Política

Moon Jae-in, el equilibrista que ha ayudado a que Pyongyang salga del redil

Seúl, 10 mar (EFE).- El presidente surcoreano, Moon Jae-in, ha sido clave a la hora de facilitar los actuales progresos diplomáticos con Corea del Norte, sorteando en el camino la presión de diversos sectores con importantes dosis de paciencia y discreción, según los analistas.

El peso de Moon en el proceso de deshielo nuclear ha quedado patente en el hecho de que el presidente de EEUU, Donald Trump, conocido por su afán de protagonismo, haya preferido que fuera Corea del Sur el que diera el histórico anuncio de su encuentro con el líder norcoreano, Kim Jong-un, en vez de hacerlo él mismo.

Moon llegó al poder en mayo de 2017, tras unas elecciones adelantadas por el escándalo de corrupción de la expresidenta Park Geun-hye y anunció enseguida una política de doble vía para lidiar con Pyongyang, sumido en pleno frenesí de pruebas armamentísticas y de intercambio de amenazas con Trump.

Por un lado era partidario de mantener la política de sanciones consensuada con EEUU y buena parte de la comunidad internacional y por otro, de impulsar el acercamiento con el país vecino con la idea de que la mejora de relaciones intercoreanas era indispensable para avanzar hacia la desnuclearización.

Independientemente de que esto último despertara cierto recelo en Washington y enojara al espectro conservador surcoreano, que lo tachó de iluso, Moon quiso usar desde el principio los Juegos Olímpicos de Invierno celebrados en Corea del Sur como escenario para articular esa aproximación.

"Hace solo dos meses nos estábamos preguntando si habría guerra y ahora vemos un montón de progreso gracias a los esfuerzos proactivos de Moon a la hora de mediar", explica a Efe Chang-hee Nam, profesor de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Inha de Incheon (al oeste de Seúl).

Esa capacidad a la hora de "mediar" es destacada por muchos analistas tras ver los buenos frutos que ha dado el intercambio de emisarios entre Norte y Sur con el trasfondo de los Juegos y que han impulsado de nuevo la tasa de aprobación del presidente surcoreano por encima del 70%.

"Las conversaciones entre los dos países desde luego han ayudado, porque hablar es siempre mejor que no hacerlo, y en este sentido Moon ha sido persistente y paciente pese a las críticas que lo han tachado de complaciente (con el régimen)", añade Chang.

Kim Jung-chull, del Instituto de Estudios para la Paz y la Unificación de la Universidad Nacional de Seúl, cree que, además del empuje de Moon, el actual aperturismo norcoreano viene dado por varios factores, entre ellos el efecto de las duras sanciones, que ahora incluyen a Pekín, principal socio comercial del régimen.

Por ello, cree que "el rol de Corea del Sur como moderador está siendo especialmente visible, dado que Corea del Norte desconfía ahora más de China" y que Moon ha sabido llenar bien el hueco que ha dejado el gigante asiático, que actuó como árbitro principal durante las fracasadas negociaciones a seis bandas de la pasada década.

Todos los expertos consultados por Efe coinciden además en el otro factor que ha empujado a Pyongyang a la arena diplomática: tras un año de continuos ensayos de armas, el régimen considera que cuenta con un verdadero elemento disuasorio con el que negociar con Washington y poder garantizar su supervivencia.

"Si la Administración Trump sigue insistiendo en sus exigencias de que Corea del Norte dé pruebas claras de su desnuclearización como condición previa a negociar, hay muchas posibilidades de que Washington termine rechazando propuestas", considera Kevin Gray, experto en relaciones internacionales en Asia oriental de la Universidad de Sussex.

"El gran reto para Moon va a ser mantener a bordo a EEUU para aprovechar la oportunidad que se ha presentado", añade.

Continuar fortaleciendo la alianza con Washington y mantener los débiles lazos con Pyongyang será clave, dice por su parte Chang, que cree que Moon va a tener que trabajar aún más duro a partir de ahora para encontrar un "terreno común" entre ambas partes y tratar de explotar y ampliar ese espacio al máximo.

Andrés Sánchez Braun

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