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Dormir en dos turnos, el método del siglo XVII que ayudaría a evitar el insomnio

  • El sueño bifásico podría ser una de las claves para prevenir el insomnio
  • Personajes históricos tenían este ciclo de sueño fragmentado
Imagen: iStock

El insomnio es uno de los problemas más frecuentes de la salud del sueño. Se trata de un trastorno que en la actualidad afecta a miles de millones de personas alrededor de todo el mundo y puede ser consecuencia de una gran cantidad de factores que van desde la ansiedad, hasta la falta de horarios regulares para acostarse o levantarse.

Las señales que indican que una persona podría estar sufriendo esta condición no son muy difíciles de reconocer. ¿Quedarte dormido te resulta todo un desafío? ¿Das vueltas en la cama buscando la posición perfecta y tu cuerpo no consigue relajarse? ¿Miles de pensamientos te impiden conciliar el sueño?

A pesar de que si queremos acabar con este problema primero tenemos que buscar las causas de nuestro insomnio, existe un método del siglo XVII que podría ayudar a evitarlo y prevenirlo. Este consiste en el sueño bifásico, y se refiere a los hábitos de sueño que implican que una persona duerma durante dos momentos del día diferentes en lugar de un ciclo de 6 u 8 horas.

Esta técnica del sueño segmentado tiene su origen durante la Europa preindustrial y era la norma. El momento de acostarse no estaba marcado por una hora en concreto, sino que estaba determinada por la costumbre de la época. De acuerdo con las palabras descritas en el libro 'At Day's Close: Night in Times Past' del historiador A. Roger Ekirch, explica cómo la sociedad del siglo XVII dormía después de medianoche un par de horas, se despertaban en la madrugada durante una o dos horas y pasado ese tiempo volvían a acostarse hasta el amanecer.

A lo largo de este estado de vigilia, las personas llevaban a cabo todo tipo de actividades. De hecho, está relatado que grandes personajes históricos tenían este ciclo de sueño fragmentado. Las referencias comenzaron a desaparecer a finales del siglo XIX cuando, curiosamente, aparecieron las primeras evidencias del insomnio.

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