Buscar

Los bebés robados se alzan contra el engaño: primer juicio en España

24/06/2018 - 14:32
  • El 26 de junio, Inés Madrigal, niña robada, sienta al doctor Vela en el banquillo
  • Eduardo Vela y la fallecida Sor María, principales implicados en el tráfico de niños
  • La Asociación SOS Bebés Robados Madrid: "No hay rencor, queremos que lo admita"
Más noticias sobre:
El 26 de junio tendrá lugar el primer juicio en España por bebés robados

¿Quién soy? Es un interrogante duro, y sin embargo necesario. En el quicio de la primavera Inés se repite esta pregunta a sus 49 años. El calor que se le presupone al inminente verano podría derretir las nieves del invierno que durante tiempo ha traído la mentira. Y es que el 26 de junio se celebrará el primer juicio por bebés robados en España. Será juzgado Eduardo Vela. Este ginecólogo, de 85 años, y la fallecida Sor María Gómez Valbuena son los nombres más ligados al tráfico de recién nacidos en nuestro país. Vidas robadas, que décadas más tarde y querella mediante, nadan en la esperanza de un baño de realidad en una playa sin nubes.

Inés Madrigal Pérez nació el 4 de junio de 1969, aunque ni siquiera es seguro que ésa sea su fecha, igual que toda su identidad. No es hija de quienes figuran como sus padres biológicos ni sabe quién es su verdadera familia. Eduardo Vela fue el doctor que falsificó su documentación y quien la 'regaló ' a sus padres. Inés supo que era adoptada al alcanzar la mayoría de edad. No en vano, sería en 2010 cuando conoció que su caso tenía que ver con el tráfico de bebés. El poso del encaje psicológico aún permanece.

Inés Madrigal, de pequeña y actual

Pablo Madrigal e Inés Pérez, ya fallecidos y padres adoptivos de Inés, compaginaban su vida con la ayuda altruista en el convento de Las Misioneras de Jesús, María y José en la localidad madrileña de Los Molinos. Esta tarea se traducía para ellos en un sorbo de agua fresca que aliviaba la sed que les producía no poder tener hijos biológicos. En el correr de aquellos días, una joven aterrizó en el convento con su pequeño. No había espacio para él en el centro y una pareja se hizo cargo de Francisco. Sin embargo, los padres de Inés cuidarían del menor dos años y medio en su casa, sin recibir por ello emolumento alguno como contraprestación a la manutención.

Su labor comienza a ser sonada en el convento. Conocen al Padre Félix Sánchez Blanco, ya fallecido. El religioso sabía de las ganas de los Madrigal Pérez por tener un hijo. Tiró de contacto de juventud y les presenta a Eduardo Vela, otrora director del sanatorio San Ramón, sito en el Paseo de La Habana en Madrid. Vela tenía todo planeado para una señora de ya 47 años que deseaba experimentar la maternidad. De hecho, les asegura que la hija de una marquesa ha tenido el 'infortunio' de quedarse embarazada y que ese bebé que gesta será para ellos. Vela le aconseja que simule un embarazo, que use cojines y finja síntomas propios de encontrarse en estado. Pero nada de esto haría falta. Los hechos se precipitan. Un agradecido Vela se lo piensa mejor y llama al día siguiente, "ya tenía preparado el obsequio". Ella, aún sin nombre, se convertiría en Inés Elena Madrigal Pérez, la persona que le hace ir a declarar este martes, casi medio siglo después de alterar las líneas de su sino. Vela sólo precisó una orden a sus padres, si la menor enfermaba, bajo ningún concepto visitaría otro facultativo que no fuese él. El día de la recepción, tal como recoge la querella a la que ha tenido acceso elEconomista, una comadrona advierte, "esperen un poco, la chiquita esa está aún por aquí, a ver si va a descubrir el ajo…" A continuación, Inés era inscrita en el Registro Civil del Juzgado Municipal de Chamartín como hija biológica de quienes la recogieron de la mano de Vela, el mismo que se ocupó de ocultar cualquier antecedente que permitiera rastrear su verdadero origen.

Primeros indicios

Inés, no obstante, mantuvo siempre una relación estupenda con sus padres. Fueron ellos quienes el día de su boda, en 1997, a petición del Padre Félix, convidan a la pareja que se había hecho cargo de Francisco. De aquella invitación brota una confesión, la que hace aquella mujer a la madre de Inés al saludarla, también plasmada en la querella: "Ay, qué disgusto. Hubo una redada, menos mal que nos dio tiempo a quemar todos los papeles". Con estas palabras, probablemente, podría referirse a una pesquisa policial que derivó en diligencias sumariales y terminó por cerrar el sanatorio en 1982. En esa misma línea, tan sólo una semana antes, el nombre de Eduardo Vela aparece por vez primera en la prensa española. Su estrecha relación con Sor María pasa a ser de dominio público. Como consecuencia de las investigaciones policiales y periodísticas, Vela firma una disolución de gananciales en 1985. Los bienes pasan a su mujer, a cuyo nombre y al de sus siete hijos menores realizó en la década de los 70 y 80 grandes inversiones económicas, según aseguran las fuentes consultadas.

Los cimientos de barro que armaron una vida que no era comienzan a derrumbarse. El 27 de enero de 2011, se presentan 261 denuncias por la Asociación Nacional de Afectados por Adopciones Irregulares en la Fiscalía General del Estado. Emerge de aquel légamo el germen que nos explica lo que ocurre este junio de 2018. Para que Inés haya podido llegar hasta aquí, el testimonio de su madre se antojó vital. No le importó, como efecto del paso dado, ser imputada. "Ella me dio la oportunidad de poder acceder a la verdad con este gesto. Me preguntó si iría a la cárcel. Le dije que no tenía antecedentes y que como mucho debería indemnizarme, que es lo que han hecho toda la vida. Lo asumimos como parte del proceso", recuerda Inés, quien guarda un informe de maternidad que sentencia una probabilidad de consanguineidad entre ambas de un 0.00%.

Pero, ¿conocían los padres de Inés que la bebé que adoptaban era robada? "Estoy convencida de que ningún médico les decía a las parejas adoptantes que iban a robar a un niño de otra familia para dárselo a ellos… Aunque entiendo que las habría con más conocimientos. Mi padre era ferroviario en vías, una matrimonio humilde", valora Inés a la par que añade que "siempre me trataron como lo que fueron para mí, como unos padres. Sólo hay que observar la forma en que me mira mi madre en las fotos. Como ella me decía, yo nací en su corazón".

Apoyo de la Asociación para el 26-J

Mari Cruz Rodrigo es la presidenta de SOS Bebés Robados Madrid, asociación creada en junio de 2011. Tienen ya dispuesta la pancarta con los afectados por el doctor Vela para la vista, así como la intención de una manifestación silenciosa a las puertas de la Audiencia Nacional de Madrid donde tres magistradas resolverán. Asistirán con los guantes amarillos, el color de la búsqueda. Todo está preparado para apoyar a Inés. "Será muy emotivo por lo que significa el primero. No queremos venganza, ni dinero, ni que vaya a la cárcel, sino que lo reconozca. Se lo debemos a la madre de Inés, por ella estamos aquí", señala Mari Cruz.

A ella le robaron al que era su segundo hijo. Ocurrió en el hospital 12 de Octubre de Madrid un 18 de agosto de 1980. Su marido y ella eran una joven pareja, recién metidos en un piso y con un bebé de un año. El padre de este niño lo reclamó para enterrarlo, pero nunca les dejaron verlo. "Quisimos despedirnos, pero nos dijeron que estaba desfigurado. ¿Alguien se cree que de un infarto, como nos justificaron, estuviese así? Pensamos que se les había caído y que nos ocultaban eso. Ni papeles nos dieron, como si no hubiese existido. A muchos de estos niños les ponían como biológicos", recuerda Mari Cruz.

De todas formas, este caso puede sentar jurisprudencia. Por eso Inés espera que "salga una sentencia favorable en el tema de la prescripción donde puedan acogerse otros casos, que haya un antes y un después", si bien contemplan que Vela no se presente el martes tras haber solicitado a la Audiencia que le efectúen un reconocimiento médico. Está por ver.

Las postales de Sor María

Ana Belén Pintado nace el 10 de julio de 1973 en Santa Cristina, Madrid. Sus padres fallecieron sin contarle que fue una bebé robada. "Me siento súper engañada e impotente. Mi madre adoptiva quedó como biológica. Ya no puedo hablar con ellos. A lo mejor pensaron que no me iba a enterar", arranca. La mecha de su caso se enciende con la llamada de un programa de televisión que busca reencontrar familiares. Ana Belén, ajena a lo que no tardaría en descubrir, rehúsa participar. Ni siquiera, tal como le aconsejan, ve la emisión para valorar si siente parecido con los que allí estaban en el plató.

Sin embargo, "empiezo a sospechar, igual esto va en serio. En el Ayuntamiento no me dan la partida de nacimiento. El notario investiga y viene con unas escrituras de adopción, ahí vengo como Pardo López, apellidos distintos a los de toda la vida, aunque tampoco sé si son los reales porque todo mi caso es un chanchullo". De este descubrimiento, Ana Belén no dice nada a su madre, "pienso que se trata de una adopción, sí, pero legal". Su padre muere el mismo año de la llamada y su madre poco después. Es ahí cuando en la casa encuentran unas postales de Sor María, colaboradora de Vela. Son felicitaciones de Navidad que terminaban firmadas por la monja con mensajes tales como "gracias por su obsequio" o "gracias por su colaboración".

También aparece un papel dentro de una carpeta escondida y que certifica que su madre era estéril. A ello se le suman las escrituras de adopción que mienten en lo referido al domicilio de los padres o la partida de bautismo donde figura como hija biológica. Ana Belén, mientras los casos de niños robados comienzan a cobrar vida en televisión y se forman las asociaciones, bucea en su memoria, "me acuerdo de pequeña de ir con mi madre a Madrid a ver a Sor María. A mí me daba la mano y mi madre pasaba con ella a darle un sobre. Supongo que sería dinero, de ahí el agradecimiento final de cada postal suya que le enviaba…" Por ella, según afirma, pagaron algo más de un millón de pesetas. De todas formas, aún no maneja muchos datos más en cuanto a conexiones, "sé que me trajeron de noche y tenía entre tres y cinco días. El párroco del pueblo avisó a mis padres porque supuestamente yo estaba en una lista. Intento colgar fotos por redes sociales a ver si alguien las ve y encuentra parecido… No sé cómo buscarlos. Agradezco cualquier pista".

Ana Belén, de pequeña y actual

Localizar a la misma sangre

Más allá de lo que suceda el día 26, estos sucesos abren otra espita. La de buscar a los de la misma sangre. ¿Vivirán mis padres biológicos? ¿Tendré hermanos, sobrinos? ¿Qué será de mi hijo, a qué se dedicará? Dudas vestidas de necesidad que se realizan las tres voces de este reportaje. Ana Belén, de quien sus hijos ya saben la verdad contada por ella misma, estaría encantada de conocer a aquellos de los que la separaron y puntualiza que "no guardo rencor a mis padres, me seguiría ocupando de ellos, pero me siento muy engañada. Es una mentira muy gorda y ya no les puedo decir nada, así que lo tengo guardado dentro de mí. Busco mi verdad, no hago nada malo".

Mari Cruz, por el contrario, valora de forma distinta un posible encuentro, "aunque apareciesen, no lo olvidemos, esto tiene un final triste. Son hombres y mujeres que hemos parido, no nuestros hijos. De encontrarse, ¿cómo sería la relación? Y no lo digo porque no los queramos. Yo tengo tres más y especialmente en acontecimientos familiares siento el vacío. Con todo, si aparece, creo que para mí sería como los otros; quizás al revés ya no porque ha tenido otros padres…"

Inés, por su parte, se despide dejando patente "todo el agradecimiento del mundo a mi madre porque ella me ha dado todo, a pesar del mazazo de la noticia que tambalea los cimientos de tu vida y que hay que afrontar con toneladas de compresión y coherencia". Ella tiene más pistas que Ana Belén. Está a la espera de los resultados de una prueba de ADN con una familia de Coria del Río, en Sevilla, "donde toda la historia cuadra, fechas, parecidos…"

Tiene muy claro qué siente cuando cierra los ojos y vislumbra entre las ondas del anhelo, "un reencuentro entre hermanos sería lo más maravilloso que podría suceder".

Nunca se sabe. Quizás la justicia, por un lado, y las incesantes búsquedas por otro pongan orden en estas vidas alteradas a conciencia. Quizás el destino, en cierto modo, les devuelva, años después, al punto de partida.


Contenido patrocinado

Otras noticias

Comentarios 0


El flash: toda la última hora