Política

Camboya recuerda el 40 aniversario del fin del régimen del Jemer Rojo

Bangkok, 7 ene (EFE).- Camboya recuerda hoy el 40 aniversario del fin del régimen del Jemer Rojo sin haber hecho las paces consigo misma, pese al progreso económico y a haber condenado por genocidio a los últimos dirigentes comunistas.

La entrada del ejército vietnamita en Phnom Penh el 7 de enero de 1979 supuso el fin de la utopía agraria liderada por Pol Pot, que durante tres años, ocho meses y veinte días transformó el país en un gigantesco campo de trabajos forzados en el que murieron casi dos millones de personas.

Con un multitudinario festival en el estadio Olímpico de la capital se celebró hoy lo que el gobierno camboyano, heredero del régimen socialista instalado hace cuatro décadas por Hanoi, declara como "Día de la Victoria" y que el primer ministro, Hun Sen, en el poder desde 1985, calificó como "segundo nacimiento" del país.

"El pueblo de Camboya llama al 7 de enero de 1979 su segundo nacimiento. Sin la victoria del 7 de enero hoy no tendríamos nada. Esta es la verdad histórica que ningún humano o fuerza puede distorsionar o destruir", dijo Hun Sen en su discurso, según el portal progubernamental Freshnews.

Las 70.000 personas que llenaron las gradas del estadio levantaron carteles para formar la bandera nacional o dibujar la paloma de la paz, mientras centenares de figurantes desfilaron con vestidos tradicionales y carruajes mostrando los progresos del país.

Miles más ondearon banderas del gubernamental Partido del Pueblo de Camboya liderado por exmiembros del Jemer Rojo que desertaron y participaron en la ofensiva vietnamita que derrocó al régimen, entre ellos Hun Sen.

El mandatario dijo que la jornada debe ser un tributo a los héroes camboyanos caídos y a los voluntarios vietnamitas que ayudaron a tumbar a Pol Pot y a evitar su vuelta durante la guerra civil que la guerrilla comunista mantuvo más de una década desde sus bastiones en la frontera con Tailandia.

El festival culminó diez días de celebraciones que comenzaron con la inauguración de un monolito de 54 metros dirigido a ensalzar la política "ganadora" de Hun Sen coincidiendo con el veinte aniversario de la disolución definitiva del Jemer Rojo.

La desmovilización tuvo lugar en diciembre de 1998, ocho meses después de la muerte de Pol Pot, tras un acuerdo que permitía integrar a los guerrilleros al ejército nacional y se les reconocía la ciudadanía.

La paz y el crecimiento económico de un 7 % durante la última década son los logros que Hun Sen atribuye a su largo mandato, marcado también por la corrupción, el uso partidista de las instituciones y la represión contra los adversarios.

Su oposición nunca compartió el significado del "Día de la Victoria", fecha que consideran como el inicio de la ocupación del país por parte de Vietnam, el adversario ancestral, y de la que consideran cómplice a Hun Sen y su gobierno.

"Hun Sen sabe que no gusta a los camboyanos porque fue un personaje inmoral e ignorante del Jemer Rojo que sirvió bajo el régimen de Pol Pot entre 1975 y 1977", dijo el líder opositor exiliado en París Sam Rainsy en su cuenta de Facebook, donde calificó al mandatario como "usurpador" y "traidor".

La oposición aboga por celebrar el 23 de octubre de 1991, fecha en la que las diversas facciones camboyanas firmaron los acuerdos de paz en París que dos años más tarde permitieron la celebración de elecciones democráticas organizadas por la ONU.

"El pasado aun asoma en Camboya y bajo los relucientes rascacielos hay mucha injusticia que tiene el origen en un pasado sin reconciliación", dijo a Efe el analista político Sophal Ear.

La disolución de la guerrilla coincidió con las negociaciones entre el gobierno camboyano y la ONU para establecer el tribunal que juzga a los últimos dirigentes vivos del Jemer Rojo.

El pasado noviembre, la corte condenó a cadena perpetua al antiguo "número dos", Nuon Chea, y al ex jefe de Estado, Khieu Samphan, tras declarar a los dos nonagenarios culpables de genocidio y crímenes contra la Humanidad.

La primera sentencia se emitió en julio de 2010 contra Kaing Guek Eav, alias "Duch", a quien se impuso una condena de 35 años, elevada en apelación a cadena perpetua por su responsabilidad en la tortura y muerte de más de 12.000 personas en la prisión S-21.

El tribunal, en marcha desde 2006, ha recibido críticas por la duración del proceso, su elevado coste (300 millones de dólares) y las interferencias políticas del Gobierno camboyano, que se niega a la apertura de nuevos casos.

"Hay muchos altos cargos implicados en las decisiones que llevaron a 1,7 millones de muertos. Hay que llevarlos ante la justicia. El tribunal debe poder seguir su trabajo por muchos defectos que este haya tenido", añadió Ear.

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