Política

Birmania y Bangladesh negociarán repatriar a más de medio millón de rohinyás

Naipyidó, 21 nov (EFE).- Birmania (Myanmar) y Bangladesh han acordado negociar a partir de mañana la repatriación más de medio millón de rohinyás huidos de la persecución en el primero de esos países y que permanecen en el segundo en condición de refugiados.

El anuncio se produjo al concluir hoy en Naipyidó la 13 reunión ministerial del foro de cooperación Asia Europa (ASEM), que contó con la participación de 51 naciones de ambos continentes y en la que el éxodo rohinyá fue omnipresente, pese a no figurar en la agenda.

La líder de facto de Birmania, Aung San Suu Kyi, evitó precisar el plazo para alcanzar un compromiso que permita el regreso en condiciones seguras de los miembros de esa comunidad musulmana que se han visto obligados a exiliarse en el vecino país.

"Lo antes posible", dijo en rueda de prensa.

Birmania y Bangladesh han mantenido contactos para resolver el drama humanitaria, pero el próximo proceso de negociación -cuya ronda inicial tendrá lugar en Naipyidó y se prolongará hasta el jueves-, será la primera ocasión en que aborden la crisis a nivel ministerial.

El jefe de la democracia de Bangladesh, Mahmud Ali, permanecerá con ese objetivo en esta capital tras asistir a la reunión de ASEM.

Aunque no ha sido confirmado por fuentes oficiales, su interlocutora previsible es la propia Suu Kyi, que además de líder de facto del Gobierno ocupa la cartera de Exteriores.

Tanto la ONU como la UE han instado reiteradamente a Birmania y Bangladesh a entablar negociaciones para frenar el éxodo fronterizo.

Más de 600.000 rohinyás se encuentran refugiados en Bangladesh después de que Birmania emprendiera una operación militar contra esa comunidad tras morir en agosto una decena de uniformados en un ataque del llamado Ejército de Salvación Rohinyá de Arakan (ARSA).

Al menos 400 personas perdieron la vida y 300 poblados fueron arrasados en la operación de represalia contra ese grupo étnico de fe islámica en un país donde el budismo, a veces en su versión más radical, es el credo del 90 por ciento de los habitantes.

De acuerdo con fuentes diplomáticas, el anuncio del inicio de una negociación bilateral a alto nivel gubernamental es un paso en la buena dirección, pero el proceso que se avecina será largo y penoso.

La identificación de los refugiados plantea un obstáculo difícil de superar, en la medida en que Birmania no reconoce la ciudadanía a los rohinyás, que cataloga como inmigrantes bengalíes, por lo que carece de un censo fiable de los miembros de la comunidad en el país.

A ese escollo se suma la condición de que la repatriación se produzca de manera voluntaria y entre los refugiados sigue vivo el recuerdo de las atrocidades cometidas en los últimos tres meses, y en importante proporción se resisten a regresar a su país de origen.

Preguntada por los periodistas, Suu Kyi se limitó hoy a indicar que "en el curso de la negociación se esclarecerán esos detalles".

La crisis rohinyá dominó el debate en la conferencia de ASEM en la que se ha alumbrado el proceso de negociación para resolver el drama humanitario, y países de mayoría de población islámica, como Malasia e Indonesia, lo sacaron a relucir en el plenario de la reunión de dos días.

Los representantes de esos países aludieron, no obstante, a los rohinyás como "refugiados del estado de Rakáin", hogar de esa comunidad y en el oeste de Birmania, donde el nombre de ese grupo étnico está prohibido oficialmente por considerarlo extranjero.

También por presión birmana, en la declaración final de la conferencia no se hace referencia alguna a la crisis rohinya.

En contraste -y en lo que algunos analistas contemplan como un éxito diplomático de Suu Kyi-, en ese texto se propone como objetivo la lucha conjunta contra "la inmigración ilegal", que es el marco en que se sitúa con frecuencia a los rohinyás en el país anfitrión.

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