Política

Implosión en el PP: el adiós de Aguirre, el silencio de Barberá y Rajoy cada vez más debilitado

La sede del PP. Imagen: Remo Vicario.

Piensan que nada es casual. Creen que todo lo que están haciendo jueces y policías en Madrid y Valencia está urdido para destruir al Partido Popular. Entienden, y así lo difunden en sus terminales mediáticas, que la operación Taula se manifestó en el momento más complicado para Rajoy y que la intervención del Juez Eloy Velasco en la primera planta de Génova 13 es maliciosamente coincidente con la programada comparecencia de Esperanza Aguirre ante la Comisión Anticorrupción de la Asamblea de Madrid.

Por disciplina profesional nunca descarto cualquier posibilidad, pero tengo especial aversión a las teorías de la conspiración que tanto han envenado a la sociedad española y tan poco han contribuido a que prevalezca la verdad. Por mucha inquina que hubiera en esas instancias contra el partido que aún gobierna, presentarse como víctima para ensombrecer la realidad no solo constituye un insulto a la inteligencia colectiva sino un peligroso opiáceo para amodorrar la indignación general y la interna. Indignación, esta última creciente y necesaria para sacar al PP de la espiral de autodestrucción a la que a todas luces parece condenado ante la absoluta falta de interés y diligencia exhibida por el presidente nacional frente la corrupción.

El cesarismo imperante en la estructura interna del PP no ha permitido hasta ahora toser siquiera al líder sin asumir el riesgo de muerte política. Pero ahora, la incesante aparición de nuevos episodios y la constatación de que no estamos solo ante una desgraciada sucesión de casos puntuales sino de un problema medular instalado en la cultura del partido, le aboca a una regeneración interna de magnitudes revolucionarias.

Lo que desde hace tiempo se oía solo entre la militancia de base y en voz baja entre los cargos públicos y orgánicos del PP, es ya un clamor que empieza a trascender. El pasado viernes, y en escenarios distintos, los vicesecretarios Andrea Levy y Javier Maroto reclamaban públicamente una depuración interna ante "el bochorno" que provocan los casos de Valencia en Madrid. Una purga -dijeron- que "se lleve a quien se lleve y caiga quien caiga".

En lo de Valencia como no maliciarse que esconden y protegen a Rita Barberá porque sabe demasiado. Aún más incomprensible resulta que quien fue todopoderosa alcaldesa no haya salido a dar una sola explicación a pesar del clima general de sospecha que se cierne sobre ella. Hay que torturar demasiado la ingenuidad para aceptar que se puede vivir tanto tiempo en un fangal sin que te salpique el lodo o adviertas al menos el hedor que despide.

En el caso de Madrid, territorio predilecto de Gurtel y Púnica, el registro de los ordenadores de su ex gerente Beltrán Gutiérrez Moliner ha evidenciado las actitudes de los dirigentes del PP dependiendo de la proximidad de sus imputados. Cospedal ordenó el cese de Beltrán Gutiérrez como gerente del PP de Madrid cuando se vio envuelto en el escándalo de las tarjetas black. Fue dado de baja el 6 de octubre de 2014. Un día después, Aguirre le daba de alta como empleado de base pero manteniéndole el sueldo. Otro despido en diferido, como el de Bárcenas.

Este tipo de actitudes es lo que mantiene a la altura del betún la credibilidad del PP en cuanto a su disposición de acabar con las corruptelas. No debe ser fácil resultar verosímil al ofrecer un pacto anticorrupción como hizo Rajoy la pasada semana mientras la Guardia Civil procede a registrar por tercera vez Génova 13.

Todo ello tiene devastadores efectos sobre las expectativas del PP, en general, y de Mariano Rajoy, en particular, en tan crítica tesitura política. Un destacado miembro del gobierno me lo reconoció hace unos días desde su convencimiento de que las elecciones del 20D habían puesto "el contador a cero", en lo que se refiere a la corrupción, y que los nuevos escándalos rebajarían el apoyo electoral en caso de volver a elecciones.

Mientras Pedro Sánchez intenta una investidura con tintes de misión imposible, la posición de Rajoy se debilita a marchas formadas en la formación que lidera.

El domingo a mediodía, Esperanza Aguirre presentaba su dimisión como presidenta del PP de Madrid motivada, según dijo, por las últimas informaciones sobre la financiación ilegal del PP en la región. "Asumo mi responsabilidad política, tenía que haber vigilado mejor -afirmó- la corrupción nos está matando".

La senadora Rita Barberá no debería tardar en hacer un gesto similar. Y como ellas unos cuantos más. Si esperan mucho puede que sea demasiado tarde. El proceso de degradación del PP es tan acusado que lo sitúa al borde de la implosión.

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forum Comentarios 3

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Aldeano
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El pp agujero negro de esta nuestra querida España.

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#1
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Creo que el antiguo jefe de vuestro fundador lo llamaba "conspiración judeo-masónica", cuando tenía que salir a defender las bondades del nacional-catolicismo del peligro bolchevique.

¿De casta le viene al galgo?

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#2
Sensato
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Templanza y tiempo señor Rajoy.

Que le queda la segunda investidura.

Puntuación -4
#3