Política

En medio de su propio desgaste, Merkel alerta de la erosión de los grandes partidos

Berlín, 28 sep (EFE).- La canciller alemana, Angela Merkel, alertó hoy de la erosión que sufren las grandes formaciones como su Unión Cristianodemócrata (CDU), en un acto organizado por sus filas, consagrado a arropar a la líder frente a su situación de desgaste de poder.

"Los partidos mayoritarios pasamos por grandes dificultades y no debemos acomodarnos a esta situación", advirtió la jefa del Gobierno alemán, desde la sede de la Fundación Konrad Adenauer, entidad afín a la CDU, el partido que preside desde 2000.

Alemania, como el resto de Europa, está sacudida "por ataques internos y externos", en un contexto internacional en que el multilateralismo está asimismo "amenazado", aseveró Merkel, quien apostó por la "defensa de los valores que caracterizan a la CDU".

Merkel puso especial énfasis en la "U" de sus siglas, referida a "unión", lo que a su juicio remite tanto a la búsqueda de la cohesión entre sus corrientes internas como a la integración en sus filas de nueva militancia.

"Hay que ser valientes, no convencionales, y creativos", dijo, para referirse a continuación a la necesidad de mantenerse dentro de una "cultura del debate" basado "en los argumentos", sin tratar de imponerse sobre el interlocutor "a fuerza de alzar la voz".

Con ello incidió Merkel en dos características de su estilo de hacer política -el diálogo, la búsqueda de compromisos y "el rechazo a las estridencias"-, en un discurso enmarcado en las persistentes tensiones en su gran coalición de Gobierno y las primeras señales claras de pérdida de autoridad en sus filas.

"Tenemos el honor de recibir a nuestra presidenta y a una canciller que esperamos siga siéndolo por mucho tiempo, por encima de ciertas ideas absurdas de algunos", afirmó en su saludo a la canciller Norbert Lammert, presidente de la Fundación Adenauer.

Lammert, representante del ala leal a Merkel, se despidió el año pasado como presidente del Bundestag (Parlamento federal), tras 37 años como diputado, advirtiendo de los efectos que tendría el acceso a esa cámara de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD).

Fue después de las elecciones generales del 24 de septiembre de 2017, en que la CDU y su hermanada Unión Socialcristiana bávara (CSU), se hundieron en mínimos históricos, igual que el Partido Socialdemócrata (SPD), mientras que la AfD se convirtió en tercera fuerza.

Un año más tarde, Merkel lidera de nuevo una gran coalición entre su bloque conservador y el SPD, solo que su cuarto mandato su alianza de Gobierno ha estado salpicado por frecuentes amagos de ruptura.

El principal foco de tensiones ha procedido del líder de la CSU y ministro de Interior, Horst Seehofer, representante del ala más derechista del bloque conservador.

Seehofer atraviesa su propio via crucis, ya que los sondeos apuntan a que la CSU perderá en los comicios regionales de Baviera, el próximo 14 de octubre, la mayoría absoluta que esa formación ha tenido casi ininterrumpidamente en su "Land" desde hace décadas.

Esta semana, en que se cumplía un año de la precaria victoria de la CDU/CSU, Merkel encajó la derrota de quien en los pasados 13 años fue su jefe del grupo parlamentario, Volker Kauder, representante de su línea.

En su lugar resultó elegido para ese cargo, contra pronóstico, Ralph Brinkhaus, un rostro poco conocido hasta ahora a escala federal.

Este relevo ahonda en la sensación de pérdida de control sobre sus filas de Merkel, quien llegó a la jefatura de la CDU en 2000, con el partido hundido en un escándalo de financiación irregular, tras llamar a los suyos a "emanciparse" de quien era su patriarca -y su padrino político-, el antiguo canciller Helmut Kohl.

El acto de la Konrad Adenauer fue para Merkel un encuentro entre amigos en "tiempos turbulentos", como lo definió Lammert.

La segunda persona a quien saludó la canciller al entrar en esa sede -tras Lammert- fue Thomas de Maizière, ministro del Interior en la anterior legislatura, quien dejó este cargo el pasado marzo para cedérselo al incómodo Seehofer, que lo reclamaba para sí.

Por Gemma Casadevall

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