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Verdaderas cárceles de arte: así protegen los museos las obras más preciadas

11:59 - 3/11/2019
  • Los museos cuentan con medidas de seguridad más allá de cámaras
  • No sólo los museos protegen las obras de ladrones, también de la luz
Imagen: iStock

En películas y series de TV el género de robos se ha convertido en uno de los grandes exponentes para poner a prueba la originalidad y pericia de guionistas. Y es que ¿quién no ha disfrutado con el asalto a un casino como en Ocean's Eleven o un banco al más puro estilo Heat? Mención especial y aparte merecen los museos. Auténticas fortalezas inexpugnables y que cuentan con unas medidas de seguridad que jamás podrías imaginar.

Además de cámaras de seguridad o cámaras acorazadas, es lógico pensar que los museos ofrezcan infinidad de elementos a prueba de los ladrones más sofisticados del mundo. Obras de arte con siglos a sus espaldas deben ser tratadas con el cariño y cuidado que merecen, no sólo para alejarlas de posibles robos. Para ello, los museos de todo el mundo se valen de características que van desde piedras y construcciones resistentes al fuego, pasando por sensores de vibración.

Por ejemplo la luz es uno de los factores más a tener en cuenta. Si una pintura se ilumina con foco indebido, ésta podría afectar gravemente a la preservación de la obra. Las luces UV son, sin lugar a dudas las peores que puede haber en este campo. No así con las de tipo LED, siendo perfectas debido a que no emiten rayos. Eso sí, cuentan con un punto negativo: no iluminan con la misma calidad. Por otra parte, los propios conservadores de los museos se encargan de regular los fósforos de las luces LED para con ello lograr un tono más parecido a las bombillas antiguas incandescentes.

Los detectores de movimiento es otro de los elementos que no puede faltar en un museo. Una tecnología que ha ido evolucionando en los últimos años y que está lejos de encontrarse sólo a la entrada y salida de una sala. Los modelos más recientes ofrecen detección de movimiento por saturación. Es decir, su función no es otra que cubrir también los denominados 'puntos muertos' o áreas a las que no llegaría un detector convencional.

Otro gran avance del que se han beneficiado los museos son los llamados sensores de vibraciones. Capaces de detectar hasta la presión más leve de los dedos sobre una obra, una vez el sensor se activa, éste manda un mensaje a una sala de control, alertando así a la seguridad. Este tipo de sensores se colocan, generalmente, de forma repartida en una misma obra. Aunque pueda sorprendente, en muchas ocasiones un marco que incluya este tipo de sensores puede llegar a alcanzar un coste mayor comparado con la propia pieza de arte.

Las obras de arte tienen que estar protegidas contra los ladrones, pero también de las manos de curiosos. Para evitar manchas de éstos sobre la propia pintura o la pieza en sí, los museos emplean un vidrio especial. Este vidrio protege contra la luz de rayos UV, anteriormente citada, así como cualquier tipo de rastro de huella que impida apreciar la obra con el detalle que merece.

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