Política

Xi, el campesino a la fuerza que leyó un Quijote clandestino

Madrid, 28 nov (EFE).- El presidente chino, Xi Jinping, ha confesado hoy en una sesión solemne de las Cortes celebrada en el Senado que leyó El Quijote clandestinamente, en los años sesenta, cuando trabajaba "como campesino" durante la Revolución Cultural, en un guiño revelador de su interés por la cultura española.

Aunque no lo ha dicho en su alocución en el Antiguo Salón de Sesiones del Senado, su lectura de la obra de Miguel de Cervantes se produjo en la comuna agrícola de la provincia de Shaanxi a la que fue enviado a los 16 años mientras su padre estaba en la cárcel acusado de conspiración por el régimen maoísta.

Sí ha recordado que como el Quijote estaba entonces prohibido en China, la versión en la que conoció las aventuras del ingenioso hidalgo seguramente "no era una traducción muy buena", pero aquel fue su primer contacto con una obra de dimensión universal.

No en vano, el presidente de la Cámara Alta, Pío García-Escudero, sentado junto a Xi y la presidenta del Congreso, Ana Pastor, en la presidencia del aterciopelado salón ovalado que el Senado reserva para las grandes ocasiones, había aludido en su bienvenida a la primera traducción del Quijote al chino volcada desde el español.

Data de 1978, por lo que las aventuras que Xi leyó cuando era campesino a la fuerza seguramente habían sido traducidas desde otro idioma, muy probablemente desde una versión inglesa.

La solemne sesión de las Cortes Generales preparada por el Senado para acoger al presidente de la segunda economía más importante del planeta no ha suscitado mucho interés entre los parlamentarios españoles, en una semana sin plenos en el Congreso ni el Senado.

Así, no han llegado a dos centenares los escaños de terciopelo granate ocupados para el acto de esta mañana, poco más de media entrada, y en muchos de ellos se han sentado funcionarios españoles y miembros de la delegación china, con lo que el número de diputados y senadores ha sido bastante inferior.

Han acudido, eso sí, miembros de las Mesas de ambas Cámaras, y portavoces de la mayoría de los grupos, que han seguido con interés la traducción simultánea del discurso de Xi Jinping, quien no se ha limitado a leer los folios donde que traía escrito su discurso, porque ha improvisado en más de un pasaje, y de buena gana.

Ha llegado al Palacio del Senado poco después de las once de la mañana desde el cercano Palacio de Oriente, escoltado por un imponente dispositivo de seguridad que incluía una decena de trajeados escoltas al trote alrededor del Rolls Royce negro de Patrimonio Nacional en el que se desplaza durante su visita de Estado.

Con todas las calles de la zona cortadas al tráfico y decenas de chinos con bufandas y banderas rojas afanados en darle una bienvenida popular en la Plaza de Oriente y la calle Bailén, el despliegue de seguridad ha sido imponente y ha incluido dispositivos de alta tecnología para interceptar posibles drones agresivos.

Dentro del Senado, mientras escuchaba a Pío García-Escudero hablar del jesuita español Diego de Pantoja, que vivió más de veinte años en China al final de la Dinastía Ming, el presidente Xi ha bebido agua de un vaso dispuesto junto a los papeles de su alocución.

De los tres vasos de agua preparados para Ana Pastor, el presidente del Senado y su invitado chino, el de Xi era el único tapado con un cartón circular de color blanco.

Así fue colocado en la mesa y así se ha retirado al terminar la ceremonia, durante la cual ha invitado a los diputados y senadores presentes a visitar China, oferta que ha causado un cierto y festivo revuelo en los parlamentarios a tenor de sus sonrisas y cómplices miradas acompasadas al ritmo de las palabras del intérprete.

Xi Jinping había recibido antes las medallas del Congreso y el Senado de manos de sus respectivos presidentes, y al acabar el acto, antes de marchar rumbo a Moncloa, se ha dirigido a la espectacular biblioteca neogótica de la Cámara Alta, construida en hierro forjado.

No conserva el Senado ningún libro de Diego de Pantoja, autor de varias obras en chino que llegó a obtener permiso para entrar en la Ciudad Prohibida de Pekín, pero a Xi se le han mostrado otras joyas bibliográficas de frailes que estuvieron en China entre los siglos XVI y XVII, como el jesuita Matteo Ricci o el dominico Domingo Fernández Navarrete.

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