dista mucho de tener la capacidad y el sentido del Estado que necesita España en uno de los momentos más difíciles de nuestra reciente historia democrática.

Sólo así se entiende la 'espantá' que protagonizó ayer el todavía líder del PSOE, improvisando una rueda de prensa para entonar un mea culpa vergonzoso por haber votado sólo una hora antes la moción de condena al plan soberanista de Artur Mas, junto al PP y a UPyD. Comparecencia que convocó después de hablar (o recibir instrucciones en la interpretación de alguna lengua de doble filo de su propio grupo) con el secretario general de los socialistas catalanes, el inefable Pere Navarro, al que ya muchos identifican como el paradigma de la indefinición absoluta.

Donde dije digo, digo Diego

Pero lo más esperpéntico de la excusatio de Alfredo en su particular versión de Mr Hyde es que volvió a pedir grandes dosis de diálogo a unos y otros, cuando precisamente su actitud suponía un desprecio al diálogo y la mano tendida del grupo proponente, UPyD, aceptando in extremis una enmienda del Grupo Socialista para conseguir que el "no" al proceso secesionista tuviera el respaldo de la gran mayoría de la Cámara de Diputados.

Son actitudes y actuaciones como éstas las que explican que, pese a los recortes sociales, promesas incumplidas, subidas de impuestos, Bárcenas, Gürtel, y la desafección política que erosionan al Gobierno y su partido, en los dos años que llevamos de legislatura el PSOE no haya conseguido arañarle votos al Partido Popular. O que Pérez Rubalcaba siga todavía por debajo de Rajoy en la valoración de una ciudadanía que, estupefacta, se pregunta si es con esta tropa con la que pretenden que reformemos la Constitución.

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