Política

Iglesias y Errejón, a cara de perro

Errejón e Iglesias. Imagen: EFE.

Es la foto de la semana, la que difundieron todas las teles, acaparó el miércoles las portadas de los tabloides e inundó la red. La única que logró eclipsar por unas horas la omnipresente imagen de Trump con su tortilla francesa en la cabeza. Era la foto de Pablo Iglesias e Íñigo Errejón discutiendo a cara de perro en el Congreso. Una instantánea inédita largamente buscada porque ambos vienen librando desde hace meses una intensa batalla interna que uno y otro se esforzaron públicamente en envolver con un celofán de discusión amigable , y sincera propia de una organización democrática . Estaban empeñados en hacernos creer que no había acritud en sus diferencias de criterio, que mantenían el mismo buen royo que el mostrado desde la génesis de la formación morada.

Resultaba ya un tanto ingenua su pretensión de mantener esa ficción mientras asistíamos a toda suerte de puñaladas traperas como la campaña "Íñigo así no", las difamaciones orquestadas en Facebook o las vitriólicas declaraciones de Juan Carlos Monedero, quien un día dijo retirarse para "volar libremente" pero al que le gusta estar siempre por medio. Nada de eso es compatible con irse luego juntos de botellines.

Es obvio que algo se ha roto en la relación personal entre los números uno y dos de Podemos. Que la discusión estallara en los escaños del Congreso, que no es precisamente un lugar discreto, permite constatar hasta que punto ambos líderes han perdido la comunicación, que cada uno está sumergido en la batalla que les enfrenta y del profundo calado de la misma. Su tan fotografiada bronca le pone oficialmente fin al buenísimo militante y al "partido del amor" como llegara a denominarlo Pablo Iglesias.

Del amor se ha pasado a la rivalidad y en alguna medida al odio y no tanto por los dos protagonistas principales, en los que a buen seguro persistirá el recuerdo de lo que fue una amistad sincera, sino por sus entornos en los que se mezclan las banderías clásicas de cualquier formación con los resabios de noviazgos entrelazados y las luchas de poder puras y duras. Nada que debiera sorprendernos pues es el precio que han de pagar por alcanzar la madurez.

Podemos era un partido bisoño que había pasado de la nada a los cinco millones de votos en un tiempo récord. "Teníamos que correr- decía Errejon- mientras nos anudábamos las zapatillas" . Era lógico que en algún momento se pisaran los cordones. Ha ocurrido en el momento en el que han tenido que preguntarse que quieren ser de mayores. Y no es lo mismo lo que quieren ser unos y otros. Hay diferencias notables, tantas como para determinar el futuro de la izquierda en España que aspira a gobernar. No es lo mismo apostar por la vía institucional como propugna Errejón que por las movilizaciones como pretende Iglesias. No es igual el escoramiento a la izquierda extrema del número uno que la izquierda de amplio espectro del número dos.

Hay sobre todo una concepción distinta de los equilibrios en el poder orgánico del partido. Por resumirlo en pocas palabras Pablo Iglesias aspira a un "hiperliderazgo" con el que Iñigo Errejón no está dispuesto a tragar. El modelo presidencialista de Iglesias es propio de la tradición comunista de la que procede el núcleo duro pablista mientras que Errejón pretende un partido colegiado que reste poder al secretario general en favor de los líderes territoriales. Este último es un modelo organizativo más parecido al del PSOE con la notable diferencia de que mantiene el sistema asambleario.

El desencuentro entre ambas facciones sobre estos asuntos medulares no solo ha mermado la relación de confianza entre quienes las representan también evolucionó las estrategias y pretensiones. El resultado apretado de la batalla de Madrid y sobre todo el aún mas ajustado de la consulta sobre las bases del cónclave ,que situó las tesis errejonistas tan solo a poco mas de dos puntos de las de Iglesias, marcó un antes y un después.

Errejón nunca habló de disputarle el liderazgo y procurando insistir en la necesidad de que Iglesias continúe siendo secretario general. Sin embargo ante la fortaleza exhibida por el número dos es obvio que subyace la posibilidad de que una victoria de sus tesis le sitúe en condiciones de disputarle esa posición. Tal convicción es la que le ha permitido afrontar en posición de fuerza las negociaciones para llevar una propuesta conjunta a Vistalegre II. Un hipotético acuerdo en el que Errejón tenía poco que ganar. Su fuerza se mantiene incólume con una propuesta diferenciada que como poco obtendrá apoyos suficientes para ganarse el respeto si es que no vence a la que presenta Pablo Iglesias, algo que, a día de hoy no hay que descartar. Si así fuera pondría al número uno en una situación harto complicada.

Iglesias dijo que no estaba dispuesto a dirigir Podemos con unas ideas que no comparte, De permanecer tras la derrota lo haría desdiciéndose, muy debilitado y con la mirada vigilante de un fortalecido lugarteniente. Y si abandona el cargo adivinen quien lo ocuparía por aclamación. Así la bronca se entiende.

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