Política

La historia del gallego hábil y de Sánchez, el príncipe destronado

Pedro Sánchez, secretario general del PSOE. Imagen: Archivo

Pedro Sánchez vuelve a la casilla de salida. La presión política y, con ella, la mediática, recaen una vez más sobre el líder de la oposición a quien, en esta historia interminable de acuerdos y desacuerdos, parece haberle tocado el papel de príncipe destronado haga lo que haga.

No fue investido y muchos le acusaron de protagonizar una farsa o esperpento. Ahora, le exigen taparse la nariz y presentar su cabeza en una bandeja de plata, con una abstención en el próximo debate de investidura, cuando quiera que éste se celebre.                            

Nadie puede negarle al presidente en funciones, Mariano Rajoy, la habilidad para hacerse a un lado y desviar hacia otros la pesada carga del foco público. El jefe del Ejecutivo se repliega unos días a su tierra, a Galicia, para pensarse las condiciones de Albert Rivera y consciente de que, pase lo que pase, nadie podrá decirle que no lo ha intentado.

Lo único que se debate ahora es lo caro que podría salir al país un "no" del PSOE, con la convocatoria de las terceras elecciones, el desgobierno prolongándose más allá de los límites de lo racional y la más que previsible sanción comunitaria que la falta de unos Presupuestos podría acarrearnos a partir del 15 de octubre.

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