Sociedad

Béziers, donde los refugiados limpian aceras para contener a la ultraderecha

París, 7 oct (EFE).- Equipados con escobas, guantes de plástico y bolsas de basura, nueve familias sirias se han lanzado a limpiar las calles de la localidad francesa de Béziers, un pueblo de 73.000 habitantes del sur de Francia que la ultraderecha ha convertido en su principal bastión municipal.

Unas 15 personas, en total, que se emplean sin remuneración en el saneamiento urbano porque quieren que sus hijos jueguen en un ambiente higiénico, explican, acompañados por la asociación Culturas Solidarias.

"No es lógico que haya tanta basura y no es sano para los niños", comenta al diario local "Midi Libre" uno de esos refugiados, Fadi, que deja entrever que alguien podría estar acumulando despojos para facilitar que el barrio "ocupado" por los inmigrantes se convierta en un territorio insalubre.

También barren las aceras, explican, para "prevenir problemas de vecindad" en una localidad donde los sirios no son bienvenidos, oficialmente.

Así de claro se lo explicaba cara a cara el alcalde de la localidad, Robert Ménard, a varios de esos migrantes de Homs, instalados en una torre de viviendas de protección social del barrio de La Devèze de esa localidad mediterránea.

"Ustedes no son bienvenidos. Ustedes roban el agua, la electricidad, no tienen que ocupar estas viviendas. Si quieren ser acogidos, váyanse a las ciudades que están dispuestos a hacerlo. Yo no estoy dispuesto, en estas condiciones", señala Ménard en un vídeo que la alcaldía ha difundido por internet y que acumula casi medio millón de visitas.

Sorprende que quien señala con el dedo a desplazados que ni siquiera entienden su idioma sea el alcalde de un pueblo que vive de la viticultura, la industria y el turismo, un apacible lugar coronado por la catedral gótica de Saint-Nazaire donde la tauromaquia y el rugby gestionan las pasiones cotidianas.

Choca no tanto por la iniciativa política, que encaja con el discurso de la ultraderecha francesa que lidera Marine Le Pen, sino porque antes de su reciente reconversión en político nacionalista, el periodista Robert Ménard, ahora de 62 años, era un hombre con convicciones de izquierdas y un sólido prestigio como defensor de los derechos humanos y de la libertad de prensa.

"Boicoteen a un país que pisotea los derechos humanos", decía en 2008 el enjuto activista cuando la antorcha olímpica debía pasar por Francia camino a los Juegos Olímpicos de Pekín, la gran puesta de largo internacional de China.

Pero entonces Menard no era alcalde ni político. Era el secretario general de Reporteros sin Fronteras (RSF), una ONG para la defensa internacional de la libertad de prensa que fundó en 1985.

Quien ahora denuncia una "operación de comunicación" de los inmigrantes para desactivar su discurso conoce bien el barrio popular de La Devèze, donde se instaló su familia de "pies negros" cuando llegó de Argelia en los años 60.

A punto estuvo de hacerse cura en la adolescencia, pero Ménard acabó militando en al Liga Comunista Revolucionaria, primero, y en el ala izquierda del Partido Socialista (PS), después. Abandonó esa formación en 1979 y se dedicó a abrir "radios libres", emisoras que funcionaban sin autorización del Estado.

Después llegó su época al frente de RSF, tribuna desde la que se dedicó denunciar abusos a la prensa de Ariel Sharon, Vladímir Putin, la banda terrorista ETA o Fidel Castro.

Salió de RSF en 2008, precipitadamente, pues no se comprendía que compaginara el liderazgo en esa organización con la presidencia de un nuevo centro para la libertad de información con sede en Qatar, que el emirato financiaba con tres millones de dólares al año.

De allí volvió a los medios de comunicación, donde fue mostrándose cada vez más escorado en sus posiciones, hasta que pasó a la política activa y en abril de 2014 le brindó una preciada victoria municipal a Le Pen.

Desde que llegó al poder en Béziers con el apoyo del Frente Nacional y de otras formaciones soberanistas, Ménard ha chapoteado en polémicas, como llenar las marquesinas con anuncios para defender el uso firme de armas de fuego por parte de la policía o elaborar un censo de alumnos musulmanes en los colegios en función de sus apellidos.

Ahora la ha tomado con la "invasión" de refugiados de Siria, país al que antaño fustigó por los métodos dictatoriales de Bashar Al Asad contra la libertad de expresión.

Béziers, municipio a orillas del Orb y coronado por la catedral gótica de Saint-Nazaire, un enclave con presencia humana desde hace casi 3.000 años por el que pasaron los celtas, los romanos, los árabes o los cátaros, es también un símbolo electoral para la extrema derecha que prepara ya su campaña para los comicios regionales de finales de año.

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