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Estas fresas no son de color rojo, las ves así por un efecto visual

  • A simple vista parece una simple fotografía de unas fresas con un filtro azul
  • El cerebro corrige lo que cree que deberían ser los colores cuando se filtran por una luz
Imagen: Akiyoshi Kitaoka

Como ya hemos podido comentar en alguna otra ocasión, las ilusiones ópticas ocurren porque nuestro cerebro interpreta lo que vemos y da un sentido subjetivo al mundo que nos rodea, aunque no tenga mucho sentido en la realidad. Esta vez tus ojos te volverán a engañar: en esta imagen no hay ni un solo píxel rojo.

Probablemente a primera vista te parezca una simple fotografía de unas fresas con un filtro de color aguamarina. Sin embargo, y para sorpresa de cualquiera de nosotros, las protagonistas de la imagen no son de color rojo, las ves así por un efecto visual.

La imagen, creada por Akiyoshi Kitaoka, un psicólogo japonés que estudia las ilusiones ópticas, ha inventado cientas, tal vez miles de efectos visuales capaces de derretir cualquier cerebro. Tiene algunas imágenes que parecen moverse, deformando así tu sentido de forma, tamaño y noción del color.

Pero esta vez intenta explicar la constancia parcial del color y cómo nuestro cerebro trata de corregir lo que cree que deberían ser los colores cuando se filtran a través de una luz diferente, en este caso, el filtro aguamarina. Es decir, nuestro cerebro asume que las fresas deben ser de color rojo, cuando en realidad los píxeles no dicen lo mismo.

Cuando miras a tu alrededor, la luz que entra a través de los ojos está hecha de diferentes longitudes de onda que provienen tanto de los pigmentos de los objetos que te rodean como de la luz que los ilumina.

Los colores varían según la iluminación en que se presente

Para entender mejor este efecto, debemos hacer especial mención al Tablero de ajedrez de Adelson. La imagen representa un tablero con casillas claras y oscuras. La ilusión óptica es que el área de la imagen con la etiqueta A parece ser de un color más oscuro que el área de la imagen marcada B. Sin embargo, en realidad son del mismo color.

En la imagen, la casilla A es aparentemente más oscura que la B porque hay un cilindro haciendo sombra, pero el brillo y el color de ambas etiquetas son exactamente iguales. Algo parecido ocurre con este efecto visual: los colores pueden variar según la iluminación que se presente.

Dicho todo esto, no te quedes solo con nuestra palabra. Si tienes oportunidad de utilizar algún programa de edición de imágenes, podrás descubrir que las fresas de esta fotografía no son rojas y que no hay evidencia de este color en ni un sólo píxel.

Cuando estás mirando la imagen, tu cerebro intenta eliminar el componente azul. Cuando este sesgo expulsa los píxeles aguamarina, vemos el color rojo. Además, el hecho de que los objetos en la fotografía sean fresas -un alimento que asociamos directamente con el color rojo- también favorece a este engaño visual, porque nuestro cerebro intenta buscar esos pigmentos de color en esa fruta.

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