Política

PP, Podemos y PSOE, entre la paz oficial y las fracturas irresolubles

  • Desde este viernes hasta junio los tres partidos renuevan sus órganos
María Dolores de Cospedal y Mariano Rajoy. Imagen: EFE

Después de un miniperiodo de paz tras un largo año de cortas legislaturas, tres sesiones de investidura, mucha conversación en las dependendencias del Congreso de los Diptaudos, en sus pasillos, en sus patios, o delante de las croquetas de Casa Manolo -a las espaldas de la Cámara Baja-, en este orden, Partido Popular, Podemos y PSOE se enfrentan a sus respectivos congresos nacionales o también llamadas asambleas, de los cuales saldrán elegidas las nuevas direcciones de los tres grandes partidos del actual arco parlamentario. Los Congresos están para ganarlos: así calientan motores los partidos.

Con igual igual calendario, PP y Podemos arrancan este fin de semana el encuentro con su militancia. Allí debatirán los grandes temas que conformarán el esqueleto programático de sus formaciones. La cuestión ideológica, paradojas retóricas, es lo menos importante. Los populares, por su parte, buscan tranquilidad y transaccionar. Y habrá reparto de poder. Podemos, por la suya, se debate todavía entre el cabreo permanente, o sentar la cabeza para hacer política y cambiar la vida de los votantes. Lo del PSOE es otro cantar. Tendrán que esperar a junio, pero el diagnóstico es complicado.

El PP deja para el final las enmiendas difíciles, como el futuro de Cospedal

Parecía que todo iba como una balsa de aceite, y resulta que el miércoles por la tarde, el vicesecretario de Organización, Fernando Martínez-Maíllo confesaba a la prensa que la enmienda que resolverá la continuidad de la actual secretaria general del PP, a la sazón, Dolores Cospedal, está en el aire.

Así pues, habrá que esperar hasta el próximo viernes, quizás hasta el sábado, para saber qué futuro le depara a esta enmienda que afecta a la incompatibilidad de cargos -concretamente de un cargo- y a la acumulación de los mismos. Lo cierto es que el polémico punto, a veces el único que ha centrado el interés del Congreso Nacional que el PP va a celebrar con cinco años de retraso, se lleva la palma. Y la explicación es sencilla. El PP ha logrado transaccionar, acordar con el PP de Madrid las primarias para su Congreso. Resulta que la limitación de mandato ya no es un tema de interés y ha ido perdiendo fuelle en el debate, y en palabras de Maíllo, "tiene poca trayectoria de manera que la discusión se va a reducir a la mínima expresión". De igual modo, resulta que, para hablar de maternidad subrogada, un asunto que genera más urticaria en el PP que repelús le da a Pedro Sánchez Susana Díaz, los populares generarán "un texto de consenso donde todo el mundo se sienta cómodo", hallando refugio "en el voto en conciencia".

Ahora, a dos días del Congreso el cargo de Cospedal está sin resolver. Y la situación es tal porque de las 1.334 enmiendas que han pasado por la Ponencia Política y de Estatutos, de los cuales el 80 por ciento -punto arriba, punto abajo- ya han sido transaccionadas -negociadas, para el común de los mortales-, unas 300 siguen vivas y forman parte del corpus del debate. Vivas como las 11 que critican la acumulación de cargos. Ya lo ha dicho Martínez-Maíllo: "Para el Congreso quedan las ponencias más difíciles".

Las palabras del vicesecretario de Organización fueron diáfanas. A la política castellano-manchega le toca esperar, siempre a expensas de que Mariano Rajoy ya haya tomado una decisión y, por el poder que le confiere su posición en el órgano ejecutivo, decida que no hay más enmienda que la suya.

Lo que sí ha quedado meridianamente claro tras la exposición del número tres de Génova 13 es que, en el caso de que el presidente Rajoy quiera recuperar la figura de coordinador para la dirección del partido, lo que ocurrió en el año 1996, "no hay necesidad de cambiar los estatutos".

Y en cuanto a la vieja ambición de Nuevas Generaciones de abrirse hueco en los órganos de dirección, pues es más que probable que entre en el capítulo del sueño de los justos, es decir, en el de la eternidad.

Arrancado el siglo XXI, no ha quedado cerrada la pincelada ideológica. Charrán o gaviota, es casi anecdótica.

Los populares no han votado qué y donde colocar algo que haga alusión a su identidad ideológica. ¿Liberales? ¿Liberales-conservadores? ¿Humanismo cristiano y liberales? Lío morrocotudo éste cuando Ciudadanos acaba de arrogarse los títulos de liberales-progresistas. En fin, el punto está vivo. Queda pendiente de resolución, y en cualquier caso será curioso el debate. Porque lo que no está en el centro de la polémica es la figura del presidente de honor, papel que hasta ahora desempeñaba José María Aznar, hasta que decidió darse de baja del cargo. La silla continúa... ¿vacía? Pues eso es lo que no se sabe. Puede ser una sorpresa de última hora, o no, como diría el político gallego, y ahora emula Maíllo.

Y por último, primarias y sistema de doble vuelta. Resueltos los acuerdos entre la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, y la dirección nacional, Martínez-Maíllo reconoció que, llegados a este punto, están "dispuestos a negociar, porque este tema se va a tener que transaccionar". La miga está en los porcentajes para pasar a la segunda vuelta.

Podemos: tres líderes, en tres años, para el programa de Vistalegre II

Del triunfo más absoluto en las urnas, a una formación política partida en tres pedazos en un tiempo récord de tres años. De la púrpura del color de la formación creada por unos chicos de Políticas, a una cruenta batalla dialéctica de poder, y de formas de entender el ejercicio de la política y poner en práctica los programas. La purga de desayuno, la enganchada en las redes sociales en la cena. Podemos llega a Vistalegre II descompuesto. Pablo Iglesias, el líder indiscutible, el macho alfa, el hombre de Podemos en los medios, quiere radicalización. Con la transversalidad en el baúl de los recuerdos, el abogado y sociólogo desea que la política encuentre su hábitat natural en la calle. Movilizaciones a todas horas, y mensaje de unidad y de supuesta resignación si pierde su programa e Íñigo Errejón, el segundo de abordo, le toma la delantera con el trabajo en las instituciones y la intención de pactar con el PSOE para influir en la vida política española.

En medio de este culebrón, de este vodevil, de esta lucha pueril con renuncias a última hora como las de Carolina Bescansa, o Luis Alegre, los anticapitalistas, que finalmente se suman a Pablo Iglesias de la mano de Miguel Urbán, también buscan su esfera de influencia. Con buenas maneras, pero sin dejar de actuar, propician un desmembramiento de la órbita-madre de Iglesias para cobrar más independencia y autoridad dentro de un partido que no acaba por concretar el alcance de sus acuerdos con IU. La tensión con la que llega Podemos a Vistalegre II, inmortalizada desde el banquillo del Congreso de los Diputados, y desde los pasillos del noble edificio donde cada miembro del partido levita por su lado, no se ha visto rebajada, ni siquiera con el toque de atención de Carolina Bescansa, y el último de Luis Alegre.

En el escenario de falsedades fingidas, el secretario general de Podemos, y candidato a la reelección en la II Asamblea Ciudadana que el partido celebrará el 11 y 12 de febrero, ha pedido preservar las "complicidades" tras el cónclave "para que no nos tengamos que ver en el funeral de una compañera o de un compañero y preguntarnos por qué discutimos".

Iñigo Errejón, entre tanto, afirma que el compañero Pablo Iglesias "va a salir elegido secretario general" de Podemos y que, en cualquier caso, él no asumirá esa tarea en caso de que dimita. "Creo que tiene que cumplir con esa tarea y en ningún caso voy a ser un obstáculo para construir un proyecto más unido". ¿Habrá que creérselo?

Sánchez pone de nuevo al PSOE en la cuerda floja

El lío del Partido Socialista se asemeja más a una pieza del teatro de lo absurdo que a la de una formación política que ha gobernando España durante 22 años. Se acerca a nuevas primarias con los deberes sin hacer. Aquella noche infausta en la que Pedro Sánchez dimitió, pero se juró para sus restos que volvería con sed de venganza, cobra actualidad y vigencia con el anuncio de su candidatura.

Con una gestora noqueada por los acontecimientos, sin noticias de Susana Díaz, con la proclama de Patxi López -quien para algunos es un traidor, para otros un hombre de partido que viene a resolver y taponar un problema, para ciertos, un oportunista en sus últimos días de carrera política, y para unos pocos, cada vez más, una pinza por si acaso a la andaluza no le salen las cuentas-, el PSOE llega a la recta final con poco aire en los pulmones y el temor de que Pedro Sánchez gane las primarias y dé al traste con el partido centenario. Y ello porque, y según sus últimas declaraciones, lo que quisiera es transformar el PSOE en una agrupación asamblearia, al modo de la CUP, y acercarse más a Podemos de la mano de Íñigo Errejón, como ha confesado.

Mientras, en las cábalas de algunos dirigentes, y ante esta atmósfera desoladora que se avecina si Pedro Sánchez gana las primarias, cabe todavía la efímera esperanza de que, bien haya un tapado, bien alguien abandone el miedo y se atreva a dar un paso adelante y presentar una candidatura moderna, sin mochilas. Se busca un perfil preparado, sin los complejos de la izquierda europea, capaz de liderar un proyecto ganador y alternativo al Partido Popular, y desde postulados del centro izquierda. ¿Es acaso Javier Fernández? Hoy es el más valorado.

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