Política

El análisis: El coste del desafío separatista

Foto: Archivo

En el horizonte de Cataluña rondan nubes muy inestables de tormenta, con eventuales rayos y truenos. Distintos signos alertan del impacto político, social y económico del reto separatista del gobierno de la Generalitat, implementado por su administración y por organizaciones de masas.

En verano y otoño puede haber varias simas de tensión, aunque también pozos que la congelen. Las dos primeras semanas de septiembre 2014 serán muy malas, por la preparación separatista del desfile del día 11. El resultado del referéndum escocés del 18 determinará si el resto del otoño catalán será sólo malo o si llegará a ser malísimo. De Escocia los augurios que van llegando son buenos. Pero si no se cumplen, ojo, que la situación podría llegar a ser catastrófica para la libertad y para el bienestar de los españoles.

De este modo, Cataluña y España se hallan ante una inestabilidad política máxima, una confrontación social radical y un riesgo sustantivo para los negocios, como no se veían desde 1975. Hasta ahora pensábamos que, amén de catalanes, españoles y europeos, éramos ya todos tolerantes, respetuosos de la ley, democráticos, en una palabra civilizados, y que el Estado de derecho formaba parte del paisaje, o al menos de la cultura del país. De súbito descubrimos que tenemos un problema gravísimo: un desafío esencial a la democracia española. Nuestro sistema político no está avezado a retos de este calado, lo que hace al país muy vulnerable. Bien, la inseguridad institucional inducida por el separatismo nos ha hecho más pobres. Puede ser que algunos centenares de miles de catalanes no lo vean aún, devorados como están por una euforia radical que no encuentra límites, y que varios millones no quieran verlo. La quiebra definitiva de las instituciones democráticas supondría la ruina de Cataluña y tras ella la desintegración de España, un caer en un infierno de violencia y totalitarismo que otrora hubiéramos creído imposible.

Impacto negativo

El desafío separatista tiene un impacto negativo y supone ya un coste efectivo para los catalanes y españoles, salvo para quienes lo promueven con las aportaciones de otros. Aunque la cuantificación del reto separatista sea de suyo complicada, podemos avanzar en ella si cualificamos sus elementos componentes. El coste del separatismo es debido a la alteración de las expectativas y de los protocolos de funcionamiento así como al impacto de la fractura social. El coste del desafío independentista es directo y tangible y es indirecto e intangible. Suponen costes directos y tangibles: las inversiones que se deslocalizan; las ventas, la actividad, el PIB y el empleo que se reducen; y el gasto público que se distrae para financiar los separatistas y las competencias impropias. El desafío independentista genera además un coste indirecto, por concatenación del impacto directo y un sensible coste intangible, deducido de la inestabilidad política y social, de la inseguridad jurídica, de la merma en la calidad de la regulación y de la devaluación de la marca país. Podremos estimar el coste directo y tangible del reto secesionista, pero a buen seguro que el coste indirecto e intangible es mucho mayor y sus efectos son muchísimo más devastadores.

Imaginemos: ¿cuál puede ser el coste del hundimiento del Estado de derecho? Directo e indirecto, el coste del reto separatista y eventualmente de la separación deriva del efecto frontera, de la quiebra en la estabilidad y seguridad jurídicas y del Estado de derecho y de la mengua subsiguiente en la calidad de la regulación. Se puede sintetizar como coste de la no-España y de la no-Europa. En el análisis del coste del desafío separatista deben hacerse dos consideraciones adicionales, relativas al tiempo y al espacio. En cuanto a lo primero, hay y habrá un coste pasado, actual, a corto, a medio y a largo plazo. El coste efectivo, pasado y actual del separatismo catalán se ha soportado, a menudo con estoicismo, mezclado con la crisis económica. El coste futuro potencial podría ser alto, muy alto, altísimo, podría ser la ruina completa de Cataluña y, por contagio a otras regiones acarrearía la desintegración de España. El paraíso independentista es el infierno de Cataluña y de España.

En cuanto al espacio, el coste del desafío separatista se focaliza en Cataluña, esto es afecta directamente a los catalanes pero también y en una medida no pequeña al resto de los españoles. No obstante, el desafío independentista catalán beneficia a alguna región. ¿Cuál es, será y sería el destino preferido de las inversiones que huyen, huirán y huirían del infierno catalán? ¡Madrid! Sí, Madrid nos roba las inversiones que los separatistas catalanes ahuyentan.

Al balancear el sustantivo coste real del reto separatista en Cataluña con sus magros beneficios hipotéticos se aprecia que el coste neto podría pasar de ser un coste sensible a ser una ruina completa, para esta Comunidad Autónoma y para el resto de España, así como para Europa y su proyecto histórico y estratégico de integración. Hay que concluir: la separación ¡ni nos conviene ni la queremos! Afortunadamente para Cataluña y los catalanes la separación de España no se producirá y el coste del desafío separatista podrá circunscribirse si prevalecen el seny y el Estado de derecho.

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forum Comentarios 2

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adeu, adeu
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En Contra

el Apocalipsis!!!

Puntuación -3
#1
Catalunya decidira
A Favor
En Contra

Patético analista: "reto separatista del gobierno de la Generalitat", "desfile del día 11", "el separatismo nos ha hecho más pobres", "la desintegración de España caer en un infierno de violencia y totalitarismo".

Penoso redactor: "coste indirecto, por concatenación del impacto directo del reto secesionista, pero a buen seguro que el coste indirecto e intangible será mayor".

Puntuación 1
#2