Sociedad

Arqueras contra el cáncer: el arma sorprendente para luchar contra las secuelas de un tumor de mama

  • Así es el último día de clase de tiro con arco de las mujeres con cáncer de mama
  • Madrid acoge un proyecto pionero que ya ha confirmado su eficacia contra el linfedema
  • La vibración del arco contribuye a drenar el brazo hinchado por la obturación
Pilar, en el centro, con su grupo de alumnas arqueras. Imágenes: Nacho Martín

"¿Has escuchado a tu arco?" Pilar es capaz de mirarla y de intuir lo que pasa. Una revisión médica próxima, el resultado de una prueba, la amenaza de un dolor. La huella de la enfermedad sobrevuela el campo de tiro, ella lo sabe y, aún así, tiene que hacer la pregunta a la arquera. La alumna duda por un momento hasta admitir el despiste llevándose una mano a la cabeza. No, no lo ha escuchado.

Cada arco suena de una manera. Es una de las primeras lecciones que aprenden las mujeres operadas de cáncer de mama que participan en un programa pionero en el país para contrarrestar las secuelas del linfedema, una inflamación del brazo provocada por la extirpación de los ganglios linfáticos. "Tuve el linfedema al principio, después de la radioterapia. Al andar, se me hinchaba la mano. En la última revisión, fue la doctora la que me propuso probar el tiro con arco. Tardé unos segundos en contestar, pensé que la había entendido mal", recuerda Carolina, madrileña de 54 primaveras y operada del tumor hace cuatro años.

Todas ellas aluden a una situación similar y se ríen al acordarse. Pero ninguna dudó demasiado por insólita que fuera aquella propuesta médica: el dolor suele ser más fuerte que la sorpresa. Y menos llevadero. Así, de un día para otro, se pusieron en manos de Pilar Sánchez, monitora de la Federación Española de Tiro con Arco y el alma del innovador programa en el que ya han participado 36 pacientes de cáncer de pecho supervisadas desde el Hospital Infanta Leonor. "No puedo admitir a más mujeres aunque me gustaría, porque tengo que supervisarlas detalladamente. Me comprometo a coger a seis en cada grupo para vigilarlas bien, y a las que son ya veteranas, las controlo de reojo", explica con una sonrisa que achica sus ojos en un gesto travieso.

Un brazo colgando

El linfedema es la secuela del cáncer de mama que más obstáculos supone a las pacientes para recuperar su vida normal después de la cirugía. La hinchazón del brazo, causada por un drenaje deficiente al quedar dañados o desaparecer los ganglios linfáticos, provoca dolores difíciles de describir, acompañados por la sensación de que la extremidad cuelga del cuerpo, inútil. "El primer mes fue muy chungo, me dolía todo el brazo, es un dolor que sale de dentro para fuera, como si me faltara la circulación", explica Natividad, 55 años, natural de Segovia. El tiro con arco, sin embargo, le devolvió el bienestar perdido.

"En todos los casos que hemos tenido aquí, el linfedema ha bajado", anuncia Pilar, satisfecha de que su trabajo y su propia experiencia esté ayudando a Carolina, Charo, Nati, Carmen y tantas otras. Y a las que vendrán. Insiste en que la supervisión hospitalaria es esencial para el correcto funcionamiento de este tratamiento complementario. Cada tres meses, las arqueras acuden a la consulta oncológica y de fisioterapia el centro sanitario, donde les miden la evolución del linfedema y controlan cómo la práctica del tiro con arco incide en su brazo.

Al tratarse de una experiencia pionera, no es hasta los dos años cuando científicamente se puede determinar si el beneficio es un hecho constatado. En el tercer año que lleva Pilar al frente, y sobre el suelo del campo de tiro del polideportivo de Moratalaz, confirma a elEconomista que sí. "Esto para mí ha sido la salvación de mi brazo, lo llevaba colgando. Me ayuda como a limpiarlo, la vibración me lo relaja", relata Natividad. Charo y Carmen, las compañeras -y ahora amigas- que empezaron esta aventura con ella, asienten. "A mí me molestaba más la mano, y al principio me dolía mucho al sujetar el arco, pero se fue quitando esa molestia", recuerda Carmen, 52 años.

Ellas tres ya se han convertido en veteranas y tienen su propio equipo. Después de hacer el curso con Pilar, ya no pudieron soltar el arco. Eso fue hace un año y medio, y recuerdan cómo pasaron del miedo y la prudencia máxima que conduce a no hacer nada con el brazo dolorido -por si acaso- a blandir sus arcos como auténticas guerreras. Como Geena Davis. "O Legolas", apunta Carolina, que sólo lleva dos meses. Aunque haya días que no hagan una diana.

El mantra de la arquera

Las clases, que se desarrollan dos días por semana en sesiones de hora y media, empiezan con un estiramiento general del cuerpo para que los músculos entren en materia, y la prioridad de Pilar, sobre todo con sus nuevas alumnas, es que no se dañen el brazo al lanzar las flechas. Para que la práctica sea efectiva y la vibración del instrumento se traslade a la zona afectada por el linfedema, el arco tiene que ser agarrado con el brazo que ha sufrido la operación. "Aquí no me vale que seas zurda o diestra, el arco se coge con el brazo operado", sentencia la monitora. Este detalle complicó mucho el ejercicio a Carmen en sus inicios, ya que es diestra y era la zona izquierda la dañada por la cirugía.

Una vez que sabes con qué mano hay que sujetar el arco, las complicaciones no hacen más que aumentar, y Pilar se encarga de corregir al milímetro cada detalle en la postura para efectuar el tiro. Después de todo, las entrena como a cualquier arquero: "Yo las enseño como haría con cualquiera; son operadas de cáncer, no enfermas que no puedan hacer nada". "Hay que pasar una lista", explica Natividad, "colocas la mano, el brazo, la cuerda hay que estirarla hasta la nariz, el ojo guiñado, la cabeza recta, las piernas abiertas...", enumera en un curioso rezo que parece el mantra del singular grupo de mujeres. Al soltar la cuerda, la arquera corre el riesgo de que ésta roce el brazo enfermo, propinando un fuerte latigazo, por lo que el control de Pilar es esencial. También impone una regla básica: no se recogen las flechas ni se pisa el campo hasta que todas las tiradoras no han acabado sus lanzamientos.

Mareando la enfermedad

Si los beneficios físicos son evidenciados trimestralmente por los sanitarios, otro tipo de beneficios se palpan a los pocos minutos de estar en una de las clases. Frente a las coloridas dianas, estas arqueras por sorpresa han encontrado amigas y compañeras de lucha. "Me dicen mucho que, cuando se operan, tienen unas familias estupendas que las ayudan, las cuidan, las apoyan, pero sienten que les falta algo. Llegan aquí, y se sienten todas iguales, sienten que se comprenden, y eso les da una satisfacción muy grande porque la otra sabe lo que te está pasando", cuenta Pilar.

"Todas tenemos lo mismo, hemos pasado más o menos por lo mismo: una radio, una quimio, una operación... Todo se habla con naturalidad", comenta Charo mientras sus nuevas amigas afirman con energía. "Con otra gente, no hablas de este tema porque no les quieres marear. Pero aquí no hay problema, con ellas, nos mareamos entre nosotras", concluye Nati en una definición que las demás aplauden.

Llegados a este punto, la pregunta evidente es por qué no se extiende este programa en el resto del país, para que miles de afectadas por cáncer de mama puedan beneficiarse de la práctica. Sólo Pozuelo de Alarcón (Madrid) y el municipio murciano de Lorca cuentan con experiencias similares. "En Madrid, el Hospital Infanta Leonor se ha puesto en contacto con otros centros para intentar que esto llegue a más gente. Pero la implicación de los hospitales es esencial, sin eso, no es posible hacerlo", resuelve Pilar, que no admite en su grupo a ninguna mujer sin supervisión médica y fisioterapéutica.

"Prefiero ir despacio, hay que ayudarlas con cabeza, y no a lo loco". La locura se la reserva para otras ocasiones, como cuando hace 20 años su hijo le regaló a su marido un arco por Navidad y los tres se apuntaron a un campo para aprender a utilizarlo. Ahora, sabe que aquel regalo ajeno le proporcionó el singular don de escuchar arcos. Y el aún más maravilloso de enseñar a otras mujeres a escucharlos para afinar el tiro en su lucha.

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forum Comentarios 4

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Jotac
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¿ quien ha escrito esto, un amiguete del dueño del campo de tiro con arco? Lo que tienen que hacer los "investigadores" es explicar que es lo que hace que cada vez hay muchos mas casos de cáncer de pecho, cerebrales, etc. Y lo del tabaco, ya no cuela.

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#1
Es muy importante la alimentación
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Hay que dejar los lacteos, y la carne para cánceres hormodependientes, como el de mama, ovarios, y próstata.

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#2
JUDAS
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UN BUEN CíNCER ANAL

LARGO E INCURABLE

ES LO QUE LES DESEO YO

A TODOS LOS GLPLLAS QUE VOTARON AL HP DE ZAPA TERO

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#3
Beatriz
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Hola como dice el dicho " la ignorancia es muy atrevida". El q comenta q lo habrá escrito un amiguete del dueño del campo no tiene ni idea. El dueño del campo es el ayuntamiento xq se hace en el polideportivo d moratalaz. Solo deseo q ninguna mujer d tu familia padezca un cáncer d mama y necesite terapias para mejorar su calidad d vida.

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#4