Buscar

¿Sabías que Picasso fue acusado de robar La Mona Lisa?

11:17 - 13/09/2019
  • Muchos no conocen la historia que se oculta detrás del robo de la Mona Lisa
  • Picasso fue llevado a juicio junto a su amigo el poeta francés Apollinaire
Imagen: Pixabay

La pintura más famosa del mundo y el artista español tal vez más conocido estuvieron relacionados, pero de una manera que muy pocos conocen. Leonardo Da Vinci comenzó a pintar la Mona Lisa allá por 1503 hasta bien entrada una década posterior, no fue hacia principios del Siglo XX cuando la obra ganó una fama mundial. Multitud de personas acudían al Louvre para observar la pintura, hasta su desaparición en 1911.

Fue precisamente el artista francés Louis Béroud quien comenzará una de las historias menos conocidas que rodean la obra de Da Vinci. Louis acudía al museo para pintar una copia de la Mona Lisa. En su lugar se encontró con un espacio en blanco. Tras preguntar al guardia el paradero de la pintura, éste le explicó que tal vez el departamento de fotografía la habría retirado, algo bastante común y que según él hacían con frecuencia. Como ya estaréis imaginando, el departamento de fotografía nada tuvo que ver en la retirada de la obra, por lo que bastaron apenas unos días para que comenzaran a correr como la pólvora los rumores sobre el robo.

El Louvre se llenaba de visitantes que esta vez no querían contemplar la Mona Lisa, sino el espacio que ésta había dejado. Hasta el mismísimo Frank Kafka se personó en el museo para admirarlo con sus propios ojos. Francia no quería dejar escapar una pintura tan sumamente importante, por lo que las autoridades - además de preguntar uno por uno a los empleados del museo - decidieron cerrar las fronteras a cal y canto. El ladrón no podía escapar, pero la investigación no llevó a una resolución temprana.

Es a partir de aquí cuando hace acto de presencia Picasso. El artista español acudió a París en 1900, conociendo al poeta Guillaume Apollinaire y quien sería un gran amigo. Éste, además, tenía una secretaria, Géry Pieret, que también tendría el placer de conocer a Picasso. La joven era sabedora de la pasión de Pablo por las esculturas ibéricas del Siglo III y IV. Con el fin de hacerle un regalo, ni corta ni perezosa Pieret robó algunas esculturas de pequeño tamaño del Louvre. Aprovechando las grandes dimensiones del museo y que serían secciones mucho menos vigiladas, llevó a cabo su tarea. Sorprendidos, Picasso y Apollinaire pagaron a la secretaria con 100 francos, lo que a día de hoy serían cerca de 400 euros. Vale la pena mencionar que una de esas esculturas las utilizaría el propio Picasso como inspiración para su obra Les Demoiselles d'Avignon en 1907.

Pasaron los años y no fueron buenos momentos para Pieret. En 1911 y sumida en la más completa ruina, la secretaria decidió acudir al hurto para ganar algo de dinero. Tenía experiencia y se conocía las estancias del museo como la palma de su mano. Hacerse con piezas del Louvre era la vía más fácil pues sacaría bastante tajada de la reventa. Apollinaire, al enterarse, decidió echar de su piso a la joven… coincidiendo además en las mismas fechas que el robo de la Mona Lisa.

Debido al enfado, Pieret tenía la pelota sobre su tejado. Con el fin de obtener algo de dinero que la ayudará a sobrevivir, la ya ex-secretaria del poeta acudió al Paris-Journal asegurando que sabía quien tenías las obras robadas del Louvre: Apollinaire.

El editor del periódico francés, Andre Salmon, y amigo del poeta trató de ser chantajeado por éste. Sólo debería hacer la 'vista gorda' y quedarse parte de las obras robadas, pero con una condición: nadie debería saber que estuvieron en posesión de Apollinaire. En plena investigación de la Mona Lisa, la policía acudió a Andre. El editor abrió el melón acusando al poeta, quien este a su vez hizo lo propio con Picasso. Pero, ¿dónde estaba realmente la Mona Lisa?

Poeta y artista fueron llevados ante el juez Henri Drioux un 8 de septiembre de 1911. Ambos lloraron y pidieron perdón ante la corte por lo que habían hecho, pero juraron que la obra de Da Vinci no tenía nada que ver con ellos, desconocían su paradero. El juez no tardó en liberar cuatro días después a la pareja de artistas.

Pasaron los años y la Mona Lisa se daba por desaparecida, pocos creían en su regreso al Louvre. No fue hasta 1913 cuando un rayo de esperanza se abrió para sorpresa de los más escépticos. El comerciante de arte Alfredo Geri de Florencia había recibido una llamada. Un tal Leonard aseguraba tener la obra más famosa del mundo, la Mona Lisa. Tras acordar una reunión con Geri para la entrega de la pintura, Leonard se personó en la galería del comerciante de arte, reafirmando que tenía en su poder la auténtica Mona Lisa, robada por él mismo en el Louvre.

El resto es historia. Leonard y Geri se encontraron en un hotel. El ladrón mostró al comerciante un baúl viejo y lleno de trastos sucios. En el mueble había un falso fondo. Dentro estaba la pintura. Leonard era, en realidad, Vincenzo Perugia. A la edad de 20 años, el joven italiano se mudó a París, no tardando en encontrar problemas con la ley. Tras varios robos pequeños, Vincenzo dio un salto de gigante en su 'trabajo'. El joven se coló en un armario del Louvre, pasó allí la noche y robó la obra de Da Vinci para entregarla al gobierno italiano. Arrepentido, decidió devolverla a Francia. Los italianos, ajenos al encuentro de Perugia con Geri, no tardaron en nombrar al joven como un auténtico héroe. Tras una sentencia de un año y 15 días en prisión, los abogados de Perugia consiguieron que finalmente sólo estuviera 7 meses en la cárcel. Desde entonces pasaría el resto de su vida trabajando como pintor de casas, falleciendo a la edad de 44 años.

En cuanto a la Mona Lisa, el gobierno italiano en favor de 'una promesa de amistad y hermandad entre las dos grandes naciones latinas', decidió devolver la obra al Louvre. No sin antes, como agradecimiento, Francia permitió que la pintura de Da Vinci se exhibiera en determinados museos de Italia durante un tiempo.

Comentarios 0

Deja tu comentario

Comenta las noticias de elEconomista.es como usuario genérico o utiliza tus cuentas de Facebook o Google+ para garantizar la identidad de tus comentarios:

Usuario
Facebook
Google+
elEconomista no se hace responsable de las opiniones expresadas en los comentarias y las mismos no constituyen la opinión de elEconomista. No obstante, elEconomista no tiene obligación de controlar la utilización de éstos por los usuarios y no garantiza que se haga un uso diligente o prudente de los mismos. Tampoco tiene la obligación de verificar y no verifica la identidad de los usuarios, ni la veracidad, vigencia, exhaustividad y/o autenticidad de los datos que los usuarios proporcionan y excluye cualquier responsabilidad por los daños y perjuicios de toda naturaleza que pudieran deberse a la utilización de los mismos o que puedan deberse a la ilicitud, carácter lesivo, falta de veracidad, vigencia, exhaustividad y/o autenticidad de la información proporcionada.