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Rajoy justifica sus promesas rotas por cumplir su "deber" y augura más ajustes

Rajoy durante sus declaraciones. Imagen: EFE

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, lo reconoció ayer sin tapujos: "No he cumplido con mis promesas electorales", para inmediatamente justificar esa acción amparándose en el cumplimiento de su "deber".

La puesta en escena era más que adecuada para que el jefe del Ejecutivo se sintiera a gusto y se sincerara de esa manera: una entrevista conducida por un periodista extranjero (el editor para América de The Economist, Michael Reid), sin permiso para que sus homólogos españoles hicieran preguntas y un foro centrado en cuestiones puramente económicas, que dejó poco espacio para incidir en asuntos como la corrupción política.

En ese contexto, Rajoy se sintió con fuerzas incluso para definir con claridad las líneas generales de su actuación este año. Apenas habrá cambios con respecto a 2012; es más, el presidente defendió que aplicará la receta "que siempre ha servido a España para salir de situaciones como ésta"; en otras palabras, "ajustes, competitividad y sector exterior".

Ni distracción, ni flaqueza

Antes de la entrevista, durante el discurso que pronunció como apertura del foro Spain Summit, organizado por The Economist en Madrid, ya había lanzado un mensaje a quienes, desde finales de 2012, le venían acusando de que su forma de gobernar había perdido pulso. "El afán reformista de este Gobierno ni se distrae, ni flaquea, ni se agota", sentenció Rajoy, quien además se reafirmó en el hecho de que todas las políticas impulsadas en esta legislatura están surtiendo efectos. La prueba de ello radica en que, pese a que "2013 será un año difícil", al final del mismo "el PIB volverá a estar en tasas positivas".

A ello han contribuido las reformas ya iniciadas, que Rajoy se complació en repasar una por una, atribuyéndolas méritos a todas, incluida la reforma laboral.

Si bien es cierto que el presidente pidió tiempo para calibrar con justicia el alcance de esa medida, que ha cerrado su primer año de vida con un registro de casi seis millones de parados, el líder de los populares se esmeró por buscar, también en este caso, efectos positivos. Entre ellos, el hecho de que Renault-Nissan o Ford han vuelto a apostar por España debido a la "flexibilidad interna promovida por la reforma".

Rajoy se mostró abiertamente continuista también en materia política. Así, cuando llegó el inevitable momento de abordar la desligitimación que los principales partidos están sufriendo en España, el presidente del Gobierno defendió "que todavía funciona el sistema de grandes formaciones que se turnan en el poder".

En ello, encuentra Rajoy todo un síntoma de que "España es una democracia avanzada y un país serio en el que no han surgido partidos estrafalarios, como sí ha ocurrido" en otras naciones no lejanas.

Por tanto, a diferencia de estas últimas, España se puede permitir ser muy cautelosa a la hora de plantearse cambiar las reglas del juego político, de acuerdo con el jefe del Ejecutivo.

No pasa por su cabeza ahora la reforma de la Ley Electoral, dado que "no se puede hacer por mayoría", sino que debe buscarse un consenso amplio en el que participen la mayoría de los partidos políticos.

En cuanto a la financiación de esas formaciones, tampoco ha dado lugar a crear nuevas leyes debido a que "ya existen mecanismos de control de los mismos y leyes, y la solución es el cumplimiento de aquellas últimas". Y, coherentemente, la Constitución de momento está bien como está: "No niego que se pueda reformar, pero hay que saber para qué servirá esa reforma, buscar un consenso amplio y encontrar el momento oportuno".

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