Política

El inusitado Gobierno de António Costa llega a su ecuador con luces y sombras

Lisboa, 26 nov (EFE).- La inédita alianza de izquierdas que hace dos años permitió al socialista António Costa formar el Gobierno de la "geringonça" (chapuza, en español) en Portugal, celebra hoy el ecuador de una legislatura marcada por luces, como los buenos datos económicos, y sombras, como la tragedia de los incendios.

Veinticuatro meses después de llegar al cargo, el Ejecutivo conmemora la fecha con algunas metas alcanzadas y varios desafíos.

En estos dos años ha conseguido superar expectativas exhibiendo estabilidad con sus socios de la izquierda radical, el marxista Bloque de Izquierda y el Partido Comunista Portugués (PCP).

Con ellos ha sacado adelante presupuestos y ha ido aliviando parte de la austeridad que se impuso en el país durante el rescate de la troika, al tiempo que ha conseguido convencer en Bruselas de la solidez de sus cuentas.

Algunos de los hitos que marcan este segundo año de Gobierno son, por ejemplo, la salida en junio del procedimiento de déficit excesivo, bajo el que se encontraba desde 2009.

También ha resonado especialmente la mejora que la agencia de calificación Standard and Poor's (S&P) realizó en septiembre de la nota de la deuda soberana de Portugal, a la que sacó del nivel de "bono basura", donde permanecía desde enero de 2012.

Sin embargo, el escenario se tornó más turbulento a partir de este verano.

La oleada de incendios, que deja este año más de cien muertos, y las reivindicaciones de los trabajadores, que exigen la actualización de sus salarios, son las principales sombras de la segunda mitad del año, en la que además parece haberse enfriado la relación con el presidente de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa.

El conservador Rebelo de Sousa, que ocupó el cargo cuatro meses después de que Costa formase Gobierno, ha sido en su papel de abanderado de la estabilidad política un aliado para el Ejecutivo, con el que sin embargo mostró su aspereza a raíz de los incendios.

El presidente, que cuenta con una enorme popularidad en Portugal -es el único político que no deja de subir en las encuestas- lanzó en octubre un duro mensaje sobre la respuesta a los incendios que precipitó en menos de 24 horas la dimisión de la ministra de Administración Interna, Constança Urbano de Sousa.

Muchos comentaristas y editoriales vieron en ese movimiento el primer choque visible entre la jefatura de Estado y el Gobierno, que ha contado también con una mayor estabilidad por el desgaste de la oposición, algo que puede cambiar en apenas dos meses.

Los conservadores del PSD (centroderecha), liderados por el ex primer ministro Pedro Passos Coelho (2011-2015), tendrán en enero sus primarias para elegir a un nuevo representante tras el batacazo sufrido en las elecciones municipales del pasado 1 de octubre, en las que tuvieron un importante retroceso.

Sea quien sea el sustituto de Passos Coelho, el hombre que dirigió Portugal durante los años del rescate, se espera un discurso más duro, similar al que ya ejercen los aún más conservadores del CDS-PP, que plantearon una moción de censura al Gobierno de Costa por la gestión de los incendios.

La otra turbulencia que espera para los dos próximos años está en la calle. Los trabajadores, conscientes de las buenas noticias económicas, exigen que se actualicen sus salarios, prerrogativa en la que obtienen el apoyo de los comunistas y los marxistas del Bloque de Izquierda.

El problema será el margen de los presupuestos, en los que se estima un crecimiento de la economía para 2018 del 2,2 % y una reducción del déficit hasta el 1 %.

El ministro de Finanzas, Mário Centeno, hombre fuerte del Gobierno -y cuyo nombre suena para presidir el Eurogrupo- argumentó que se trata de un "presupuesto de izquierdas" porque las cuentas incluyen una reducción de los impuestos sobre la renta de los trabajadores y una subida de los pensiones.

Pero puede que no basten para reponer los salarios congelados de profesores y médicos, o aumentar el salario mínimo de los 557 euros actuales a los 600 que quieren los sindicatos, que ya han dejado claro que no van a esperar más tiempo.

WhatsAppWhatsAppFacebookFacebookTwitterTwitterLinkedinlinkedin