Sociedad

La tribu de la isla filipina de Boracay marginada en su propia tierra

Boracay (Filipinas), 16 may (EFE).- A poca distancia de una playa de la isla filipina de Boracay en la que el turismo se solaza, viven hoy confinadas decenas de familias de la tribu que habitó esa tierra durante siglos y hasta el despertar de esta industria.

Los atis o aetas poblaban ya esta isla que ahora es el principal destino turístico de Filipinas cuando 500 años atrás llegaron hasta aquí los colonizadores españoles que les llamaron "negritos" por su tez oscura y cabello rizado.

En Boracay han levantado hoteles de todos los gustos y precios, pero las familias de la etnia autóctona viven en un estado de casi reclusión en un pequeño poblado compuesto por míseras chozas, que los días de lluvia se convierte en un lodazal.

Apartada del resto de la población, la gente de esta tribu tiene prohibido por orden de las autoridades adentrarse en el bosque para recolectar plantas o leña y también es expulsada de las playas.

"Cuando intentamos meternos en el mar, los empleados de los hoteles cercanos nos dicen que nos vayamos porque espantamos a los turistas. Dicen que damos una imagen sucia de Boracay y ni siquiera tiramos basura en la playa", dice a Efe Mona Lisa, una atis de 30 años que ha asumido el papel de líder de la comunidad tribal.

"Ya no somos libres. Hemos tenido que dejar de ir a la iglesia porque la gente nos miraba mal y preguntaba si los atis también éramos católicos. Ahora hemos vuelto a ir porque nos lo ha pedido una de las monjas que nos ayuda", denuncia la mujer.

Una normativa ratificada el pasado febrero asignó un terreno de 2,1 hectáreas para que en éste se establezcan unos dos centenares de atis que se resisten a abandonar Boracay pese a la marginación que sufren y las amenazas de vigilantes armados a sueldo de empresarios del sector.

"Nos ayudaría mucho tener al menos un lugar en el que movernos libremente en la isla. Además, la tierra está junto al mar y sería más fácil salir a pescar. Pero no nos atrevemos ni a acercarnos, nos podrían disparar", explica Mona Lisa.

En esta isla de unos diez kilómetros cuadrados, donde los hoteles y restaurantes surgen como hongos desde que empezó a ser explotada por el turismo hace 15 años, los solares edificables son un bien escaso y objeto de especulación por parte de los constructores.

La marginación ha llevado a decenas de familias a abandonar la tierra en que vivieron sus antepasados para asentarse en la cercana isla de Panay, de mayor tamaño que la de Boracay.

"Hay familias que decidieron irse por cansancio. Pero también porque corre el rumor de que Boracay está a punto de hundirse y desaparecer para siempre", dice Mona Lisa.

Los pobladores atis de Boracay han vivido al margen del resto de las comunidades pertenecientes a la misma etnia, que está diseminada por diversas regiones del archipiélago.

"Gracias al Gobierno pude ir a una convención de atis y me sorprendí mucho cuando descubrí que hay muchísimos filipinos iguales que nosotros. Pensaba que éramos los únicos con este aspecto", dice Mona Lisa.

Algunos antropólogos creen que los atis, llamados aetas en la mayor parte de Filipinas, son los descendientes de los primeros pobladores del archipiélago, establecidos hace unos 30.000 años antes de la llegada por mar de poblaciones de origen malayo y chino.

Boracay, el destino turístico más popular de Filipinas, recibió cerca de 780.000 visitantes nacionales y extranjeros, en 2010.

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