Política

El quién da más o la subasta de PP y PSOE sobre la reforma electoral

Revive el debate de la reforma de la ley electoral. Imagen: EFE.

El año electoral amenaza con dar la vuelta como un calcetín al mapa político de España. Así lo anunció la última encuesta del CIS, que dibuja un resultado incierto, con un elevado porcentaje de ciudadanos indecisos que pueden decantar la balanza en el último momento. Un tablero con más jugadores obliga a cambiar la estrategia para no perder influencia, incluso aunque esos movimientos pongan en evidencia más cartas de las que la prudencia, o el pudor político -si es que existe- recomiendan.

El último debate sobre la reforma electoral se ha convertido en una especie de subasta plagada de contradicciones, en el que todos opinan y lanzan al aire una o varias ideas, que a veces son diferentes incluso entre miembros del propio partido. Y, para más inri, son precisamente los partidos tradicionales los que agitan el debate. Los mismos que llevan años lanzando balones fuera ante los que reclamaban una normativa electoral más justa y proporcional.

Mientras su alternancia en el poder parecía asegurada, el blindaje no se cuestionaba y la ecuación para contabilizar los votos era un tótem sagrado. Ahora que la fuerza de Podemos y Ciudadanos ensombrece su hegemonía, PP y PSOE parecen haber visto la urgencia de reformar la ley electoral.

El debate no es nuevo. Ocurrió algo parecido en el año 1996, cuando la corrupción y crisis política y económica puso en evidencia las carencias de las instituciones. Entonces, como ahora, todos pusieron el foco en el sistema electoral, tal y como recuerda José Ramón Montero, catedrático de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Madrid. Pero las elecciones dieron la victoria al PP y, como era previsible, el debate se guardó en un cajón. Durante años, la crisis económica tapó la cuestión del sistema electoral. Pero el maratón electoral ha vuelto a poner de moda el quién da más.

Propón, que algo queda

En Andalucía, la euforia socialista se ha teñido de incertidumbre. Susana Díaz no ha conseguido un acuerdo que le permita formar Gobierno, y entre concesión y concesión, aboga por un cambio en la normativa electoral que generalice una segunda vuelta en todos los comicios. No es baladí recordar que el debate abierto por Díaz es el mismo que rechazó hace meses el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, cuando fue propuesto por el Partido Popular, que quería garantizar el Gobierno de la lista más votada en los Ayuntamientos.

En el lado popular, el presidente de Extremadura, José Antonio Monago, anunciaba su propuesta de celebrar una consulta sobre la normativa electoral para decidir si debe gobernar la lista más votada, reducir el número de diputados y bajar el umbral de votos necesarios para que los partidos entren en el Parlamento regional. Resulta que las encuestas prevén que Monago no obtenga mayoría absoluta (como Díaz en Andalucía) y necesite pactar con Ciudadanos.

Lo mismo que apuntan los sondeos en el resto del territorio, donde se avistan coaliciones conservadoras o de izquierdas. Precisamente por eso, la insistencia de populares y parte de los socialistas (tampoco en esto coinciden Susana Díaz y Pedro Sánchez) a la hora de pedir una reforma electoral para que el presidente autonómico o el alcalde sea el candidato más votado. Claro que, para hacer creíble esta pretensión, el PP tendría que haberse abstenido en la investidura de Susana Díaz en Andalucía.

El profesor Montero señala además que una reforma electoral debería ser algo más consensuado, como en Italia, donde se acaba de aprobar un nuevo sistema electoral con el acuerdo mayoritario de todas las fuerzas políticas y tras varios años de discusión. Además, el debate debería ser "desde arriba hacia abajo". Es decir, no es coherente que sean los líderes locales y autonómicos los que empiecen a hacer ofertas de este tipo. Y más teniendo en cuenta que es precisamente a ese nivel donde parece menos probable y viable.

La segunda vuelta funciona en el ámbito local en países como Alemania o en Italia, pero allí los ayuntamientos funcionan de forma completamente diferente, explica el profesor de la UCM. "Allí los parlamentos funcionan de un modo más delegado y más ejecutivo. En el caso español, una segunda vuelta permitiría que por ejemplo Díaz gobernara en Andalucía, pero tendría que lidiar con una cámara dividida en la que no tendría mayoría.

El argumento de la gobernabilidad

Es decir, los cambios servirían para atornillar a los partidos mayoritarios en el poder, pero no traerían consigo necesariamente una mayor gobernabilidad, tal y como argumentan sus defensores. Soluciones vistosas que "traerían muchos más problemas de los que solucionarían", asegura Montero. Y no sólo eso: también traerían menos proporcionalidad, un rescate del bipartidismo menos funcional en este caso.

Si realmente hubiese voluntad de reforma, también la habría de iniciar una conversación seria para poder llegar a acuerdos. Pero lo que ahora tenemos se parece más a una carrera de rebajas del quién da más, un debate estéril que llega en un momento en el que el calendario electoral apremia hasta, de facto, configurar imposible hacer nada en esta Legislatura. Un debate estéril que el profesor Montero resume en una frase: "No parece que vaya a ser posible, ni creíble, ni probable".

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Comentarios 3

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uno
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Si en Valencia, Madrid,Barcelona,etc repiten los mismos, en la Generales tendremos una abstención del 60%. Si ciudadanos apoya esos gobiernos, se llevar un 30% de los votantes del PP.Igual que Podemos con el PSOE.

La desmovilización puede ser un factor decisivo para que continue el PP.

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#1
Harto
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Antes de las elecciones: bla, bla, bla,...

Después tirarán nuestros votos a la basura, harán lo que les dé la gana o sea lo que les convenga, y se te visto no me acuerdo,

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#2
Cualquiera mejor
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Ppsoe=Ruina.

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#3