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Desaparecidos con poder en España (VII): José Mario Armero, servidor del Estado

Antonio Papell
27/09/2011 - 17:55

José Mario Armero (1927) fue una figura clave de la Transición española, aunque en ningún momento ingresó en la política activa: su labor se desarrolló en nombre y por cuenta de la sociedad civil, de la que formaba parte de forma distinguida. En cierto modo, en la figura de Armero se resumía el afán de libertad y el sentimiento cooperativo de servicialidad que impregnaba a la ciudadanía en aquel período en que existía conciencia de la delicadeza de la labor de transitar pacíficamente desde una dictadura a una democracia que estaba todavía por construir.

Un apasionado de la información

José Mario Armero era titular de uno de los bufetes más prestigiosos de Madrid ?junto a su socio y amigo inseparable Fernando Escardó- y presidente de Europa Press, la agencia de noticias privada que realizó una extraordinaria y arriesgada labor de transparencia en la etapa final de la dictadura, en competencia con la oficial EFE y en constante e inestable equilibrio con la presión del régimen.

Desde esta doble y privilegiada ubicación profesional, Armero, apasionado de la información, fue una de las personas mejor informadas y más influyentes del reino. Y su constante disponibilidad hizo que tuviese ocasión de prestar grandes servicios al Estado, siempre con la más absoluta discreción. En concreto, fue el báculo del joven Rey en la impregnación social de la Corona, y uno de los soportes más sólidos de Adolfo Suárez, tan necesitado de apoyos en la zozobra de su decisivo mandato.

Pasión por el mundo del circo

Pepe Mario Armero, como era llamado por sus próximos, tuvo una legión de amigos y una gran pasión coleccionista, centrada sobre todo en el mundo del circo: junto a su casa de Pozuelo, a la que acudimos asiduamente sus amigos a gozar de su hospitalidad, una gran nave albergaba una de las mayores colecciones de carteles y artefactos relacionados con aquel mundo exótico. Toda España discurrió por aquel recinto, materialmente o en espíritu, porque allí se cocieron muchas de las soluciones que hicieron posible el buen fin de la transición.

Sería imposible reseñar la mayoría de las gestiones, mediaciones y favores en los que aquel prócer intervino en pro del bien común, pero hubo dos especialmente sensibles que sí han de ser consignadas: Armero fue el nexo entre Adolfo Suárez y Santiago Carrillo.

Tres condiciones para legalizar el PCE

Está documentado que Armero fue el muñidor de la venida a España del secretario general del PCE y que el 27 de febrero de 1977 se reunieron por primera vez Carrillo y Suárez en la casa de Armero y en presencia de éste.

Carrillo había entrado poco antes clandestinamente en España, de la mano del adinerado comunista Teodulfo Lagunero, con la famosa peluca? El Rey había sido informado del encuentro, que sin embargo contaba con el rechazo frontal del todopoderoso Fernández-Miranda y de otros sectores del franquismo reformista. En aquel encuentro ?cuenta Sánchez Terán en sus memorias-, no se pactó nada pero se establecieron las tres condiciones que hicieron posible la legalización del PCE: la aceptación de la monarquía, la bandera rojigualda y la unidad de España.

Primeras relaciones entre España e Israel

El otro empeño de Armero en el que desplegó una febril actividad fue el establecimiento de relaciones entre España e Israel. Armero fue pieza clave en la venida a España en 1982 del embajador israelí Samuel Hadas ante la Organización Mundial de Turismo, con sede en Madrid. Cuatro años más tarde, España e Israel establecían relaciones diplomáticas y Hadas se convertía en el primer embajador de su país en Madrid. Su sucesor, Shlomo Ben Ami, acabó de anudar vínculos entre los dos países.

Participó como mediador en otras muchas empresas políticas de altura, como por ejemplo en las gestiones que permitieron traer el Guernica a España.

Tan fecunda fue su dilatada labor que no es fácil deslindar la realidad de la leyenda en la biografía de aquel personaje humanista y vital que mantuvo una actividad frenética hasta el final. También tuvo tiempo de publicar varios libros, algunos de política exterior y uno muy concreto sobre su gran pasión, Cien años de Circo en España, en colaboración con Ramón Pernas.

En mayo de 1992, José Mario Armero padeció un derrame cerebral del que no se recuperaría, y en agosto de 1995 falleció en Madrid. Fue una pérdida irreparable.

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