Política

Las puertas giratorias también giran al revés

El 'fichaje' de Trinidad Jiménez por Telefónica aviva la polémica. Imagen: EFE

Hay una secuencia en el corto 'El balneario', filmado por Charles Chaplin en 1917, que recuerda con bastante aproximación y a modo de metáfora un asunto de la más relevante actualidad. Chaplin, que no es aquí el vagabundo Charlot sino un ocioso millonario que se somete a una cura por su alcoholismo, trata de cruzar la puerta de entrada a las instalaciones, una puera giratoria que se mueve impulsada por quien la atraviesa.

Chaplin convierte ese elemento en una fuente inagotable de gags visuales: cae al suelo, entra y sale constantemente, pierde su sombrero y su bastón, queda atrapado por una de sus hojas contra el marco de la puerta... Un regocijo para el sentido del humor en el incipiente Cine anterior a la ėpoca sonora.

Este elemento cómico, en cierto modo, recuerda la controversia que han instalado los populistas en España relacionada con el fichaje por empresas privadas de políticos que han pasado por el gobierno. Lo denuncian como un abuso de la clase oligarca, no sin razón en los casos en que se produce ese trasvase de quien ha tenido responsabilidades de gestión en un área concreta y en un pasado demasiado reciente.

Lo que ocurre es que en la ceremonia de la confusión se incluyen todos los casos, los amparados por la Ley y los flagrantemente irregulares, y ahí es donde reside la cuestión: hay una normativa que regula el aterrizaje en la empresa privada de los altos cargos públicos, y lo aconsejable es endurecerla si es demasiado timorata, pero no utilizar este asunto como demagógica arma partidista.

La cuestión a resolver, con la forma que Podemos plantea este asunto, es si está es inhabilitado para trabajar en la sociedad civil quien ha ocupado un puesto de responsabilidad en funciones de gobierno. Y eso es lo que parece cuando escuchamos hablar de las puertas giratorias.

La remuneración de un ministro, secretario de Estado o del mismo presidente es cada vez más irrisoria, y muchos de ellos salen de sus despachos con la lacra de la ridiculización y el estigma. Si además se pone en duda su posibilidad de reincorporarse a las empresas en los términos que marca la Ley de incompatibilidades, en el futuro sólo querrán llegar a la política quienes no tengan méritos suficientes en el mercado laboral.

Habría que debatir también si no es condenable la puerta giratoria a la inversa. Llegar a los ayuntamientos, las asambleas regionales, el parlamento europeo, el Congreso o el Senado habiendo recibido generosos ingresos de gobiernos extranjeros interesados en inocular en Europa y más concretamente en España un sistema político populista en lo político y desastroso en lo económico, que lo único que instaura es la pobreza.

O haber recibido fondos contados por cientos de miles de euros provenientes de un país cuyos principios escasamente democráticos y cuya vulneración de los derechos humanos inhabilitarían a cualquiera que pretendiera dar el salto desde el plató de su programa de televisión hacia los parlamentos y las sedes gubernamentales. La puerta giratoria también gira en sentido inverso al de las agujas del reloj.

En la actual política española este no es el principal problema por mucho que se quiera poner el foco en él. Lo verdaderamente nocivo es que Rita Barberá siga con su escaño de senadora sin que su partido se lo haya exigido, que nadie en el Psoe haya reprobado aún a Pere Navarro tras conocerse su imputación. Sobre unos casos se colocan potentes focos mediáticos. Sobre otros se corre una vergonzosa cortina opaca.

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